El maestro


Suspiré lentamente, mientras los labios carnosos del maestro recorrían mi cuello bañado por el sudor. Debo haberle recordado una fierecilla del bosque en ese instante, porque el cuerpo —reacio a obedecerme— se contorneaba de manera curiosa y descontrolada, haciendo movimientos suaves y pausados que dejaban entrever mi actitud indecisa. Traté de concentrarme e idear una estrategia, pero el esfuerzo resultó en vano. La premura del momento, lo incómodo de aquella situación, habían bloqueado por completo mi capacidad de reacción. Perpleja, casi al borde de una turbación llevada a los extremos, fui incapaz de aprovechar los primeros segundos de vacilación; después sería demasiado tarde.

Varias veces traté de evadirme, sin lograr mi propósito. No pretendía ceder a los caprichos de su naturaleza agresiva, ansiosa por controlar la resistencia que oponía, pero tampoco me interesaba someterme con facilidad a sus bajos instintos y deseos inconfesos; entretanto, un escalofrío atravesó mi espalda, dibujando una línea imaginaria hasta la zona baja de mi cadera. Me estremecí al compás de sus brazos rodeando mi cintura, y por el rabillo del ojo pude ver cómo las manos entrelazadas del maestro crearon una especie de fortaleza de la que me sería imposible escapar.

Me atrajo hacia sí, presionando mis pechos contra la carne fláccida que colgaba en lugar de los suyos, contaminándome con su calor y un leve aroma a perfume barato. Entonces quise decir algo, pero de mi boca no salió más que un débil susurro, que fue interceptado por el maestro como una señal de asentimiento: mi suerte estaba echada. Comprendí que cualquier empresa resultaría infructuosa, calmaría mi sed de caricias en un mar de peligros, lleno de criaturas salvajes y animales desconocidos.

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La gloria del amor


Tal vez sólo sea un hombre perdido en la oscuridad de una habitación. Tal vez sólo sea un hombre sin fe ni religión. Un hombre devastado por sus miedos, absurdos como las voces que amenazan su paz interior.
Quizás hoy sólo sea un domingo cualquiera. Quizás hoy sólo sea un día de agosto que después olvidaré.
Así que voy a la cocina por una taza de té.

Ahí está la luna asomando, ilumina el cielo con su melancolía infinita. Ahí estoy yo también, intentando convencerme a mí mismo de que pronto todo irá bien.
¿En el inicio que existía? Luego llegaste tú, y mi vida comenzó de nuevo. Luego te fuiste, tú. Desde entonces…

“Si lastimas a alguien…”. No habrá tiempo suficiente para recuperarte y volver a ser quienes fuimos.

Subo las escalones con cuidado de no resbalar. En mi cabeza, los momentos que impregnan este sitio no se han ido todavía: tú, desnuda al final del pasillo. Tú, tu piel suave y tu cabello alborotado, después de hacer el amor.

Encuentro la revista de modas que tanto te gusta encima del televisor. Imposible escapar… lo mucho que has calado, hondamente, tan adentro. Mientras pienso en todas esas cosas que planeamos juntos y jamás llegamos a realizar, la tristeza me oprime el corazón.
Sin ti, esta casa luce tan vacía.

Decido dar un paseo para evadirme del dolor. Seguir obstinándose ya no tiene sentido. ¿Acaso dijiste que lo pensarías? No.
Aunque duele reconocerlo, tú no volverás y la vida… la vida debe continuar su recorrido.

Camino entre rostros extraños y nombres desconocidos. Soy un hombre, ¿o sólo la sombra de quien pude haber sido, si tú…?

6PM. Me pregunto cuántas veces he visto el mismo atardecer. La noche se acerca como una repetición absurda, conjura con sus misterios el destino ineludible.

También la ciudad es un lugar vacío. Extraño acariciar tus mejillas con mis labios, nuestras tardes y los paseos tomados de la mano.

¿Si tratase de reconocerme en la soledad que has dejado? No quedaría sitio para dejar atrás el daño. Sería resignarme, perderte para siempre. ¿Si decido ir detrás de tus pasos, recuperar cada huella del pasado?
Tu silencio acompañándome… lento, cabizbajo.

“Si lastimas a alguien, no habrá una segunda oportunidad para arrepentirte y remediarlo”.

Sin el calor de tu ombligo (haiku)


Luces y sombras

Luces y sombras


¿RECUERDAS?


chojesus

Recuerdas

Estás tan cerca
Y al mismo tiempo tan lejos,
Que se me desdibuja tu figura.
Estás tan cerca…
Tan cerca, que puedo hablarte al oído,
Pero me temo que mis palabras volarán.
¿Recuerdas?
¿Recuerdas aquellos besos apasionados?
¿Los recuerdas?
¿Recuerdas nuestros cuerpos fundidos a mil grados?
¿Recuerdas aquéllas sábanas húmedas?
¿Las recuerdas?
¿Recuerdas? dime,
¿Recuerdas las marcas de tus uñas en mi cuerpo?
¿Recuerdas aquéllas risas por la calle?
¿Las recuerdas?
¿Recuerdas aquélla música sonando en el viejo cassette?
¿Recuerdas aquéllas mañana de domingo?
¿Recuerdas el amor al mediodía?
Dime, ¿no recuerdas todo eso?
Pues yo sí lo recuerdo.
Quizá la memoria te ha hecho trampas.

Estás tan cerca… y tan lejos.

Estamos tan cerca… y tan lejos,
Que casi ya no nos conocemos.
Tan sólo un “buenos días”,
Un “adiós”, un “hasta luego”,
Un “¿cómo te ha ido hoy?”,
Un “estoy cansada”,
Un “un beso, cariño, buenas noches”,
Unas…

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SI AÚN AMAS A TU PAREJA, ¿CÓMO LO DESCUBRES?


unicornio3El amor es en definitiva un juego de riesgos. O metes la mano en el fuego y te quemas y aprendes a amarte primero o simulas ser idiota y pensar que eres feliz. No es tan fácil saber si amas a tu pareja o si estás con quien ya no te genera momentos de felicidad y satisfacción. Si aún amas a tu pareja, ¿cómo lo descubres? Hay una diferencia entre desear estar por una atracción física o por el mero hecho de la costumbre o rutina. O porque te conviene social o económicamente o por culpabilidad. Peor aún porque entiendas que aunque te lastima estar en su compañía no te mereces algo mejor.

El amar es un proceso que nunca termina. No es un nido, ni un contrato legal o una alcoba a la que entremos a jugar a estar enamorados. Es algo serio, con tanta seriedad que llega a doler cuando percibes que ya no te desean o viceversa que se evaporó la necesidad de estar juntos y se cuela entre las opciones posibles la tentadora infidelidad.

La comunicación auténtica es esencial para que dos seres que se aman permanezcan juntos. El amar se siente en la piel, en la sangre, en todas las emociones diarias. Te entristece la ausencia de ese ser amado. En especial, cuando en el silencio no escuchas el ruido de sus pasos o de su voz y adviertes el vacío o su irremediable partida.

Si descubres que has encontrado la pareja perfecta con todos sus defectos y te sientes feliz compartiendo cada minuto de tu vida con ella… no tienes nada que buscar en otra.

“Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta”. Sam Keen

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Nanocuento: JUNTOS PARA SIEMPRE


Lo comparto desde mi blog para mis amigos de Salto al reverso…

edwincolonpagan

viejitoSi Rotze muriera de repente y tuviese la oportunidad de reencarnar, sin pensarlo ella entraría en el cuerpo de Dimitri para compartir juntos lo que les resta por vivir.

http://tengotatuajesenmivid.blogspot.com/2013/04/y-te-acabas-de-ir.html

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