El día del portero


Un día todos, cansados, se fueron. Incontable fue la gente que se quedó encerrada y llegó tarde al trabajo, lo que supuso un golpe brutal a la economía. La bolsa cayó en picado. Infinitas doñas se quedaron sin su psicólogo low cost, la inseguridad tuvo picos históricos; nadie estaba dispuesto a salir de su casa por miedo a que lo roben. Así se generó una sociedad ermitaña y aislada. Cada uno en su hogar, protegiendo lo suyo. Y así seguimos. Y así nos fue.
El mundo simplemente no estaba preparado para el día del portero.

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Opuestos irreconciliables


Dibujas la vera con la punta de tu pluma
y cuestiono si la frontera es real o hasta dónde
llega. Rechazaré todos los opuestos, incluidos a
los que me incluyen. No te buscaré para encontrarte.
No te encontraré aferrándome a ti, vida; aterrorizada
de muerte por perderte. Obsesionada a perderte, mal
de muerte. Manipulo los opuestos y controlo la frontera que
es una vera que esquiva y elude la atracción de norte y sur; de
todos los opuestos irreconciliables que viven en la luna y duermen
plácidamente en el sol. En los opuestos irreconciliables, nuestra ficción.

Sombras


Sombras al mirar tu noche,

sombras al mirar el espejo.

De esas sombras nunca acaban las lanzas

de hundir en la carne sus voces intranquilas.

Verdades


Las derrotas con mieles siempre son prefabricadas

(los perdedores felices son para los cuentos).

Y mucho azúcar acaba provocando enfermos.

En cambio,

una verdad, intensa como una mirada,

no tiene demasiado dulce,

ni hace llegar el tiempo

de la vergüenza.

 

Fotografía del autor

Azul me envuelve


Por los que exhalaron en la arena

las heridas de cada jornada,

me escondí en un remoto lugar.

Allí donde todo es cristal

y me envuelve el azul.

 

Órdenes


El invierno de las almas

es demasiado largo en los egoístas.

Su maldad se disfraza de cuotas,

cumplidora acumulación y órdenes directas.

Consiguen premios y matar todas tus nubes.

Poetas


Los poetas también se arrastran

entre barro, o calles sin asfaltar.

Como soldados heridos

o héroes de Troya.

Suelen abandonar las fábricas,

encerrándose en bibliotecas,

(entonces los cerrojos arden)

y callan sus secretos jugando con números.

 

Fotografía del autor.