Líneas


En la línea de tu espalda,

miles de incendios desatan

la revolución del amor.

Te reafirmas en tus logros,

no ves las tormentas,

y prosperan dragones

en horas olvidadas.

 

(Foto del autor)
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Desajar maravillas


Toco mi cuerpo como esponja.

Pasan mis manos maculadas
limpiando piel en cada abrazo.

Cada abrazo es promesa fecunda,
de las que vale la pena cumplir
para efectuar el milagro.

Pasan mis dedos
sobre la fina capa de hielo
que cubre mis labios.

Labios que me aseguran
que no decir nada es golpear
la puerta tres veces.

Cuando el impulso escrito indica
hender ese túnel y encontrar
maravillas al otro lado.

Piel


Hace tiempo que, en los palacios de oro,

ya no tienes la piel de esas noches.

El lunar donde cabe un mundo tan intenso.

Desmesurado, pero que me hace soñar

despierto, lo cual es un poco más de vida.

O todo lo que será felicidad.

Pero sí pienso en un calendario.

Ahora los zapatos se lustran con sangre.

(Fotografía por Kari Basanta, fotógrafa argentina, con permiso de la autora).

El vuelco


Escucharás el ataque del vuelvo.

Se abalanzará
y la avalancha caerá
como ola nevada de amor
sobre ti.

Él trepará todo
sobre la superficie.
No quedará más opción
que la profundidad.
Y con ella el enfado y la risa;
lo dulce y lo salado.

No habrá más que la hondura.

Escucharás el ataque del vuelco
y serás la única que sepa
aquello que lo remueve
repentina e inesperadamente.

Animales tras el muro


Entonces a ojos de los ángeles,

los del azul cielo y los del fuego eterno,

seremos animales agachados

junto a los muros de cualquier noche.

Y también de esos otros ángeles.

De los demonios que respiran tras el muro.

Foto Propia

Guirnaldas


Era yo y el barro

(así me engañaba),

después tú me encontraste

con miserables guirnaldas de autor,

adornando mi egoísta vida.

Tú fuiste mi precipicio,

mi lugar donde salvarme.

Tú.

Fotografía por Kari Basanta.

Línea de vida


Porque importa cada yo defendido con egoísmo,

esos juegos de ametralladoras tan luminosas,

de guerras en el televisor,

la angustia de un anciano que levanta la cabeza,

y pregunta: «¿Dónde estoy, dímelo por favor?».

Ese es el final;

el cariño que ya no lo esperas.

Fotografía de Kari Basanta @kari_basanta