Letanía VII


Las jarcias quedaron enredadas

a fantásticos recortes a la deriva;

lo lejano y los años aplazados son

las alas cargadas de labios tiernos

que ahora sesgados se convierten

en humilde tributo de un reloj de arena.

 

(«Islas cercanas a Estocolmo», fotografía del autor).
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Alejandra


A Alejandra Pizarnik

Hablan de tus demonios y no
ponen cara a tu espíritu.
Hablan de tus males y no se apenan
al hacerte princesa de la miseria.
Hablan de tu cárcel, pero no de
lo sobrenatural de tu canto libre.
Hablan hablan hablan hablan
y dicen tu nombre en vano.
La angustia reina para todos,
a todos se acercan los demonios
y todos nos hacemos jaula, alguna vez.
Hablan hablan hablan hablan
pero regresas cuando pronuncio
tu nombre, Alejandra. Eres canto
en mi invocación y pájaro que migra
y cría desde mi norte hasta mi sur.

Mi barrio


Allí, donde las sombras corretean hasta que
se bajan las persianas y se apura el último rayo
de sol, he visto al comentarista más especializado
en equipos y técnicas futbolísticas. Allí, sentado en uno
de los bancos de mi barrio. Porque a simple vista, mi barrio
es un extrarradio, pero ha cambiado la dirección en la que el pueblo
crece. Y hay quienes caminan sin importar si van por acera o calzada.
También ocurre que las luces de las farolas no se encienden ni todas,
ni de golpe, pero tiene luz por mitad de la manzana. Su media naranja.
Porque a simple vista, mi barrio es un extrarradio, pero cada día soy
peregrina de un camino que remato en el mismo punto. Punto brillante
en el cielo con nudo en el extremo del hilo de mi aguja.
Y allí, mi hogar. Y así, mi barrio. Allí, donde mi barrio hogar.

Venenosa


Ojalá que la despedida nunca
se seque en tu garganta. Y allí, habite
durante el lamento. Coserá a hilos,
retorcerá tu laringe y tocará
tus cuerdas como violín. No soltarás
palabra. Quien escribe sutura, una y otra
vez. Una y otra vez, tragas la pus. No
soltarás palabra. Será el tiempo raso
quien acudirá a ella y pondrá sus manos
sobre ti, desenredando el nudo como flor que se abre.
Tu paladar renacerá al degustar cada palabra
y todas se abrirán ante tus dientes y tus labios,
cuando tu lengua escupa la tinta de tus venas.

Cucarachas


Vi asestar doce puñaladas
a un costal de lona lleno de pan.

Pensé en la dolencia de lo mullido y
en cómo florece la saña entre espigas.

Se dirigieron a mí: «Y a ti, ¿qué roe tu
estómago? Y a ti, ¿quién te convierte
en alimento delicioso y pestilente, lleno
de huecos?». Era el mismo roedor que asía
el cuchillo, el mismo del que tragué anzuelos.

Cuatro o cinco panes rebanados en aquel costal,
sobre el que correteaba hasta encontrar la mano que aplasta
y queda limpia, aun sin bañarse en agua.

Héroes


Bajas la persiana / Cierro la puerta.

Tu sonrisa rebota en las paredes

como en una caracola.

Jugamos

a las penumbras y somos niños otra vez.

Sombras que se buscan

en la oscuridad

absoluta

donde los espejos son inútiles

y los yos se pierden.

Nos abrimos, nos abrimos como plantas a la luz

a través del eco de nuestras palabras:

—¿Dónde estás? —digo.

—No sé dónde estoy. Marco.

—Polo.

—Marco.

—¿Sabes una cosa?

—¿Qué?

—Que los pulpos tienen como ojos en la piel.

—¿Sí?

—Sí. Por eso pueden cambiar de color.

 

A tientas, entre las estanterías, entre los libros;

sí, sobre todo entre los libros, te encuentro en una radio

cuando le doy al “ON”

y suena una guitarra.

Shhhh Escucha

somos el sonido de esa guitarra

(de Bowie

en Heroes)

Y nos buscamos.

Nos buscamos a través de los pasillos, por las sillas, por las mesas

como dos sombras sedientas

de un solo cuerpo.

Cruzamos puertas cruzamos espacios

inmensos

con nuestras manos

a tientas

donde todo es miedo y arista y esquina y dolor.

Pero nos necesitamos

>We can be heroes >

como necesita la alegría a la muerte.

We can be heroes. Just for one day.

—Marco.

—Polo.

—¿Sabes otra cosa?

—¿Qué?

—Que los pulpos también tienen como bocas en los tentáculos.

—¿Sí?

—Sí, así saben sin ver si necesitan aquello que… Oye.

—¿Qué?

—¿Esto que hay en el suelo es tu jersey?

—Sabes mucho de pulpos pero poco de mujeres. Eres muy tonto. ¿Lo sabes?

—Sí.

 

Nadamos por las paredes sobre el sonido de las plantas.

Nadamos >Like the dolphins, like dolphins can swim>

Y sigo tus huellas.

Y venteo tu presencia como un animal

hasta que desnudos

los árboles en invierno

los seres que nacen

nos encontramos nos encontramos

apenas

en un roce una brisa un abrazo

un abrazo  (de pulpo —pienso—)

 

absoluto

 

como si solo hubiéramos sido creados para este momento.

 

>We can be heroes>

>We can be heroes. Just for one day>

 

La danza de la lluvia


Plegaria jamás dicha
—pasaporte de cada día—;
¿alguna vez podrá ser realidad
el baile de la alegría?

Cae la lluvia.
La necesidad de la tierra es otra.
La necesidad de la tierra es mía.
Por eso cae la lluvia tras mi canto.
Yo no creí. No supe del poder
de un grito, del desgarro profundo.
Nunca fui testigo de un milagro.

Mi corazón carga el gozo y mis ojos
viajan, pasajeros de la lluvia, al sur.
Un mar de fango, al fondo. Beso una película
de esa masa absorbente que me llama. Yo no creí.
No supe que acabaría con la negritud del pozo. Yo no creí.
Pese a ello, canté sin esperar la danza o el asombro.