En siete días


Se quejó la pena,
alejada.
La nada ríe
en un pestañeo,
acercándose.
Lo predecible celebra
con un brindis.
Levanta su copa
hacia la costa.
La brisa ventea
la cortina,
en señal de paz.
Llega a tierra
y muestra bandera:
garras de león,
medio corazón
y cadena anclada.
El marinero en su barco,
el faro cerca de tierra,
las noches de verano
y la luz estelar.
Y te veo suspirar,
cubro de rojo la arena.
Y tu miras hacia aquí,
poniendo rostro
al suspiro.

Todo cabe


Todo cabe en una noche de insomnio mientras duermes.

Todo espera.

Todo puede volver a empezar a la mañana siguiente.

Pero sigues encerrado.

 

(Foto del autor)

La aventura del amor


La aventura del amor

es recoger un poco de frío al coger una mochila,

y pensar en ti,

y reírse de esas miradas hieráticas.

Cansadas ya al principio de la mañana.

 

(Foto del autor)

Dolor psíquico


Fotografía por @theyoungQuevedo

Etérea es la dicha;

la capa fina de nieve agradecida,

y el día que nosotros sonreímos antes de cenar.

Etéreos hablan los árboles,

y los pensamientos son pompas enérgicas

que deberían ser una imagen.

a la que decir, “ya no existes”.

Etéreos son los días que felices veremos en la vejez.

Hay tanto dolor en el cuerpo que niega ser etéreo,

como miserable traidor, codicioso del cariño.

Día siguiente


Mañana
es el lazo
que hoy atas a tu pie derecho.
Con él
quieres anudar
los ciento volando
y cualquier escalada
a esta parte del plano terrenal
inclinado,
apuntando al infinito.

Mañana
vive con la esperanza
de la armonía armada,
de la felicidad cosechada,
de la tormenta perfecta,
de la explosión solar.

Mañana,
día siguiente,
de un hoy urdidor.

Como nubes iridiscentes


Una galaxia
de cristales de hielo
componen tus iris.
Giran
por ondas de atracción
sonoras
alrededor de tus pupilas
—fosos atrincherados
de defensa.
Caigo al agua.
Bebo de tu fuente de virtud.
Nadie regala la salvación.
Somos eventuales
como nubes iridiscentes,
como las vueltas
—transeúntes y flotantes—
alrededor de tus ojos,
como nuestro cruce de miradas.
Tan efímeros
que debo recordarlo
—y repertirme—
tras el primer filtro
de árboles y ramas a mi paso.

Semillas


 

 

Son las semillas del diablo.

Una encarnación del mal que quiere mancillar los sueños con objetivos.

Tenues,

resignadas,

se escuchan las disculpas egoístas como disparos.

 

(Fotografia del autor)