«A tu regreso», por Carlos Quijano (video)


Presentamos un video para reconocer a nuestro autor destacado, Carlos Quijano (carlosquijano.com). Más información aquí: Autor destacado: Carlos Quijano Los invitamos a seguirlo en las redes: Twitter: twitter.com/qccj Facebook: facebook.com/blogpalabrascomunes La obra es «A tu regreso», un poema publicado originalmente en Salto al … Sigue leyendo

Ojos intermitentes


Crocoite_from_the_Dundas_extended_mine,_Dundas,_Tasmania,_Australia

“Crocoite from the Dundas extended mine, Dundas, Tasmania, Australia”, por JJ Harrison (CC BY-SA 2.5)

“Ni en el ambiente,

ni en lo que ven tus ojos.

La respuesta está en aquello,

en la gran obra, la tuya”. 

Cleopatra la alquimista

 

¿Qué ven mis ojos, ahora que mi vista ha vuelto?

Una restricción y un juramento.

Árboles de mango. Un par de pájaros en el alambre y otro más allá.

Una gran obra. Aprendizaje.

 

¿Qué ven los ojos de un prisionero de guerra?

Miseria. La muerte que vigila. El eterno plan de huida.

El último escape.

Desesperación. Culpa.

 

¿Qué ven los ojos de un muerto?

Nada.

Nadie.

Nunca.

 

 

 

Espectros


Los espectros no vienen solo de noche,

son los que hablan de bonus,

estadísticas y frías líneas de logros.

Mientras gritan en plena mañana su eterno mantra productivo.

 

(Fotografía del autor)

Relámpagos


Un estruendo azota mi cara
—tu belleza irrumpe—
las luces dan forma a tu figura
—‎es descomunal—
una silueta generosa y jovial
—soberbia y natural—
hace añicos mis palabras.

Te mueves en mi mente
—estática y eléctrica—
primero tus piernas separadas
—‎multiorgásmica y angelical—
luego tus labios, tu mirada y tú
—‎nada dices, aún así eres murmullo—
eres toda al desafiar mis ojos.

Dónde están mis fuerzas
—acaso en tu esculpida garganta—
las palabras son lenguas vivas
—sobrepasada por mi boca—
acuden a tu cuerpo venerado
—esperas mis dientes—
entonces muero de solo mirarte.

Tu rostro de amor duele
—el gozo emana por los versos—
en tus ojos el llanto de tanta mirada
—se desliza en cada verborrea—
de tus labios la triste rabia
—‎adjetivas la añorada juventud—
deshaciéndose en mis palabras.

La danza de la lluvia


Plegaria jamás dicha
—pasaporte de cada día—;
¿alguna vez podrá ser realidad
el baile de la alegría?

Cae la lluvia.
La necesidad de la tierra es otra.
La necesidad de la tierra es mía.
Por eso cae la lluvia tras mi canto.
Yo no creí. No supe del poder
de un grito, del desgarro profundo.
Nunca fui testigo de un milagro.

Mi corazón carga el gozo y mis ojos
viajan, pasajeros de la lluvia, al sur.
Un mar de fango, al fondo. Beso una película
de esa masa absorbente que me llama. Yo no creí.
No supe que acabaría con la negritud del pozo. Yo no creí.
Pese a ello, canté sin esperar la danza o el asombro.

Macarena vegetante


Macarena

Verde ramaje,
la virgen esperanza
rodea con fe.


Mosaico de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena en un muro del Hotel de Campo La Baguala, Montevideo, Uruguay.

Todo se consuma


Una mujer reducida a su memoria,

llevada en volandas a un frío lugar

a la hemeroteca del olvido sin felicidad.

A la cocina oscura,

más oscura aún en su mente.

A las historias de éxito en el televisor.

—Toma miel y limón,

que tu voz sea limpia

y desde donde tú me hables

pueda oírte entre crespones blancos.