La muerte


La muerte galopa deprisa,

dolorosa sorpresa en el pasillo del portal,

en un atestado supermercado

o llena de música en un teatro.

Es la sucia cortina que rasgada cae,

puñal que penetra altivo en los pulmones;

y en sueños balbucea

nuestro nombre para ahogarnos

en una neumonía eterna.

Pero los ángeles llegan

entre ambulancias, luces y sirenas,

para intentar apartar su guadaña

de una danza rápida y desnuda.

Todo está vacío


Las cuerdas de una guitarra enumeran sentimientos

en ciudades casi muertas mientras camino.

Una voz canta en un mundo desaparecido:

“Jugamos a ser dos gatos que no quieren dormir”,

y en el espacio vacío un gato negro camina

solitario en un mundo azotado por pandemias.

Nos miramos y seguimos mientras cantas:

“Tú te disfrazas de mí y yo me disfrazo de ti”.

En realidad el mundo empezó así,

sin testigos, sin saludos, sin deberes

o solo con los deberes de encontrar placer y belleza.

No hay nadie en las playas,

no hay movimiento en el camino a casa.

 

(Fotografía del autor)

Dolor I


El dolor atraviesa paredes y corre feliz,

mata años igual que horas

y arrastra la dignidad de buenos y malos.

Pone en fila noches congeladas andando en cuclillas.

Cierra en la nevera la piel y los dedos

depositarios de tu amor.

Y sigue cavando esa sepultura

que en una edad tan profunda se hace.

 

Se apaga


20190724_235119

Volvemos de la muerte

entre los gritos de hermanos

dormidos en la tierra profunda.

Es el origen de muchas manos.

 

Esos dedos que pintan

líneas antes del atardecer.

Ellas son refugios temporales.

 

¿Por qué la mente es tan horrible,

enferma, y destruye tantos presentes?

Depresión en tres actos


5976114777_854608829a_o

«Sign from the Great Depression», por Philip Bump (CC BY)

 

I: AUSENCIA

Ya no sueño que vuelo.

Ahora sueño que huyo,

como corre una bestia.

 

II: DELIRIO

Las paredes se mueven,

se cierran, me aplastan.

¿Qué será de mí?

 

III: VACÍO

¿Dónde está el placer?

¿Dónde está la dicha?

¿Dónde estoy yo?

De Proserpina


El frenesí en las manos
de Berneni y tú floreciendo.
Zeus hubiese podido reordenar
el Olimpo y Hades jamás cedería.
Noches de mármol y violetas,
de blancos lirios y de luz escultural.
Manos entrelazadas al mito que alcanza
entre la palabra nada, la alegoría,
la razón y la ficción.

Remolinos


20190620_180927.jpg

Somos seres atraídos por nuevos horizontes.

Entre girones de un mundo que no desea arroparnos.

Pero anunciamos en plenitud que deseamos vivir,

entre fiestas, miradas y niebla.

Nos mantenemos presentes apretando los dientes,

codiciosos, tristes y esperando.