La danza de la lluvia


Plegaria jamás dicha
—pasaporte de cada día—;
¿alguna vez podrá ser realidad
el baile de la alegría?

Cae la lluvia.
La necesidad de la tierra es otra.
La necesidad de la tierra es mía.
Por eso cae la lluvia tras mi canto.
Yo no creí. No supe del poder
de un grito, del desgarro profundo.
Nunca fui testigo de un milagro.

Mi corazón carga el gozo y mis ojos
viajan, pasajeros de la lluvia, al sur.
Un mar de fango, al fondo. Beso una película
de esa masa absorbente que me llama. Yo no creí.
No supe que acabaría con la negritud del pozo. Yo no creí.
Pese a ello, canté sin esperar la danza o el asombro.

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Torpeza


He repetido la acción
una y otra vez:
colgar un abrigo en el perchero,
recogerlo del suelo,
volverlo a colgar.

Durante unos minutos
mi único objetivo era colocarlo
en el lugar que le correspondía.
Siempre he tenido el mismo resultado.
Siempre he repetido el mismo acto.

Ni siquiera he aprendido
cuándo ni cómo realizar esta tarea
correctamente, a la primera,
¿cómo voy a llegar a ti
en mi primer intento?

Recuerdo


Sus ojos, las constelaciones hacia el sol,

me han perseguido durante años enteros.

(Pudiera ser cierto que necesitamos olvidar)

que yo viese cada uno de los ápices tuyos,

mientras tú, elegante, pierdas cualquier recuerdo de los míos.

 

Foto del autor

Gestación de autonomía


Foto: Gema Albornoz

Puede que nadie te vea,
hasta que tú te mires.
Puede que no encuentres el brillo,
porque tú seas luz.
Puede que, a veces, te escondas
—cada vez que seas laberinto.
Puede que siga pasando el tiempo,
solo, hasta que tú lo detengas.
Puede que suene la música
y tú seas alguna de sus notas.
Y puede, puede que cuando no te mires,
no te veas como luz, te líes como hilo
laberíntico y el tiempo te sobrevuele,
mientras canta. Y entonces, seas tú,
en ese momento, serás tú y no otra.
Serás tú y eso te bastará.

El nacimiento de Versus


Una voz habla,
una ola rompe
y mi mano derecha flota
entre la línea marina de mis pensamientos
y la lignina de mis hojas.
Extraigo el néctar de cada verso
—miel a mis labios—
aguardo en mi colmena
sin ser reina,
esperando por un poco de trabajo.
Mi mano se posa en el pétalo abierto,
escucho el rugir del mar
y la voz —esa voz— tararea el canto.
Nace otro poema —Versus.

La supremacía de la verdad


Soltamos verdades
como migas de pan,
señalando el camino
nos aleja de —todo—
lo demás.

Una verdad a medias.
Una media verdad.
Una verdad completa
nos libera de —todo—
lo demás.

Una verdad engañosa
extendida en la visión,
accediendo directa al fondo
—consciente evolución.

Una verdad privilegiada
cómplice del engaño:
la verdad de otro
no es la mía.
La mía, por serlo, es —más—
más verdad.

Mi nombre


Mi nombre no es solo mi nombre.

Mi nombre no soy yo.

Mi nombre es mi título.

Mi vida, nuestra historia.

Mi nombre es un continente.

Yo, su contenido.

Mi nombre fue una semilla que yo regué.

Mi nombre es un tallo al que yo le canto.

Mi nombre será un árbol donde yo descansaré.

Mi nombre ama mis sentidos.

Mi nombre sabe que sin mi voz no podría dormir.

Mi nombre saborea el aire mientras, entre quimeras, imagina su cara.

Mi nombre escucha y cierra los ojos para vivir de ello.

Mi nombre es mi baúl que todos conocen.

Mi nombre es mi primer tatuaje. Y al que más amor le tengo.

Mi nombre no es solo un nombre.

Mi nombre es esa parte de mí que mi padre y madre, en su sinceridad más pura e ingenua, escogieron para cuando fuese ángel.

Mi nombre es experiencia.

Mi nombre es reflejo de otros nombres.

Mi nombre es vida.

Mi nombre es muerte.

Mi nombre es alguien que nadie —ni él mismo— conoce. Mas él me conoce a mí.

Mi nombre habla por mí y yo hablo por él.

Mi nombre me ayuda cada vez que no me reconozco y cuando la incertidumbre se posa en mis sentidos.

Por esto y todo aquello que únicamente será escuchado en nuestros sueños y anhelos, quiero a mi nombre y él me quiere a mí.