Habitando nuestro pulso


Fotografía: Klelia Guerrero García

Tan bello, que lo soñamos;
tan poderoso que asusta.
Aunque sentirlo nos gusta,
muchas veces lo alejamos
cuando entero lo observamos.
Y, si ya nos emociona,
más de un caso no funciona
de la forma que esperamos.
Pero algo de él nos quedamos,
más cuando nos disecciona.

Porque tras examinarnos
así, minuciosamente,
—haciendo a un lado la mente—
y en ese espejo observarnos
¡podemos reencontrarnos!
Este es un recordatorio
o, más bien, un rogatorio:
al pulsar, al habitarnos,
podemos ser y sanarnos…
¡Dejemos nuestro envoltorio!

Eso aplica con parejas,
profesiones, pasatiempos…
y hasta con los contratiempos.
Ante escenas disparejas,
¿ver las flores o las rejas?
Creo que de ambas se recibe
si realmente se percibe
lo que tienen para darnos:
tras desestabilizarnos,
nuestro pulso se concibe.

La Gran Magia


Fotografía: Klelia Guerrero García

Pulula prudentemente,
buscando almas, bocas, manos;
a aquellos seres humanos
cuya esencia, cuerpo y mente
la implementen hábilmente.
Pues, para lograr trascender
y su gran poder encender
debe, con actos u objetos,
llegar hasta otros sujetos
y alguna emoción conceder.

De aceptar y abrirle paso,
si algún resultado es cierto,
es lo que llaman fracaso.
Pero transcurrido el caso
habrá luz tras el ocaso.
Y, gracias a esa oscuridad,
potenciará su intensidad
mientras nos deje enseñanzas
para futuras andanzas:
resiliencia y humanidad.

¿Por qué atrevernos a hacerlo?
Porque cuando intentemos crear
nos permitiremos recrear
—sin buscarlo, sin saberlo
y aunque no podamos verlo—,
la libertad original
de aquel estado virginal
en que a este mundo llegamos.
Si en la Gran Magia confiamos,
¡todo vuelve a ser marginal!

Inspirado en el libro “Libera tu magia”, de Elizabeth Gilbert.