Libido


La pasión hace que nuestras almas salgan de su escondite
y se arrullen con desmesuradas caricias.
Que tu cuerpo no descanse sino sobre el mío,
que mi amor y mi lujuria se abrumen
y se apacigüen cuando estoy junto a ti.

Sensaciones inescrupulosas que trastocan uno a uno
los espacios mínimos de nuestra piel,
cada vez que la intransigente libido nos desequilibra de forma descarada.

En ese momento, cuando las miradas se vuelven infalibles e incitantes,
ahí se completa nuestro mapa de caricias
que, sin estrecheces,
da inicio a mil combates de piel con piel y pura miel…

people-2589817_960_720Imagen: Pixabay (CC0).

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La mosca


The Fly 1958

que en mi casa había una mosca

uno de esos silencios que parecen un agujero en el queso

no la mosca

es decir yo

con las puertas y ventanas bien cerradas

volaba a cielorraso

cómodamente abrazado al aire

a cielorraso

me pregunté

cuánto vivirá una mosca

(las preguntas saltan

como panteras)

hasta acabar en un plaf

porque

un día (la vida de la mosca corre ávida)

se va reduciendo poco a poco

como mi habitación

hasta que la mosca y yo

seamos un mínimo de precisión indescriptible

abreviaré

la lucha contra el reloj y

el problema de entrar y salir de los muertos

y dormir a cielo raso

y odiar con cien ojos

y mi afinidad a la mierda y la policía

y al terrón de azúcar

y la muñeca rusa de las horas,

los minutos, los segundos aburridos

en un vaivén de reflejos

y, me duele decirlo,

el gusto de aterrizar sobre una nariz

durante la siesta

por molestar, solo por molestar

y decir aquí estoy

antipoética feo

hasta que —patas arriba—

acabe en el alféizar de cualquier ventana

al tercer día, mortalmente aterrado

imposible

llorando

escuché una voz en el café

y entre dos cervezas, le conté

la abrumadora melancolía

de lo inútil

 

Imagen extraída de la película The Fly (1958).

La supremacía de la verdad


Soltamos verdades
como migas de pan,
señalando el camino
nos aleja de —todo—
lo demás.

Una verdad a medias.
Una media verdad.
Una verdad completa
nos libera de —todo—
lo demás.

Una verdad engañosa
extendida en la visión,
accediendo directa al fondo
—consciente evolución.

Una verdad privilegiada
cómplice del engaño:
la verdad de otro
no es la mía.
La mía, por serlo, es —más—
más verdad.

El dolor I


El dolor

es algo súbito y terrible,

una espera sin sueño maniatando las comisuras,

como una tuerca estrecha engrasada con sangre.

Es la marea pétrea del nervio que recorre el estómago

y el corazón en un espejo saturado de listas de espera.

El verdugo y la razón del desgraciado

abrazándose a un amago lleno de fuego que grita.

 

«Río Moldava», fotografía por @theyoungQuevedo.

Gravedad


La abadía y su reinado me dejan la conciencia de toque;

hasta la novena jugada cuando por fin inicia el trote,

cada paso dado, construyen un estado consciente.

Alerta.

Despierta.

¡Respira!

No se detiene.

Justo en el sueño es cuando aún más ruido ejecuta,

máquina del futuro que parece de carne componerse.

 

Entrañas vivas,

células muertas.

Que áspera se siente la cabeza.

 

Bidones vacíos, personas desnudas,

una cáscara llena de inconformidades atómicas.

¡Estallido!

Soles fríos.

Espacio caliente.

Estrellas que cantan.

 

El silencio es tan profundo

que a los planetas escuchas hablar.

No quieren callar.

Susurran en zumbidos

y hacen que los cuerpos vibren.

Perspectiva


«Araucaria» por Poetas Nuevos.

Desde aquí
alcanzas el cielo,
cuelgan de tus ramas
húmedas estrellas
de agua
—estás más cerca de ellas—
aún cuando quisiera ser ave
—aunque fueras nido—
tus brazos verdes lideran
esta hermosa carrera espacial.

Desde acá
—lejano es ese horizonte lácteo—
los espirales están ciegos
cuando es de día
—sin embargo tú sabes—
no bajas los brazos
el día ríe a la altura de la panza
—el vientre de las nubes afloja—
una sonrisa de agua descansa.

Desde allá
te miran iluso
sonriente / inanimado / escalante
un gigante de buena madera
—noble hasta las ramas—
tus armas silenciosas el viento
recoge y eleva hasta las galaxias,
ellas sonríen desordenadas.

Desde más allá
la cultura noble y tradicional
avienta tus siglos y tus frutos,
los otros, los nunca olvidados,
los de la otra vida después de la vida
ancestros / dioses / héroes
conservan el mito de tus raíces
alimentan / convergen / nacen
del canto nocturno y del silbido,
desde la paz hasta la nueva vida.

Un poema para mi bienamada


Un poema para mi bienamada

Carecí de vitalidad
para escribirlo.

Me dije:
un corazón roto,
es solo un corazón roto.

Rafael Velazquez.