La otra niña…

La otra niña…


No voy a olvidar que…


Para mi hermosa Mirosh.

No voy a olvidar que estás impregnada
en mis olores y sabores.
No voy a olvidar que estás en cada flor amarilla
que aplasto en la calle, nuestra calle.
No voy a olvidar que estás en cada atardecer
y en el sonido bravío frente al mar, nuestro mar.
No voy a olvidar que estás en cada minuto
que respiro amor y alegría en mi vida, tu vida…
No voy a olvidar que estás ahí, en ese espacio sigiloso
y esquizofrénico, entre las sábanas y el colchón, en ese mágico,
chocante y delirante espacio que añora constantemente
nuestros combates de piel con piel y pura miel.

No voy a olvidar que estás en mis sensatos destellos de luz
y de rebeldía. Tu loca, exquisita e insolente rebeldía acariciando
e incitando siempre a la mía, nuestra rebeldía.
No voy a olvidar que estás en este espacio vital, gravitante,
acompañándome, consintiéndome, animándome, añorándome
y desde luego requiriéndome y deliciosamente amándome.
No voy a olvidar que estás en mi mente y no sé cómo,
pero atestando delirantemente con amor, pasión, lujuria y ternura,
cada momento de mi vida, de nuestras vidas y nuestro amor.

Metamorfosis


Día 1

Me duele el cuerpo. Tal vez me haya enfriado después de estar tantas horas sobre este suelo húmedo. Espero que mi dosis de vitaminas sirva de defensa para no enfermar. Si todo va bien, es probable que mañana esté mejor.

Día 2

Los moretones de mi cuerpo se han vuelto llagas, y el dolor tampoco cede. Esperaba cierta mejoría, solo que aún no puedo moverme. A pesar de estas magulladuras, parece que no me he roto nada después de tremenda caída.

Día 3

Nadie me avisó que tendría visitas. Hoy mi salud tampoco es la mejor. Desde que ellas llegaron, siento un cosquilleo punzante en la piel. Creo que es su manera de mimarme.

Día 4

Escalofríos y más escalofríos. Las visitas de ayer me han dejado en carne viva. Los temblores no cesan, aunque parece una reacción normal cuando una se queda sin piel, sin carne, sin nada. Ha ocurrido casi sin darme cuenta.

Día 5

Pensarán que me he bronceado al sol, pero la realidad es que el contacto con el aire me pone la piel más oscura. Noto cómo despido un olor agrio, pero ahora mismo no sé dónde puedo ducharme. A estas alturas, estoy cada día más débil, si viene algún bicho más, creo que desapareceré con ellos entre la hierba.

Día 6

Tal vez haya alguien que sepa de medicina por aquí cerca. Mi cuerpo se ha llenado de hongos. Sospecho que las bacterias han acampado en mi esqueleto.

Día 7

Parece que ya se han llevado todo lo que podían obtener de mí. Mi dulzura, mi brillo, mi belleza, mi elegancia, mi carne jugosa, mi ser de manzana. Mi corazón reseco yace ahora en este contenedor de composta.

Libido


La pasión hace que nuestras almas salgan de su escondite
y se arrullen con desmesuradas caricias.
Que tu cuerpo no descanse sino sobre el mío,
que mi amor y mi lujuria se abrumen
y se apacigüen cuando estoy junto a ti.

Sensaciones inescrupulosas que trastocan uno a uno
los espacios mínimos de nuestra piel,
cada vez que la intransigente libido nos desequilibra de forma descarada.

En ese momento, cuando las miradas se vuelven infalibles e incitantes,
ahí se completa nuestro mapa de caricias
que, sin estrecheces,
da inicio a mil combates de piel con piel y pura miel…

people-2589817_960_720Imagen: Pixabay (CC0).

Quiero…


Gracias por la inspiración, mi bella Mirosh

Quiero deslizarme en tu encanto,
sacudirme en tu lujuria,
aturdirme con tu pulcra dulzura,
mirarte a los ojos y besarte el alma.

Quiero tocar tu piel,
y corroerme con la tibieza de tu ser,
quedarme en silencio, sosegado e impaciente;
sin concentración alguna,
sin poder distinguir tu hermosura de tu ternura,
digo, tu locura de tu exquisita figura.

Quiero comerte a besos
y arrollarte con mi cuerpo,
quedar trabado e impregnado con tus olores
y sabores.
Pues con tu sobria y quieta belleza
me dejas impaciente y delirante,
al verte desnuda, tranquila y dormida.

Quiero estar en tu cuerpo
pero abrumarte con mi ausencia.
Quiero que me añores
y no salir de tu esencia.

Quiero estar colgado entre tus caricias
insensatas, escandalosas y melosas,
aquellas que has creado exclusivamente para mí,
luego desfallecer ante tus besos extenuantes
que parpadean en mi ser,
que lo alteran,
que lo apaciguan,
y que lo aman.

Soneto


A sus pies estoy descalzo y sincero,

a sus pies de árbol de dulces cerezos,

en su piel de sabor a sones y versos,

en su piel de sales y labios besos.

 

Vivo al día para no morir mañana

o en esta noche oscura mientras duermo,

contigo sí, pero solo en tu cama,

solo con un remo en balsa con Morfeo.

 

Reír a carcajadas de todo insomnio,

dormir despierto observando demonios,

cerrar poco a poco uno a uno cada ojo,

 

sin dejar de ser tu piel, tu montaña,

sin dejar de ser tu lluvia, tus aguas,

queriéndote siempre, mi siempre amada.

 

Los amantes muertos



Somos el naufragio destronado
de otros tiempos,
la pérdida infinita
convertida en total tristeza:
una negra ceniza que corona
las sienes de recuerdos y goces,
de viejos roces vividos
hoy
en la antigua soledad de los cuerpos,
mucho antes de la frondosa desnudez del amor,
mucho después del silencio aterido
de la natural escarcha de la noche
y de cuando este frío tieso presente
en las manos
se rendía rehén de esa pasión
por dibujarse el rostro a tientas
en la oscuridad de los ojos
y en la rebosante seducción del incendio
y la penetración,
del calor desatado,
del oxígeno deflagrado,
la mutua compañía dilatada
en la dura desolación
que fue adorarse
y nunca más contemplarse,
como en el inequívoco desdén de las conversaciones
sin fin,
limitadas solo por la voracidad
de seguir amándose
hasta que el sol manchase de canela
el exquisito aroma
que es la piel haciéndose carne
en la saliva y en los labios.

Pero los amantes muertos
suelen ahogarse en los recuerdos,
en la sangre seca,
en una húmeda corteza hecha dura costra
en la orilla de otros océanos exánimes,
yertos de tanta melancolía
y de absoluto abandono,
de fastuoso cinismo
y de claro desencanto,
de fatal fastidio al navegar
el infortunio enredados
en las lastimosas dimisiones
de lo que se fue,
aquí, así,
en la nostalgia de la carne mordida
por el delicado corazón de las almas,
en la aceptación final
de lo que significa sentir
diluirse el ahora,
aquí, así,
en la mortandad de un amor
que a mis ojos parece una aventura
en otra piel.

Alejandro Cifuentes-Lucic © Catalejo 2011
Original de 2011 de El Imperio de las Migajas – 2011

@CifuentesLucic

@Saltoalreverso

Obra: “Amantes 111″. Original de Nicoletta Tomas Caravia (España). Acrílico / Lienzo 60 x 70 cm. Colección Privada. Usado con permiso de la autora. Todos los derechos reservados ©.