Nuevo canto


Solo quedan los botones

y una zanahoria seca

de nuestro

muñeco de nieve.

Apagaron, hace unos días ya,

las luces de los árboles.

Y las calles son más ásperas,

más motosierra.

Las torres de alta tensión

se alejan

hacia un atardecer imaginado

cuando eres ciudad.

Y paseas y piensas que

las jaulas y las armas

las hacen los mismos.

Aquí todo se mezcla.

Todo se mezcla, amor,

no sé si bien o mal

como la piña en la pizza

como la alegría y la muerte.

Pronto florecerán los almendros.

Los días son más largos.

Y mañana escucharás

un nuevo canto de los mirlos.

Y fueron papás y se compraron un chalé


cocaina

Tengo cuatro canas

en el bigote

haciendo una raya blanca

que se parece a Noelia.

No el bigote,

la raya, me refiero.

José —su novio—

después de escaparse juntos al coche

siempre decía:

«No la soporto,

si no fuera por la farlopa»

Ella, después de empolvarse la nariz

muchas veces se dejaba

algún rastro de… (espacio blanco o

inventa tú la metáfora)

Y hablablaba y hablablaba una tonelada,

quizás demasiado blanca o ciega

para pensar lo que decía:

«Me jode decirlo, pero alguna se lo merece»

(Se encienden las luces, aparecen los títulos de crédito

y después de una larga lista de nombres surge un mensaje que dice:

«Los personajes y los lugares son ficticios,

cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia»)

Ella, trabajaba en Servicios Sociales

con mujeres maltratadas.