Nunca te enfrentes a un herrero


En el campo de la mente
nunca te enfrentes a un herrero.
Se defiende de vez en cuando.
Su cerebro es como su martillo, no, no, no.
¡No caigas en su trampa!
Si lo haces, olvídate de tu estima.
Estarás mejor si no le esgrimas.

No tiene el entrenamiento de un guerrero,
suena fácil, pero no es pendejo;
porque tampoco tiene su honor.
Por cada vez que lo hagas sangrar
su ira aumentará,
Y forjará lanzas con su propia sangre.
Y de cierto te arrepentirás.

Si alguna vez te has quedado sin aliento
y tan solo que tus ojos se humedecen.
Déjame decirte algo.
Mmm… quizás ni así lo entiendas, no, no, no.
¡No caigas en su trampa!
Sus lanzas de hierro y sangre no solo te herirán,
también tu corazón han de contaminar.

¿Por qué no eligió el camino del guerrero?
¿Por qué no se volvió mago o alquimista?
¿Por qué no es un bardo que conquista minas?
Cuando tu corazón esté contaminado
y ya tengas hierro en lugar de huesos,
cuando comprendas la magia negra de su acero.
De cierto te arrepentirás.

Te veo fumar


Foto y kitô: Juan Machín.

Te veo fumar:

las volutas de humo

te acarician.

Mi sitio


Descubrir en el reflejo
un espejo
y pudrir
todo mi ser
para volver
en otro cuerpo
para aprender
con otros cuervos
que no solo lo externo brilla
que en una bombilla
viven extrañas maravillas
dónde la esencia se mantiene viva
a pesar de una muerte a la deriva.

Tengo pensamientos
que sienten más que yo
y sufrimientos que matan
aburrimientos.

Sólo quiero ser un pájaro
para volar alto
sin miramientos.

Miro tus curvas…


Dibujo y kitô de Juan Machín. Modelo y musa: Karla Aguilar.

Miro tus curvas:

son unas catástrofes

matemáticas.

Amanece


Amanece un día

como tomando sorbos de niebla.

Sigo pensando en la pasión sin heridas

y la fragancia que me despierta.

Consigues desconectarme de miserias,

o del paso contundente de la vida.

Sigo en la orilla del mar

donde el cielo de pizarra se abre

y tú me desenredas de toda la arena cotidiana.

Aquí


Aquí, arrojado a las calles,

en el dulce dolor

de lugares desparecidos.

Te encontré,

salvaje de secretos,

salvaje también en tu mirada.

Eras el suave acontecimiento de una hoja,

como piel bajo la lluvia

que caías sobre la hierba.

Te convertiste pronto en susurro

dentro de mí.

Miedo y asco


El miedo oculta sentimientos nobles mezclados con la rabia de una inesperada sonrisa propia, y que no quiere irse.