Recuerdo 1.1


Hay una vida de ángel

la que nuestras almas comparten en algún lugar ignoto.

No,

no voy hablar como esos románticos.

Soy un cobarde que se esconde tras frías estatuas.

Estaría arriesgando el orgullo que puede acumularse en demasiados años.

 

(Fotografía del autor).
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Gestación de autonomía


Foto: Gema Albornoz

Puede que nadie te vea,
hasta que tú te mires.
Puede que no encuentres el brillo,
porque tú seas luz.
Puede que, a veces, te escondas
—cada vez que seas laberinto.
Puede que siga pasando el tiempo,
solo, hasta que tú lo detengas.
Puede que suene la música
y tú seas alguna de sus notas.
Y puede, puede que cuando no te mires,
no te veas como luz, te líes como hilo
laberíntico y el tiempo te sobrevuele,
mientras canta. Y entonces, seas tú,
en ese momento, serás tú y no otra.
Serás tú y eso te bastará.

El nacimiento de Versus


Una voz habla,
una ola rompe
y mi mano derecha flota
entre la línea marina de mis pensamientos
y la lignina de mis hojas.
Extraigo el néctar de cada verso
—miel a mis labios—
aguardo en mi colmena
sin ser reina,
esperando por un poco de trabajo.
Mi mano se posa en el pétalo abierto,
escucho el rugir del mar
y la voz —esa voz— tararea el canto.
Nace otro poema —Versus.

Pequeña felicidad


Esa pequeña felicidad de ahora,

muere en un torbellino,

en ese cumplir acero cotidiano

(aquel que reportas sin descanso

sin pararte a mirar las nubes)

Ya que te ponen metas,

que terminas por creértelas.

 

(Foto del autor, Isla Kampa, sobre el Moldava)

Nacimiento de la diosa Soledad


Condenada al desconsuelo

se esconde en la oscuridad.

Sin proporcionalidad

amó y tanto retó al cielo,

y tanto, tanto amó al fuego

—guardó luz en su interior.

Ardiendo desde su flor

germinó el desasosiego.

El mundo


Bonito color el de las nubes hoy —tenemos que esforzarnos en verlo— pareciéndome unos labios surcados de fresas desde aquí abajo. Entonces salen esos buenos ánimos para un día entero, y proclamas que el hombre está limpio; es cuando crees que el destino está sin marcar y es cuando el aire se llena de colores que nadie ve mientras andas por las calles.

Aun hablando desde ese rastro de la creación, que atraviesa regiones no razonables del cerebro, existe ese aroma de una piel en una mañana de junio que lo cambia todo.

«Praga», fotografía del autor.

La supremacía de la verdad


Soltamos verdades
como migas de pan,
señalando el camino
nos aleja de —todo—
lo demás.

Una verdad a medias.
Una media verdad.
Una verdad completa
nos libera de —todo—
lo demás.

Una verdad engañosa
extendida en la visión,
accediendo directa al fondo
—consciente evolución.

Una verdad privilegiada
cómplice del engaño:
la verdad de otro
no es la mía.
La mía, por serlo, es —más—
más verdad.