La historia se mueve


Más que vivir la historia, ella es como un tren enorme que a veces nos envuelve con su ruido, y empequeñece las imágenes que realmente nos pertenecen: El contrato de trabajo, las horas entre apuntes de la universidad, el adiós a una ciudad, las vacaciones entre grandes montañas. No, eso no es lo más profundo de la historia. Es la inmensa barbarie que se esconde cuando sólo importa lo que se mide con riqueza y pasión ciega, y comienza a gritarse con descaro que deseas degollar la garganta de tu educado vecino. Es cuando la historia decide moverse sonriendo a vivos y muertos.

 

(Foto del autor)
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Opuestos irreconciliables


Dibujas la vera con la punta de tu pluma
y cuestiono si la frontera es real o hasta dónde
llega. Rechazaré todos los opuestos, incluidos a
los que me incluyen. No te buscaré para encontrarte.
No te encontraré aferrándome a ti, vida; aterrorizada
de muerte por perderte. Obsesionada a perderte, mal
de muerte. Manipulo los opuestos y controlo la frontera que
es una vera que esquiva y elude la atracción de norte y sur; de
todos los opuestos irreconciliables que viven en la luna y duermen
plácidamente en el sol. En los opuestos irreconciliables, nuestra ficción.

Sombras


Sombras al mirar tu noche,

sombras al mirar el espejo.

De esas sombras nunca acaban las lanzas

de hundir en la carne sus voces intranquilas.

Vestidos de azul


 

louie-martinez-470438-unsplash

Photo by Louie Martinez on Unsplash (CC0).

Nos vestimos de azul

como se visten las nubes

cuando solo quieren ser cielo

después de la tormenta.

 

Tumbados de espaldas en el prado,

inventábamos formas

ajenas al miedo.

Imaginábamos gatos, hormigas, casas, planetas,

castillos con fantasmas de sábana,

brujas buenas,

hasta el conde Drácula convertido en piedra.

Y relojes de arena,

y playas con olas,

y sin olas.

Tú viste una boca.

Yo vi unos labios.

Hasta divisamos a lo lejos una lengua.

pero besos…,

besos…,

no vimos ni un solo beso.

 

Verdades


Las derrotas con mieles siempre son prefabricadas

(los perdedores felices son para los cuentos).

Y mucho azúcar acaba provocando enfermos.

En cambio,

una verdad, intensa como una mirada,

no tiene demasiado dulce,

ni hace llegar el tiempo

de la vergüenza.

 

Fotografía del autor

Azul me envuelve


Por los que exhalaron en la arena

las heridas de cada jornada,

me escondí en un remoto lugar.

Allí donde todo es cristal

y me envuelve el azul.

 

Órdenes


El invierno de las almas

es demasiado largo en los egoístas.

Su maldad se disfraza de cuotas,

cumplidora acumulación y órdenes directas.

Consiguen premios y matar todas tus nubes.