Se busca


¿En qué momento perdiste la sonrisa? ¿En qué lugar fue? Lo recuerdas. No sé si la encontraremos. ¿Y si ella también te está buscando? ¿A dónde irá, no tiene a nadie más? O sí. Tal vez al sentirse sola se refugió en la primera cara amable que vio. Así son todas las sonrisas. ¿Recuerdas algún rasgo característico, qué la hacía diferente de las otras? ¡Es una pena, era muy linda! ¿Cómo haremos? ¿Por dónde empezamos a buscarla? Y tú, ¿la has visto?

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Miembro fantasma


dicen los soldados

que han perdido un brazo o una pierna

que todavía pasados muchos años

les duele

les pica

incluso sienten cómo se mueven

sus dedos

o los rayos del sol

en la piel

hasta hay veces que notan

cómo se posa alguna mosca molesta

en ese yo ausente

así, de esta manera, es cierto

que pueden vivir

sin él o sin ella

pero también es cierto

que no hay día, hora, minuto que no se acuerden

de ellos

—aunque sea de una manera inconsciente—

siempre

imagino que a esta altura de poema

ya sabrás

que no te estoy hablando de soldados

Los cables cruzaron mi calle


La eternidad condicionada de una escalera mecánica, las baldosas resbaladizas de una limpieza apresurada. El ambiente denso, húmedo. De una mañana sin nombre.

Un despertar sin café, sin desayuno. La arepa, los huevos, el jugo, y la ropa sucia, desnudo. Ausentes.

Sin ajuste, una receta para perder la razón… sin haberla tenido en primer lugar. No tengo espacio para dudas porque yo no lo habilito, solo me siento en desdén, con todo el espacio del mundo pero sin poder llenar la alacena, una caída libre que yo no elegí tener cada mañana. Impuesta.

Una mañana sin fe, me lleva a suspirar sin aliento. Y aunque muchos lo lamenten, no es tristeza de un solo momento. Me mido, me controlo… Guardo silencio, pero implosiono.

Jamás la perderé


Estaban las hermanas recogiendo las cosas, antes de vender la casa que había sido de sus padres.

—Aurorita, ¿tienes idea de dónde está la foto en la que mamá me está enseñando un libro? —preguntó Lorena, mientras buscaba en un baúl en el ático.

—No sé de que foto me hablas —contestó la hermana.

Lorena bajó del ático, yendo hasta la cocina, en donde Aurora recogía la vajilla y la ponía adentro de una caja.

—Es aquella, en la que estoy sentada en la cama de pilares —dijo acercándose para ayudar a su hermana—. Todavía los pies me colgaban y mamá me mostraba un libro. Bueno, era más bien un panfleto. Me hablaba de Dios, y yo, miraba la lámina en la que Él estaba parado sobre un globo terráqueo con los brazos extendidos. El globo estaba suspendido en el espacio, que era de un color azul intenso, poblado de estrellas. Recuerdo que le pregunté a mamá que de dónde venía Dios. Ella me contestó que de la nada. Entonces, yo le pregunté que qué era la nada.

—¿Y qué te contestó? —preguntó Aurora, interesada.

—No recuerdo —contestó Lorena, haciendo un esfuerzo por recordar—. Tal vez me dormí.

—¿Y la foto? ¿Quién la tomó?

Lorena hizo un largo silencio. Luego sonrió.

—No existe. Me acabo de dar cuenta de que no hay ninguna. Es que ese momento está tatuado en mis recuerdos, como si fuera una fotografía. ¿Sabes, hermana? Esta, no importa lo que pase, jamás la perderé.

a5

Abrí la puerta de una habitación vacía


Una frase para decir adiós.
Un silencio que ha borrado las palabras.

Cuando todos se han marchado,
y quedo solo muy temprano.
Viene, desde lejos, cada uno de esos recuerdos,
porque tú sabías más de mí que yo mismo.

¿Adónde ir cuando quiera buscarte?
¿Adónde regresar cuando llegue la noche?

Dime qué hacer
si mi memoria no logra preservarte lo suficiente.
Dime qué hacer
si olvido ese trozo de vida que también es tuyo.

En mi sueño
aún conservas el cabello largo,
tu mirada no es triste ni vacía.
En mi sueño
el tiempo no se encuentra suspendido
y la muerte es sólo un juego de niños.

Antes que la última flor se marchite.
Antes que la última hoja se seque.
Dime por qué te fuiste tan pronto.
¿Por qué sigue doliendo como el primer día?

En mi sueño
abrí la puerta de una habitación vacía.
En mi sueño
pronuncié un nombre que a nadie pertenece.

Es difícil aceptar que…

Acuarela fría


Filo de viento
Desgarra nuestra noche
Que ya no es mía

Acuarelas fundidas
De los días inciertos

Roce de labios
De pétalos perdidos
En otras bocas

Con tu imagen de espejo
Frío azul sobre lienzo

Tinta de sangre


Ayer me herí, la sangre manó profusamente. En cierto modo fue una suerte: pude escribir tu nombre con su tinta. Un nombre que no escucharás nunca de mis labios, acaso carezca de importancia y el quieto tiempo me de refugio.