Psicodelia


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Ahí estaba sentada esperando el metro y las baldosas que me miraban desde su geometría eterna e inconclusa. Casi podía ver su movimiento mientras mis ojos, guiados por una imaginaria canica, recorrían las líneas negras de ese laberinto, de dentro afuera, de fuera a dentro.

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Gravedad


La abadía y su reinado me dejan la conciencia de toque;

hasta la novena jugada cuando por fin inicia el trote,

cada paso dado, construyen un estado consciente.

Alerta.

Despierta.

¡Respira!

No se detiene.

Justo en el sueño es cuando aún más ruido ejecuta,

máquina del futuro que parece de carne componerse.

 

Entrañas vivas,

células muertas.

Que áspera se siente la cabeza.

 

Bidones vacíos, personas desnudas,

una cáscara llena de inconformidades atómicas.

¡Estallido!

Soles fríos.

Espacio caliente.

Estrellas que cantan.

 

El silencio es tan profundo

que a los planetas escuchas hablar.

No quieren callar.

Susurran en zumbidos

y hacen que los cuerpos vibren.

Voluntad


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Sería la retirada de la escena de un líder para los que han dejado de leer, un cometa que llegó para crear, construir o abonar las semillas del mañana, y que se va al encontrar demasiado secos los parajes que visita. Con el mismo reflejo de luz, con la misma fuerza que llegó, con su voluntad intacta, se subirá a un barco y partirá lejos. Pero también con la envidia de los que sienten perder en el mar una llama viva sin tener que arriesgar nada.

La voluntad reside en esa extraña forma de pensar de los que nacen con una sospecha sobre lo que es trascender.

(Fotografía del autor)

Fingidores


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Necesito unas horas, aunque sólo sean para recomponer dentro de mí las pautas que debo aplicar a los caminos por los que discurrirán mis acciones. Me he dado cuenta que en ocasiones importantes somos mentirosos o naturales fingidores. Retrasamos una pesadilla con la misma fuerza que lo intenta un verdugo.

(Imagen del autor)

Proceso inverso


Estimado amigo:

Yo nací enamorado de todas las mujeres. Con el paso de los años me fui “inamorando” de ellas, que más podía hacer un inútil como yo. Hasta que la encontré. Con su bella imperfección, su adorable insensatez… y todo lo que a ti no parece gustarte. Pero sabe volar, y eso, amigo mío, es lo que de verdad me importa.

Atentamente

Tone

el cabello amarillo tú


palagrafia tobogán

el cabello amarillo tú

tan lejos duna

o montaña distancia y yo

escarabajo verde azul

al sol -boca abajo-.             ( Nota: pensar más tarde si hay alguna relación

                                                    entre nombre y posición: cara-abajo )

quiero decir,

si por lo menos tuviera

valor

1 minuto, 1 cigarro, 10 años más olvidaría

el corazón toc toc toc en la arena

que estalla y la boca ata.

y ya

no me miraras como a un niño.

entonces viento.

viento entre tus dedos entre

tus anillos

                        tus muslos…no.

no, no.

tus muslos no.

porque la presión y la sangre y

todas esas cosas que muerden

y me hacen tan igual

a ellos, a esos, lejos

susurran canciones auricular

en francés lobo.

no…

yo me acercaría

apartando la arena hasta

( ¿cuanto tiempo pasa

 entre

piedra y grano? )

te deslices

como en un tobogán.

 

Extraño tantas cosas…


Comparto con ustedes un viejo escrito que encontré en los archivos de mi computadora. Disculpen el tono.

Extraño tantas cosas…

Extraño esos días tan felices de la infancia. Esa vida en la que cada día era una aventura, en la que cada rodilla pelada era una nueva lección. Cada día de verdad se aprendía algo nuevo.

Extraño ir a donde mi madre cada tarde con algún nuevo invento, algún nuevo dibujo o algún nuevo cuentito y escucharla decir “¡Qué lindo mi amor!” Con ese amor que me llenaba de alegría. Me sentía invencible.

Extraño esos tiempos en los que cualquier cosa hacía orgullosa a mi familia, todos adoraban lo mucho que hacía ese muchacho. ¿Donde quedó todo eso?

Con cada paso que uno da el camino se torna más dificil, las fallas son más frecuentes, las victorias más pequeñas y aunque todos te apoyan sientes que los defraudaste, sientes que te defraudaste a ti mismo.

Sientes que puedes dar más, que puedes hacerlo mejor, pero no encuentras la manera de hacerlo.

Extraño tantas cosas…

Extraño las lindas amistades, la alegría con la que jugábamos. Esas amistades que poco a poco van desapareciendo. Cada viernes piensas en hacer algo y cada viernes ves que te quedan menos personas a quienes llamar amigos.

Extraño verte cada día y cada día odio el extrañarte. Odio recordar lo felices que eran esos días y lo distante que ahora estás. Tu indiferencia. Tu “tengo ganas de verte” y el poco esfuerzo que pones para lograrlo. Me odio a mí por no esforzarme lo suficiente para conseguirlo. Odio odiar y el saber que estoy odiando me llena de odio.

Extraño querer. Extraño amar. Extraño sentirme querido. Siento que olvidé lo que se sentía. Al parecer solo me queda lástima para compartir, solo siento lástima por las personas, todo siempre termina en eso. Me da lástima ser muy sincero, me da lástima llenar cabezas con mentiras, me da lástima ver tanto sufrir. Con la única persona con la que no siento lástima es conmigo. Ahí entramos en otros sentimientos.

Extraño ser niño. Los veo tan felices, tan inocentes y me hacen reir por un rato… Extraño jugar con mis primos, con mis amigos. ¿Quién inventó la madurez?

Extraño la humanidad antigua. Extraño los días sin dinero. Extraño los días sin ambición. Extraño estar en una canoa, pescando para la tribu. Extraño estar en un arbol siendo un simple mono. Extraño formar parte de la naturaleza.

Extraño tantas cosas…

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