Allí caen las estrellas


No seremos inmortales,

las palabras que escuchas proceden de muchas tierras,

escucho esa música junto a ella.

Siempre pensando en sus hombros y su mirada.

Allí caen las estrellas en verano.

Foto del autor. Lucerna Suiza.
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En el Jardín de las Adelfas


Tiempo atrás, el lirio blanco se balanceaba
entre las zarzas. En el Jardín de las Adelfas
entre nardos y azucenas, bailaban rosas,
claveles, celindas, pensamientos, narcisos
y cardos. Dos pasos errantes destrozaron
gran parte de sus ramas mas el lirio se
recompuso. Llenaba su pequeña corola de
agua, allí vendrían los gorriones a beber
llevándose las perlas de su cabeza entre
sus piquitos dorados. Sus maltratadas hojitas
no servían para lucirse, aunque taparan a las
hormigas de las lluvias más violentas. Las hormigas
agradecidas, regalaban a su tronco una lluvia de
cosquillitas de cerezas.Tiempo atrás, al lirio
blanco lo quisieron cortar para ponerlo en un
jarrón de cristal. Prefirió hacerse invisible
haciéndose una lamparita para todos los insectos
voladores y hormigas que ansiasen verlo brillar.

Engaño


El amor, el odio
la tristeza, el podio
es todo lo mismo
es dejar de ser lo que uno es todos los días
es ser un poquito más feliz
un poquito más triste
ahí sí, justo ahí, perfecto.
Es callar a la bestia. Es engaño.

Pena


Che farò lontan da te pena dell´anima
Vinicio Caposella

Esta tarde morada
como una piel de elefante,
se incrusta a la ventana
y apoyo mi frente sobre ella,
absorbiendo todo el frío
y la sensación
de que la libertad es una sombra
a nuestra espalda
bajo el sol.
O incluso
una pequeña lámpara
verde de mesa
que ilumina en silencio
un salón de madera
vacío de personas.

Nadie las ve,
tampoco las admira.

Tiene además la libertad
el mismo perfume
−nítido y abrasador−
de la lejía
que se adhiere a la piel
tan fuerte
como el recuerdo
de un padre que no cojea
y una madre
que no se sienta
para evitar estorbar.
Y ahora
que se ha consumido
esta libertad
tan de repente
como desfallece
una ola bajo la arena,
ahora
que soñar es recordar
unas palabras
que ya no suenan
pero que se hacen inmensas,
ocurre que los minutos aparecen
colgados de un árbol
−como deshidratados−
y pierden precisión
al caer todos ellos
lentamente
al acariciarlos.

Y resulta entonces
casi imposible escucharlos
cuando golpean contra el suelo
y se arrastran para arrancar
todo el veneno
que llevo
por no haber gritado menos.

Maldiciones


Maldiciones,

para quienes tienen un cerrojo en la frente,

invisible y enrevesado.

Como hambrientos pulmones

de niños aún soñando,

a los que despierta un mutilado lobo.