Guerra nocturna


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Poema y dibujo de Juan Machín.

 

Como Jacob luchó

con su Dios,

adivinándolo

pero sin saber su nombre,

contigo luché toda la noche:

labio a labio,

pecho a pecho,

mi vientre en tu vientre,

tus piernas trenzadas a las mías,

nuestros torsos

por los brazos enlazados,

la luna, como mudo testigo,

asomada a las ventanas

delineaba nuestras sombras

que formaban una sola sombra,

cuerpo contra cuerpo,

alma contra alma,

en vela, toda la noche,

en guerra.

Los dos, vencedores y vencidos,

al final,

caímos rendidos,

sin sueño,

pero con todos los sueños

del mundo…

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Tu recuerdo


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Hay gotas

recuerdos,

miedo de que alguien los destruya.

Deberían acabar en tus labios nuestros mejores días,

pero se desdibujan mientras te alejas,

aun quedando devastado por dentro.

 

(Fotografía del autor)

Espesor en la neblina


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Caminando al tanteo.
Un acto de tacto tectónico.
Inaprensible, incompresible,
como niebla de narcisos.

Sus susurros son como sus alas.
Mis temblores son como sus trabas.
Me envuelve con ese velo velado.
Nube núbil que nubla mi numen.

Solidez sórdida de dedos atados.
Espesa niebla, bruma serena,
te voy a tantear, no te he tomado.

Química que quema la quena
del pastor decaído que toque
tal espada que clave su estoque.

Momentum


 

A José Ignacio Montoto, in memoriam

La luna se quedó
completamente plantada,
en su cita con el licántropo compulsivo*
de aullido azul.*
Se hizo un ovillo,
gracias a su cuerpo redondeado.
Se desplazó,
en la superficie,
sin querer viajar
a ninguna parte,
a ninguna estrella polarizada por el frío.
La tenebrosidad de la noche
lo llora
momentum
desconsoladamente.
Pinta sobre su fondo atezado
un cielo de lágrimas blancas.
Una lluvia de lágrimas liliales
caerá una vez al año,
en ese día,
para hacer limpieza de la negatividad
que gotee de tu mente
y traspase tu alma.
Deja manos y pies,
al descubierto,
para tocar con los dedos
las gotas que se escurren
hasta mí.
Mientras tanto,
me deleito
con una escena
tan sobrecogedora
caminando
—livianamente—
blanca como un fantasma.

*Ilustraciones coherentes (II) en “Superávit”, por José Ignacio Montoto.

En el tubo


¿Seré la única que se pregunta
adónde nos lleva este tren subterráneo
lleno de caras dormidas,
miradas perdidas
y humores variables?

A esta hora y en este lugar,
la vida aún no ha llegado a los cuerpos
de momento se percibe únicamente
en los dedos
y al otro lado de las pequeñas pantallas.

Y es que
bajo la tierra todo es oscuro.

Merche | La ilusión de todos los días

Niebla y luz


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Sortea los fantasmas que encuentres,

en ese final de un día sin clemencia.

Busca la luz como una verdad,

¿o acaso hay más verdad en la oscuridad?

(Fotografía de Alicia Forneri @viajesconarte)

Dragón azul


Esencial.

Tu esfera,

que brilla fuerte sobra la acera,

los alrededores le restan a tus colores,

y encandecen de furia a tus emociones interiores.

El gatillo. Ese que oculta su existencia bajo la oscuridad de tus fosas nasales,

en ellas vive el fuego,

intenso y mortero.

Un cúmulo de azufre en tus pulmones

hace que tu respirar duela,

la sangre arde más que las escamas de tu piel poderosa,

causas miedo…

porque ya no respiras ni exhalas pasión, eres solo furia encadenada en la frialdad de los ojos dorados que porta tu azul pigmentación.

Bríndame calor,

elimina todo rastro de mí, dragón.

Permítame, se lo suplico,

el último honor de arder azulado.