Fundirse con literatura


Fundirme hasta ver las hebras de la luz,

la que entrecruza la vida que no veo.

Escribir con un elegante dictado

menos avaro con los logros y los brillos,

que dejan los espíritus más mudos.

Ser literatura, dejando caer las hojas del otoño.

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Creer


Tú solo creerás en mis besos,

como una división entre pasiones y preguntas.

Pasado el tiempo solo crees en ellos.

Y aquel árbol orgulloso se habrá inclinado sobre el camino,

el del atardecer y donde descansabas.

 

Algunas cosas sin importancia


Como ves,

he aprendido a olvidarte

y ya casi ningún ruido me recu rda a tu voz.

Apenas los atard ceres

son difere tes y los nombres

d los niños q e imaginamos

ya no duelen como avispas.

Ya ves, ya casi ni se notan

los rotos y l s costurones de mi traje

aunq e por los bolsillos se me caigan, a veces,

las mañanas, los domingos y las flores amarillas

que t regalaba.

He cortado esos trocitos

de ti en mí

que se me h cían insoportables y los he dejado

en el trastero.

(En la basura todavía no puedo, no puedo).

Trocitos qu sin querer  —inesperad mente—

aparecen en el yogurt, en el helado de limón o traídos por las olas…

Y es entonces cuand mi corazón se me quiere volar del pecho

y la jaula d mis huesos cruje

como un rollito de primavera.

Ya ves, que soy casi el mismo

que conociste

y además las flores tienen cierta afinidad por l s grietas.

No te preocupes —ya ves— solo han desaparecido

para olvidart

algunas cosas sin importancia

como la luna,

la mar

y algunas pequeñas letras de t nombre.

Aguaceros


Hay un aguacero de sueños

que dejarás pasados los años.

En cambio, piénsalo,

si te dejaras llevar sin buscar las respuestas,

habría sol algunos días más.

 

Es la vida


Fuego invisible

el que toma la delantera.

Cuando nos apartamos por comodidad

de las risas, de tantas bromas

junto a estanterías, velas y familia.

Recuerdo aquel calor

mientras me aburre el Power Point y sus compromisos.

Nacen


Nacen las aguas negras en rojos atardeceres.

Nacen del egoísmo con lo más cercano,

y nadie se alza

aunque nuestra vida sea finita.

Aunque sepamos que viviremos arrastrando cartillas y muletas.

Cerramos los ojos,

nos endurecemos.

Escapar a Marte


Marte vuelve a brillar

en los ríos de la tierra,

en todas las playas del mar,

en las tardes de verano.

 

Los paraísos que deseamos,

tienen un precio que no informan los telediarios,

ni los anuncios, ni los círculos sociales.

Ellos brillan para quedarse con tu tiempo,

Pero allí,

la alegría es color ámbar,

y muchos los lugares para salvarse.