Años


Dulce nombre el de la muerte,

que nos arrastra mientras recordamos

los sueños que perdimos vivos.

Mientras los números del calendario ya no gritan

y las heridas nos ahogan por las noches.

 

(Foto del autor)
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Legados que vivo y lloro


¿Dónde estabas
cuando quise tu abrazo?

¿Cómo no nadar
por ese arroyo salado
de tus ojos?

Algo que busco
y sólo puedo encontrar
tras arbustos.

Algo que viene conmigo
en cada capa de mi piel
y desvisto cada noche.

Mi herencia.

Esa que lloro
cuando recuerdo
y vivo
cuando me olvido.

Te recuerdo…


Dedicado a la hermosa Mirosh

Agrietado en tu cuerpo,
sosegado entre tus caricias,
gustoso entre tus brazos,
alegre con tu sofisticada pasión,
vivo abrumado y tranquilo,
con tu exótica y libidinosa sonrisa,
con tus besos extenuantes,
con tu boca y ojos deslumbrantes,
con tu descomplicada y deleitante cintura,
digo con tu exquisita y delirante figura,
te recuerdo, me abrumo y te quiero.

Te recuerdo que me alegras cuando me amas.
Te recuerdo que tú y todo tu ser,
tus olores y sabores, son míos.
Te recuerdo, te extraño y te amo.

Precios


El que interrogaba callaba como un mudo. Creo que no ha vuelto a preguntar nada a sus seguidores, ni gritó ningún ideal más cuando aparecieron en escena los precios de las cosas.

 

(Foto del autor)

Terror


Hay un ruego ahí,
una petición
desesperada,
pero imperiosa.

«Por favor, no».
Y no hay forma
de cambiar de opinión.
«No me lleves ahí».

Las manos que se estrujan,
la mirada que se desvía
hacia el terror.

«¿Dónde allí, corazón?».
Afuera…
afuera de aquí,
afuera de mí.

Y de golpe
ya no sé
si ella teme más
salir
o yo aborrezco más
entrar allí.

Otros sueños


A contraluz su pecho late,
mi boca furiosa
se pierde en el satín,
ella canela es todos mis blancos
disparos, destellos, flash.

Su cabellera es cascada
de caricias,
de ternura,
de tiempo amoroso detenido.

En sus hombros, mis ojos
encuentran el camino
a la memoria sin cargar,
armas filosas de deseos,
el atuendo, pijama, belleza pura.

Descubrir el destino de sus brazos
descansados,
protegiendo el corazón,
escondiendo sus caderas,
visceralmente pacíficas.

Desde sus rodillas hasta de sus pies,
idas y vueltas,
viceversas de sentidos,
de longitud sinuosa,
hermosas,
una diosa presente, durmiente.

Aquel destierro


Al sol débil que se recorta sobre los árboles de un monte cercano, refulgen las piedras, que dolorosos colores lanzan antes de la noche. Es el momento en que una nube tapa el cielo limpio con un manto negro. Entonces pienso que no fue mala idea aquel destierro, que encontré respuestas, amor y libros envueltos en dudas, aunque nada es tan idílico como una supuesta vida en literatura. Qué hermosa mentira que no te cuentan nunca los expertos: el poeta puede ser serio, pero sobre todo austero y no vende ni come sus versos. Por eso viste traje y corbata y, educado, produce algo muy distinto a los versos.

 

(Foto del Autor)