El fin del mundo


—Me termino el cigarrillo y nos vamos —me dijo la pelirroja que me acababa de «abordar» en el bar.

Le respondí afirmativamente. Era la primera vez que una mujer de ese «calibre» se interesaba en mí.

—Iré al tocador. Regreso y nos vamos —me susurró al oído mientras pasaba su mano por mi hombro. Obviamente volví a asentir. ¿Realmente creía que le diría que no? Con ese trasero, obviamente no.

Regresó por mí. Pagué la cuenta y salimos del lugar. 

No habíamos terminado de dar el primer paso afuera del bar, cuando nos fundimos en besos, con los ojos cerrados y los brazos entrelazados, tocándonos todo, saboreando nuestras lenguas e intercambiando palabras de deseos.

A mitad de un «vámonos ya, que necesito tenerte en mi cama», el sonido de lo que parecieran los motores de diez mil camiones provenientes del cielo, nos anunció que el fin del mundo había comenzado.

Dibutrauma del inicio del fin del mundo.

Cuento corto: CLOSE ENCOUNTER


Petra tuvo sexo con un extraterrestre ayer. El coito fue multicolor. El semen verde corrió por sus labios, tibio, ácido como un limón recién exprimido en una boca virgen. Él continuó la intervención quirúrgica. Le desgarró la vagina con su escalpelo, los polvos cósmicos plateados la anestesiaron. Lamió con su lengua gelatinosa todos los gajos de su clítoris anaranjado. A pesar de la anestesia ella gritaba de placer cuando la taladraba inmisericorde. Sonrió, suspiró y se desmayó con un color púrpura en sus mejillas.

Cuando el alienígeno pensó que Petra estaba moribunda, ella se sacó una carcajada, volvió a bambolear sus caderas y a gemir de gozo. Él se comió los ovarios de la ramera extirpándole las células cancerosas. De madrugada Petra abandonó la nave matriz y regresó a su casa. Nadie le creyó el cuento, aunque varias de las compañeras del prostíbulo sueñan con ser raptadas por este duendecillo.

A las dos semanas Petra tuvo otro encuentro cercano. Fue hallada muerta a causa de una sobredosis de cocaína.