Algunas cosas sin importancia


Como ves,

he aprendido a olvidarte

y ya casi ningún ruido me recu rda a tu voz.

Apenas los atard ceres

son difere tes y los nombres

d los niños q e imaginamos

ya no duelen como avispas.

Ya ves, ya casi ni se notan

los rotos y l s costurones de mi traje

aunq e por los bolsillos se me caigan, a veces,

las mañanas, los domingos y las flores amarillas

que t regalaba.

He cortado esos trocitos

de ti en mí

que se me h cían insoportables y los he dejado

en el trastero.

(En la basura todavía no puedo, no puedo).

Trocitos qu sin querer  —inesperad mente—

aparecen en el yogurt, en el helado de limón o traídos por las olas…

Y es entonces cuand mi corazón se me quiere volar del pecho

y la jaula d mis huesos cruje

como un rollito de primavera.

Ya ves, que soy casi el mismo

que conociste

y además las flores tienen cierta afinidad por l s grietas.

No te preocupes —ya ves— solo han desaparecido

para olvidart

algunas cosas sin importancia

como la luna,

la mar

y algunas pequeñas letras de t nombre.

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Olvida la historia


Olvida la historia,
la justicia y el castigo.
Eres una con el todo,
una con la nada,
sinergia de la vida.

Como alas que levantan el vuelo
en medio de la tormenta,
sobre el océano, sin compañía.

Como las raíces del árbol,
cual asiento del tiempo,
donde lo eterno descansa
y escribe la historia,
fuente de vida,
color, respiro.

Olvida la historia,
la justicia y el castigo.
Esencia pura,
como el amor que exhalas,
energía de mi vida.