Letanía VII


Las jarcias quedaron enredadas

a fantásticos recortes a la deriva;

lo lejano y los años aplazados son

las alas cargadas de labios tiernos

que ahora sesgados se convierten

en humilde tributo de un reloj de arena.

 

(«Islas cercanas a Estocolmo», fotografía del autor).
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Alejandra


A Alejandra Pizarnik

Hablan de tus demonios y no
ponen cara a tu espíritu.
Hablan de tus males y no se apenan
al hacerte princesa de la miseria.
Hablan de tu cárcel, pero no de
lo sobrenatural de tu canto libre.
Hablan hablan hablan hablan
y dicen tu nombre en vano.
La angustia reina para todos,
a todos se acercan los demonios
y todos nos hacemos jaula, alguna vez.
Hablan hablan hablan hablan
pero regresas cuando pronuncio
tu nombre, Alejandra. Eres canto
en mi invocación y pájaro que migra
y cría desde mi norte hasta mi sur.

Horizontes


Mientras,

un solitario hálito dichoso

me atrajo a este tumulto de cielos y mundanos horizontes.

Yo intentaba ver, pero solo perdía.

No veía la trampa de las emociones y miedos

en la cotidiana batalla que es cada día.

Miembro fantasma


dicen los soldados

que han perdido un brazo o una pierna

que todavía pasados muchos años

les duele

les pica

incluso sienten cómo se mueven

sus dedos

o los rayos del sol

en la piel

hasta hay veces que notan

cómo se posa alguna mosca molesta

en ese yo ausente

así, de esta manera, es cierto

que pueden vivir

sin él o sin ella

pero también es cierto

que no hay día, hora, minuto que no se acuerden

de ellos

—aunque sea de una manera inconsciente—

siempre

imagino que a esta altura de poema

ya sabrás

que no te estoy hablando de soldados

La alquimia imperdonable


Crack_climbing_in_Indian_Creek,_Utah.jpg

«Crack climbing in Indian Creek, Utah», por Crystal (CC BY 2.0)

 

Una dicha del cielo en una mano.

Una tortura del infierno en la otra.

El peso de ambas en los hombros.

 

Y allí estaba, ¡la alquimia imperdonable!

«Que tu sí sea “sí”, que tu no sea “no”».

Pero yo no podía decidir.

 

Y la alquimia imperdonable llamaba.

«Hazlo, solo debes mezclar los ingredientes».

Y yo decía sí, aunque el fondo quería decir que no.

 

Mezclé las sustancias en mi horno.

Burbujas y humo. Nada de colores.

La voz mintió. El horno explotó.

 

—Cuerpo con alma rota, ¿qué se te ofrece?

—Quiero vivir. Esto no puede acabar aquí.

—Cometiste el pecado, el tabú. ¿Cómo podría dejarte ir?

 

—Devuélveme mi sangre.

—¿Prometes rellenar las grietas del horno?

—Yo prometo. ¡Devuélveme mi sangre!

 

Me levanté para vivir y escalé una grieta.

Llegué a la cima y respiré de alivio un instante…

…un cuchillo de rayos negros me atravesó.

 

—¡Voz! Tú prometiste…

—El cuchillo no es mío.

-—¡Maldicioooooooooón!

 

Vida que colapsa. Mano que apuñala.

«No debiste sobrevivir a la explosión».

«No saldrás ileso de tu decisión».

 

¿Quién?

¿De quién es esa mano?

¿De quién es el cuchillo de rayos negros?

 

No puedo.

No ahora.

No quiero morir aquí.

Mi barrio


Allí, donde las sombras corretean hasta que
se bajan las persianas y se apura el último rayo
de sol, he visto al comentarista más especializado
en equipos y técnicas futbolísticas. Allí, sentado en uno
de los bancos de mi barrio. Porque a simple vista, mi barrio
es un extrarradio, pero ha cambiado la dirección en la que el pueblo
crece. Y hay quienes caminan sin importar si van por acera o calzada.
También ocurre que las luces de las farolas no se encienden ni todas,
ni de golpe, pero tiene luz por mitad de la manzana. Su media naranja.
Porque a simple vista, mi barrio es un extrarradio, pero cada día soy
peregrina de un camino que remato en el mismo punto. Punto brillante
en el cielo con nudo en el extremo del hilo de mi aguja.
Y allí, mi hogar. Y así, mi barrio. Allí, donde mi barrio hogar.

La danza en el tejado


 

Brotes de Clavillo,

Mis auroras preferidas,

Se asoman por la tierra

Junto al río que me dio la vida.

 

Un ventarrón arriba de golpe,

Cuando la temporada de semillas se avecina,

Suscita a las esporas

¡Que vuelen por los aires!

Y planten su descenso en los tejados.

 

Raíces para los sueños de los creadores,

Se mueven a ritmo abstracto

Todas las flores.

Empieza la danza en las baldosas de arcilla.

 

El néctar de lluvia

Se balancea por el pasto,

Viaja a los orígenes

En un Zigzag sin paradas.

 

Universo del centro terrestre

Que vastos habitantes ya tiene;

Se hayan obstinados y eternos

Bajo el cielo de tierra que nunca deja de moverse.

 

Un concierto

Con los elementos de instrumentos

Toma lugar en el estadio.

El partido por la evolución es jugado;

A punta de plomo,

Sangre,

Ira,

Verdad,

Capa y puñal.

 

¿No hay forma de parar?

 

La danza en el tejado

A pasos ligeros,

Los protagonistas del mundo

Se bailan la vida

Haciendo un caos con ella.