Pupitres


 

I

Pupitres impregnados de te quieros escritos en broma que iban en serio,

de miradas perdidas que ruborizan,

de dibujos difuminados de tanto hastío,

de palabras ambiguas que tú entiendes, pero yo no,

de jugar al escondite con él/ella —aunque no lo sepa—,

de escritos subrepticios.

II

Pupitres rodeados de desafíos con olor a instinto,

de vacaciones sobre quimeras,

de pensamientos inducidos,

de reflexiones y su amnesia,

de pensamientos vigilados por la vigilia y el docente.

III

Pupitres desfallecidos de tantos despistes,

de querer y no poder,

de querer y no corresponder,

de poder y no querer.

IV

Pupitres aparentemente pensamientos,

aparentemente serios,

aparentemente objetos.

V

Pupitres turbados por conexiones,

por ser y no ser.

VI

Pupitres convertidos en mediadores de una etapa.

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Flores danzantes


Arreglos florales,
figuras curiosas,
pinceles danzantes
que mecen las rosas.

Muñecas delgadas,
tal cual, damiselas,
sutil pincelada
con dones de estrellas.

Podrán parecerse
a flores o a damas,
sin duda merecen
estar bien logradas.

Guardar

Guardar

Conmoción


Sensación insolente
de tranquilidad.
Mi alma se encuentra
estrangulada en paciencia.
Mi ser recae en prolija cautela
y mi alma se conmueve en pasión.

Extravío mi cuerpo en decente lujuria,
pero atavío mi ser en un revuelo excelso
de inescrupulosa moral, de suicida decencia
y consigo deviene una impotente conmoción.

Me ciega la tristeza
y me impacienta la alegría.
Doy un paso
al amor
y ya he vuelto dos veces
del camino del dolor.

Conmoción concreta que me increpa.
Conmoción insolente, cúmulo de tenues pasiones.
Conmoción estúpida que siento y no entiendo.

Caminar congénito


Solo quiero hablar del día a día,
del apresurado caminar para llegar a casa,
de la mirada cansada que no quiero capturar
y ver tu documentada marcha diaria.
No quiero molestar tu huella ya marcada,
que de solo sentir mi presencia
se podría suspender lo que ya
está establecido como camino.
Estaré atento, callado y sumiso
a tu transitar.
Para tus ojos solo seré un elemento más
de la cotidianidad de la calle.
Así podré percibir
lo congénito de tu caminar.

La brújula


El péndulo de la bondad,

guarda la guía segura hacia el pasaje secreto;

aquél que yace invisible ante el ego,

y se presenta sincero frente a los corazones nobles,

los que con su fuego interno ya se vuelven de acero.

Mientras la tierra continúe girando sobre sí misma,

y los imanes mantengan un ritmo seguro y cambiante,

las razones para quedarme de pie,

esperando que la gravedad me haga libre…

serán cada vez más escasas.

El eco de tus palabras interfiere con las vibraciones,

la dirección de tu brújula ha cesado de marcar el norte;

ahora vas al oeste donde las nutrias vuelan,

las ballenas caminan,

y la tierra gira en dirección contraria,

pero aun así es la correcta.

 

 

Adornos y restos


Dejaste las mejores sonrisas
colgando de las paredes,
en mi habitación.
Guardaste las miradas supremas
cuando bajabas por mis pirineos
—espina dorsal.
Se gastó la chispa
al girar contra mí,
demasiadas veces,
demasiada fricción.
Apretamos pulsadores,
abriendo todas las válvulas,
disipando la chispa adecuada.
La llama se mantuvo encendida
el tiempo que aguantaron nuestros dedos
—pulsadores y válvulas.
Adornos en la pared,
en mi espina dorsal
y restos en el depósito.