What remains?


«Cuando la guerra termine,
¿qué será de los caballos lisiados,
de los carros rotos
y de los soldados muertos?».
Cleopatra, la alquimista

I

¿Acaso puedes recordar
cuando luchamos
por recuperar nuestra salud?

¿Acaso puedes recordar
cuando anhelamos recuperar
nuestra juventud mal invertida?

¿Acaso puedes recordar
lo que queda de ti,
o qué queda de mi?

II

No puedes,
te es imposible.
Los muertos no recuerdan.

Solo los vivos
estamos condenados
al suplicio de recordar.

Solo los vivos
sangran de los pies
por caminar sobre sueños rotos.

III

Solo los vivos
son erosionados
por el paso del tiempo.

El tiempo es un enemigo implacable
que ya me ha derrotado.
Y que me derrota día tras día.

El tiempo fue cruel contigo.
Te obligó a hacer el nudo de la soga
con la que te mataría.

Depresión


Cuando al alba pasada la noche efímera,

aún sin dormir, creemos que somos vida,

aquella que aún nos debe felicidad.

En esos momentos el caos más oscuro

no tiene la fuerza para borrar al bien.

Pero alguien muy querido se está destruyendo

su mente esta pulverizando los puentes.

¿Por qué los cerebros ahogados entre el dolor

de cada articulación y el hastío a la edad

se destruyen en las paredes de la casa

mutuamente

en la penúltima estación de la vida?

¿Por qué saltan por los aires

y a los balcones del negro sufrimiento?

Toda felicidad o triunfo se desvanece

al ver carcomerse a ese ser querido desde su mente.

Nunca te enfrentes a un herrero


En el campo de la mente
nunca te enfrentes a un herrero.
Se defiende de vez en cuando.
Su cerebro es como su martillo, no, no, no.
¡No caigas en su trampa!
Si lo haces, olvídate de tu estima.
Estarás mejor si no le esgrimas.

No tiene el entrenamiento de un guerrero,
suena fácil, pero no es pendejo;
porque tampoco tiene su honor.
Por cada vez que lo hagas sangrar
su ira aumentará,
Y forjará lanzas con su propia sangre.
Y de cierto te arrepentirás.

Si alguna vez te has quedado sin aliento
y tan solo que tus ojos se humedecen.
Déjame decirte algo.
Mmm… quizás ni así lo entiendas, no, no, no.
¡No caigas en su trampa!
Sus lanzas de hierro y sangre no solo te herirán,
también tu corazón han de contaminar.

¿Por qué no eligió el camino del guerrero?
¿Por qué no se volvió mago o alquimista?
¿Por qué no es un bardo que conquista minas?
Cuando tu corazón esté contaminado
y ya tengas hierro en lugar de huesos,
cuando comprendas la magia negra de su acero.
De cierto te arrepentirás.

Quéjese al fabricante


Que ya voy de salida, ¿y qué?

No necesito tanto, lo sé.

En mí vive la misma niña

que cantaba canciones tristes

justo antes de dormir.

Entonces no me arrullaban princesas,

solo me acompañaba el pensamiento

de los niños hambrientos de Praga,

de los perros callejeros de mi barrio,

de mis padres dejando la vida

para darme una mejor.

Y mi soledad.

Sigo atada a los recuerdos

de mis amigas riendo, inocentes,

saltando en los charcos

bajo la lluvia a cántaros,

hablando del primer amor,

del primer beso,

que para mí tardó demasiado,

aunque la maternidad me llegó temprana

con una adultez atropellada.

Todo a destiempo.

Me llegan los años y no me acostumbro.

La idea de la muerte no me asusta.

Solo quiero vivir sin relicarios

con la mente despejada

y el cuerpo dispuesto.

De vez en cuando llorar de amor,

o reír a carcajadas con la gente que amo.

Que no maduro, que hago locuras.

Que me digan intensa, ¿y qué?

Fue así como fui creada.

¿Alguna queja?

Quéjese con el fabricante.

Te veo fumar


Foto y kitô: Juan Machín.

Te veo fumar:

las volutas de humo

te acarician.

Miro tus curvas…


Dibujo y kitô de Juan Machín. Modelo y musa: Karla Aguilar.

Miro tus curvas:

son unas catástrofes

matemáticas.

Amanece


Amanece un día

como tomando sorbos de niebla.

Sigo pensando en la pasión sin heridas

y la fragancia que me despierta.

Consigues desconectarme de miserias,

o del paso contundente de la vida.

Sigo en la orilla del mar

donde el cielo de pizarra se abre

y tú me desenredas de toda la arena cotidiana.