La Vie en Rouge


Bajo el destello de esta luz

que abraza el sueño de mi playa,

desnudo la mañana de cordura

y me visto de ti,

a una distancia demasiado calculada,

lejos de mí.

Entre ese espacio

en que me habita tu silencio

y un tiempo deshojado,

muero de ti.

Bajo este cielo carmesí

que a veces compartimos,

rasgo las horas

y trazo un plan soñado

entre tus ojos y los míos.

No me ves,

respiro entre tus labios

y acaricio ese momento

con el beso traicionado

 que soplo en el espejo.

No invoco tu presencia

para amarte,

me abraza la ilusión

de imaginarte hoy,

en la aurora que contemplo

y que cincela este pecado

 en un hueco de mi alma.

Y en el rojo que se escribe

en aquellos días de vino y rosas,

de calor y largas noches…

conjuro la orilla de este mar que se llevó tu nombre.

Mi eterna primavera

es hoy el recuerdo de tu voz,

y tu risa…

ese aire fresco que me falta.

Vivo sin ti en esta playa desierta

que transito,

y en este mar embravecido que ahoga

el grito de mi corazón,

sabes y sé…

que vivirás siempre conmigo.

Encuentro


Una mañana cálida… Una playa…

Encuentro_F-500

¿Qué más?

 

Fotografía: eikonuruguay.wordpress.com

Las predicciones de mamá


Si hubiera estado mejor informado le habría dado la razón, sin lugar a dudas. Es solo que la tempestad le cayó de sorpresa, pues cuando despertó había un sol casi cegador que se colaba por su ventana. Así que se calzó las sandalias de verano y se vistió con las prendas más ligeras que tenía para ir a la playa con sus amigos. Su madre le había advertido que en algún momento del día seguramente sentiría frío, pero él no le dio tanta importancia. Su organismo estaba más que adiestrado para esos cambios bruscos de temperatura tan habituales en aquella región que lo vio nacer. Además, siempre que hace caso a su madre, debe volver con la chaqueta en la mano y con el paraguas seco.

Una vez en la calle observó que el termómetro marcaba 28 grados.

—¡Madre mía, qué calorazo! —se quejó antes de montarse en la bicicleta.

Unos kilómetros adelante, la luz a través de sus gafas de sol disminuyó. Cuando miró al cielo detectó una nube, pero no de esas nubes de ensueño que parecen algodones. Todo lo contrario.

—¡De dónde salió eso! —Apenas le dio tiempo de llegar a casa de su amigo Antonio cuando empezó a «chispear».

—Ya pasará —se dijeron mutuamente para intentar convencerse de que aquello era momentáneo.

Efectivamente, la ligera lluvia cesó casi de inmediato y se dirigieron a la playa donde los estaba esperando el resto de la cuadrilla. Era como si hubiera un microclima en una parte de la ciudad pues, conforme avanzaban en las bicicletas, el cielo aparecía despejado y soleado nuevamente.

Lo que ninguno de ellos sabía es que ese día estaba anunciada otra ciclogénesis explosiva. Un fenómeno meteorológico casi ciclónico y difícil de predecir, donde una masa de aire frío choca con una masa de aire caliente procedente del sur, y ¡cataplum!

Así que el día de playa duró poco menos de dos horas, antes de que todo el mundo tuviera que huir para resguardarse del frío súbito, el viento y la fuerte tormenta que se avecinaba. Todos, incluyéndolo a él. Si hubiera hecho caso a su madre…

Mayté

Vista al mar


Imarangatú

Aguas en calma,
nombre guaranítico,
paz en mi tierra.


El parador y restaurante I’marangatú (topónimo en guaraní que significa «aguas tranquilas») sobre la Playa Mansa de Punta del Este, Uruguay.

Mar en silencio


«Little wave photo», por Mourad Saadi (CC0).

 

Me elevo sobre la marea

y llora la nube que vierte la nostalgia

envuelta en un tiempo

sin tregua y sin color.

Lluéveme.

 

Traspaso un horizonte infinito,

bañado de sueños,

o me arrastro hasta la orilla de esta playa

sedienta de sol, vestida de silencio.

El agua.

 

Brisa que murmuras la desdicha

y revuelves este mar que me empuja,

azaroso, escogiendo mi suerte.

¿La vida? ¿La deriva?

Soy la ola.

En siete días


Se quejó la pena,
alejada.
La nada ríe
en un pestañeo,
acercándose.
Lo predecible celebra
con un brindis.
Levanta su copa
hacia la costa.
La brisa ventea
la cortina,
en señal de paz.
Llega a tierra
y muestra bandera:
garras de león,
medio corazón
y cadena anclada.
El marinero en su barco,
el faro cerca de tierra,
las noches de verano
y la luz estelar.
Y te veo suspirar,
cubro de rojo la arena.
Y tú miras hacia aquí,
poniendo rostro
al suspiro.

La playa