Espectros


Los espectros no vienen solo de noche,

son los que hablan de bonus,

estadísticas y frías líneas de logros.

Mientras gritan en plena mañana su eterno mantra productivo.

 

(Fotografía del autor)
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Relámpagos


Un estruendo azota mi cara
—tu belleza irrumpe—
las luces dan forma a tu figura
—‎es descomunal—
una silueta generosa y jovial
—soberbia y natural—
hace añicos mis palabras.

Te mueves en mi mente
—estática y eléctrica—
primero tus piernas separadas
—‎multiorgásmica y angelical—
luego tus labios, tu mirada y tú
—‎nada dices, aún así eres murmullo—
eres toda al desafiar mis ojos.

Dónde están mis fuerzas
—acaso en tu esculpida garganta—
las palabras son lenguas vivas
—sobrepasada por mi boca—
acuden a tu cuerpo venerado
—esperas mis dientes—
entonces muero de solo mirarte.

Tu rostro de amor duele
—el gozo emana por los versos—
en tus ojos el llanto de tanta mirada
—se desliza en cada verborrea—
de tus labios la triste rabia
—‎adjetivas la añorada juventud—
deshaciéndose en mis palabras.

La danza de la lluvia


Plegaria jamás dicha
—pasaporte de cada día—;
¿alguna vez podrá ser realidad
el baile de la alegría?

Cae la lluvia.
La necesidad de la tierra es otra.
La necesidad de la tierra es mía.
Por eso cae la lluvia tras mi canto.
Yo no creí. No supe del poder
de un grito, del desgarro profundo.
Nunca fui testigo de un milagro.

Mi corazón carga el gozo y mis ojos
viajan, pasajeros de la lluvia, al sur.
Un mar de fango, al fondo. Beso una película
de esa masa absorbente que me llama. Yo no creí.
No supe que acabaría con la negritud del pozo. Yo no creí.
Pese a ello, canté sin esperar la danza o el asombro.

El poeta…


Para el poeta, expresar y escribir sus líneas
es una tristeza, un sufrimiento. Pues, esa triste alegría
y ese dulce sufrimiento, lo goza, lo vive, lo siente
y lo enfrenta en la vida y en el amor, sin poses, tal cual.

Sin miedo a sentirse más solo que el mundo,
con una alegría entre pecho y espalda, algo que asfixia,
algo reprime, algo como una alegría muerta más o menos.

El poeta vive la vida y la muere al instante,
se levanta nostálgico y se acuesta alegre.
Revisa páginas y recuerdos en los que transcurre su vida.

Escribe diáfanas sentencias de amor, versos de rabia,
líneas de dolor y formas escabrosas de maleable pasión.
Conjeturas locas que le da por escribir,
para encomiar y evocar su existencia y la vida misma.

Yo vi la vida pasar


Yo vi la vida pasar

y tan rápido que iba

no la pude detener.

Al principio me miró

—directamente a los ojos—

ofreciéndome mil cosas,

de hermosos y diversos colores.

Prometió una niñez rosada

en los brazos de mis padres,

llena de cuentos de hadas,

princesas y caballeros andantes.

Luego me haría volar

en el lomo de Pegaso,

tocando miles de estrellas

en el cielo y en un mar

azul turquí.

Me presentó los poemas

para hacerme suspirar:

Béquer, Darío y Neruda,

en sus letras aprendería

a llorar por el amor.

Con Allende, Grisham y King,

me ha enseñado el bien y el mal,

la esencia de la existencia misma,

el lado oscuro y profundo.

Cerré los ojos un segundo

y la vida se me fue,

entre páginas de libros

y algunas que quise escribir.

Camino sobre hojas secas

de variado colorido

en este largo —corto—andar,

que la vida me ganó

—siempre correrá más rápido—

y su paso no se detiene,

ni para esperar por mí.

https://pixabay.com/en/autumn-road-fallen-leaves-wet-2182019/

autumn-2182019_960_720

Todo se consuma


Una mujer reducida a su memoria,

llevada en volandas a un frío lugar

a la hemeroteca del olvido sin felicidad.

A la cocina oscura,

más oscura aún en su mente.

A las historias de éxito en el televisor.

—Toma miel y limón,

que tu voz sea limpia

y desde donde tú me hables

pueda oírte entre crespones blancos.

La piedra encendida


rhodochrosite, quartz, chalcopyrite

«Rhodochrosite, quartz, pyrite», por Géry Parent (CC BY)

«¡Evoca! Recuerda tu muerte.

Piensa bien lo que fuiste

y lo que nunca serás».

Zósimo de Panópolis

 

I

¡Comprende! Comprende, alquimista.

Si no la alimentas,

la piedra no crecerá.

 

¡Nunca! Nunca abandones la obra.

El sol se consume y emana esplendor.

No lo abandones, no lo dejes apagar.

 

II

¡Completa! Completa la piedra.

Ve y cámbialo todo

con la invariable sustancia.

 

¡Recuerda! Recuerda, alquimista.

Cuando la paz tú tenías.

Cuando la piedra aprendía.