Brevedad


La aceleración,
metáfora de tiempo fugaz,
perfora tu distancia.
Me hace añicos.

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Héroes


Bajas la persiana / Cierro la puerta.

Tu sonrisa rebota en las paredes

como en una caracola.

Jugamos

a las penumbras y somos niños otra vez.

Sombras que se buscan

en la oscuridad

absoluta

donde los espejos son inútiles

y los yos se pierden.

Nos abrimos, nos abrimos como plantas a la luz

a través del eco de nuestras palabras:

—¿Dónde estás? —digo.

—No sé dónde estoy. Marco.

—Polo.

—Marco.

—¿Sabes una cosa?

—¿Qué?

—Que los pulpos tienen como ojos en la piel.

—¿Sí?

—Sí. Por eso pueden cambiar de color.

 

A tientas, entre las estanterías, entre los libros;

sí, sobre todo entre los libros, te encuentro en una radio

cuando le doy al “ON”

y suena una guitarra.

Shhhh Escucha

somos el sonido de esa guitarra

(de Bowie

en Heroes)

Y nos buscamos.

Nos buscamos a través de los pasillos, por las sillas, por las mesas

como dos sombras sedientas

de un solo cuerpo.

Cruzamos puertas cruzamos espacios

inmensos

con nuestras manos

a tientas

donde todo es miedo y arista y esquina y dolor.

Pero nos necesitamos

>We can be heroes >

como necesita la alegría a la muerte.

We can be heroes. Just for one day.

—Marco.

—Polo.

—¿Sabes otra cosa?

—¿Qué?

—Que los pulpos también tienen como bocas en los tentáculos.

—¿Sí?

—Sí, así saben sin ver si necesitan aquello que… Oye.

—¿Qué?

—¿Esto que hay en el suelo es tu jersey?

—Sabes mucho de pulpos pero poco de mujeres. Eres muy tonto. ¿Lo sabes?

—Sí.

 

Nadamos por las paredes sobre el sonido de las plantas.

Nadamos >Like the dolphins, like dolphins can swim>

Y sigo tus huellas.

Y venteo tu presencia como un animal

hasta que desnudos

los árboles en invierno

los seres que nacen

nos encontramos nos encontramos

apenas

en un roce una brisa un abrazo

un abrazo  (de pulpo —pienso—)

 

absoluto

 

como si solo hubiéramos sido creados para este momento.

 

>We can be heroes>

>We can be heroes. Just for one day>

 

La báscula


Foto Denny Müller

Fotografía por Denny Müller, en Unsplash (CC0).

Esta báscula marca el peso
de todas tus cosas:
de los pantalones,
del jersey,
de los calcetines
y de tu pelo
lacio,
pero también de esta boca inerte
y sus palabras mudas;
y del entrecejo,
y del aire que inspiras
como un pez,
en cada bocanada
de aire,
y de la carne
vencida;
y de los calcetines,
y de la camiseta,
y del último sorbo de café de la mañana
y del primero,
pero también de la memoria
que te pesa,
y del abrazo que no diste,
y del abrazo que no diste,
que aun de muerto no pese,
también pesa.
Y de tus huesos
y de los órganos
heridos de recuerdos;
también sabe su peso.
Y del sonido de tu voz
extraña,
y de este rostro en el espejo,
y de estos ojos
sin lágrimas;
la báscula también marca el peso de esas lágrimas,
las que están sin estar;
esas,
esas lágrimas,
siempre pesan más que tus zapatos.

Mayca Soto. El Gris de los Colores.

Ojos intermitentes


Crocoite_from_the_Dundas_extended_mine,_Dundas,_Tasmania,_Australia

“Crocoite from the Dundas extended mine, Dundas, Tasmania, Australia”, por JJ Harrison (CC BY-SA 2.5)

“Ni en el ambiente,

ni en lo que ven tus ojos.

La respuesta está en aquello,

en la gran obra, la tuya”. 

Cleopatra la alquimista

 

¿Qué ven mis ojos, ahora que mi vista ha vuelto?

Una restricción y un juramento.

Árboles de mango. Un par de pájaros en el alambre y otro más allá.

Una gran obra. Aprendizaje.

 

¿Qué ven los ojos de un prisionero de guerra?

Miseria. La muerte que vigila. El eterno plan de huida.

El último escape.

Desesperación. Culpa.

 

¿Qué ven los ojos de un muerto?

Nada.

Nadie.

Nunca.