Dolor I


El dolor atraviesa paredes y corre feliz,

mata años igual que horas

y arrastra la dignidad de buenos y malos.

Pone en fila noches congeladas andando en cuclillas.

Cierra en la nevera la piel y los dedos

depositarios de tu amor.

Y sigue cavando esa sepultura

que en una edad tan profunda se hace.

 

Se apaga


20190724_235119

Volvemos de la muerte

entre los gritos de hermanos

dormidos en la tierra profunda.

Es el origen de muchas manos.

 

Esos dedos que pintan

líneas antes del atardecer.

Ellas son refugios temporales.

 

¿Por qué la mente es tan horrible,

enferma, y destruye tantos presentes?

Depresión en tres actos


5976114777_854608829a_o

«Sign from the Great Depression», por Philip Bump (CC BY)

 

I: AUSENCIA

Ya no sueño que vuelo.

Ahora sueño que huyo,

como corre una bestia.

 

II: DELIRIO

Las paredes se mueven,

se cierran, me aplastan.

¿Qué será de mí?

 

III: VACÍO

¿Dónde está el placer?

¿Dónde está la dicha?

¿Dónde estoy yo?

De Proserpina


El frenesí en las manos
de Berneni y tú floreciendo.
Zeus hubiese podido reordenar
el Olimpo y Hades jamás cedería.
Noches de mármol y violetas,
de blancos lirios y de luz escultural.
Manos entrelazadas al mito que alcanza
entre la palabra nada, la alegoría,
la razón y la ficción.

Remolinos


20190620_180927.jpg

Somos seres atraídos por nuevos horizontes.

Entre girones de un mundo que no desea arroparnos.

Pero anunciamos en plenitud que deseamos vivir,

entre fiestas, miradas y niebla.

Nos mantenemos presentes apretando los dientes,

codiciosos, tristes y esperando.

 

Figuras en el mar


20170522_201748 (2)

Con los ojos cerrados

comparte el universo,

deja que él te abrigue.

Junto a lunares y venas,

imagina muchos viernes

con puestas de sol sin cambios de hora.

Junto al mar luminoso

los acontecimientos pueden ser banales,

o llamarte a llorar si no eres una diva,

pero somos figuras en un decorado.

Tan solo piensa,

que ese decorado no entra en el mar.

 

Fotografía del autor.

Heridas en el aire


La herida del aire

adquiere velocidad

cuando sobre el azul de tu playa,

del cielo de tu ciudad,

o en la llama de tu cocina

se refugian las dudas

de ser más importantes los intereses.

Que existen gritos muy tempranos

o nos quitan la vida lentamente.

Entonces no hay llama ni azules,

solo la primera herida del día.

 

Foto del autor.