Promesa

Promesa


21 versos de una revolución


Fotografía de Carlos Mauricio Fuentes

1

Una tarde enfrentó su destino
con hidalguía
y dijo adiós.

2

Salió a la calle
y se entregó a la orgía de la lluvia,
que salpicaba los edificios
con el desparpajo de siempre.

3

Tomó el tranvía
y se sentó a disfrutar el tránsito y la gente,
observando el brillo de sus pupilas ocres
reflejarse en las vidrieras azules.

4

Cerca de la biblioteca,
abandonó el periplo estático del tranvía
y se deslizó por las escaleras de mármol
hacia su sitio secreto de lectura.

5

Del sexto anaquel hacia la derecha,
extrajo un libro de cuero curtido,
envejecido en sepia,
enmudecido de todo tiempo.

6

Cada hoja era un compendio
de hermosos poemas escritos
por diversos poetas proscritos,
allí,
en su país de porcelana.

7

Sabiendo que realizaba una acción prohibida,
decidió transcribir todos los poemas,
temiendo que el destino del libro
fuese una cruenta hoguera.

8

Cuando terminó de copiar los poemas,
sintió las miradas morbosas de la gente,
rodeándola como un cerco acusatorio,
inflexible.

9

Salió presurosa de la biblioteca,
apretando las hojas
entre su cuerpo y el impermeable,
seguida por un corrillo de voces
persecutorias.

10

La lluvia caía persistente
sobre los escalones de mármol.
La ciudad parecía vibrar
bajo las nubes negras
de la censura
y la ignorancia.

11

No dudó en alejarse rauda
de ese lugar
y de las miradas indiscretas
de la gente
que percibió
el quebrantamiento social
de reproducir poesía.

12

Las hojas llenas de poesía.
La lluvia insolente.
Los ojos fijos en las veredas
y en las personas grises
escondidas
tras los paraguas negros.

13

No escuchó el disparo.
Pareció el murmullo
de un trueno.
Explotó su cuerpo
en una nube rosa
salpicada por el vuelo
de un millar de poemas.

14

Cayó al suelo
antes de la muerte.
Las hojas blancas
se tornaron negras,
lavadas por la lluvia,
la tinta y la sangre,
desparramándose todas.

15

Nadie vio nada,
nadie dijo nada.
El cuerpo quedó,
ensangrentado,
sobre el pavimento mojado
por la lluvia.
Las hojas y poemas,
allí muertos.

16

La policía de la supresión
apareció en esa escena de muerte
y se ocupó,
afanosa,
en hacer desaparecer
las hojas escritas
de puño y letra.

17

El cuerpo muerto,
la poesía escrita,
eliminada.

Pronto el libro oculto
en la biblioteca
sería quemado.

La poesía seguiría prohibida.

18

El cielo de la noche
oscureció la ciudad.
Y la lluvia borró toda huella
de lo sucedido.
No habría lugar
para la poesía.

19

No habría lugar abierto
para la poesía,
al menos no
en esa ciudad.
No sin libertad.

20

Una tarde enfrentó
su destino
con hidalguía
y dijo adiós.

Su vida
por la poesía.

Su intento fallido
fue la promesa en flor
de la revolución.

21

Su vida por la poesía,
su vida una revolución.

Alejandro Cifuentes-Lucic ©
En Salto Al Reverso
2013

@CifuentesLucic

@Saltoalreverso

Fotografía: “Mujer encapuchada”. Original de Carlos Mauricio Fuentes en http://bit.ly/17HyqK9.