La paradoja de Schrödinger


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Ilustración por: Jie Qi

Estoy y no estoy.

Vivo y soy los extremos.

Muero y me vuelvo los medios.

 

Me veo al espejo y,

al no verme, me doy cuenta

de que existo y que no.

 

Me percato,

al ver mi cuerpo desgastado,

de que estoy muerto y vivo.

 

Y veo que soy un ser capaz

de una gran bondad

y de una muy afilada crueldad.

 

Brillo y no brillo.

Curo y enveneno.

Amo y no amo.

 

Por años busqué definir

a qué extremo

pertenecía yo.

 

Tomó mucho tiempo saber

que la verdad estaba

en todos y en ningún lado.

 

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El tiempo absoluto y la línea directa (sueño)


Hace poco que volvieron mis sueños, después de una larga sequía. Entonces, pesadillas de muerte; entonces, persecuciones de asesinos; y yo, ocultándome para proteger mi vida. Todo eso.

Pero lo que pasó anoche… Tengo que obligarme a ponerlo en palabras porque pienso que es importante, esencial. Creo que entendí un mensaje superior sobre cómo funciona esto: la vida, la muerte, el mundo.

Dormía, en un sopor profundo. Quizás esto podría ser atribuible al delirio de la enfermedad, pero nada de esto lo he inventado. Soñaba. Y advierto que las imágenes son lo de menos: lo importante es el sentimiento.

Subía las escaleras hacia un lugar lleno de seres, lleno de cosas. Un supermercado, podrían llamarlo. Pero no.

En lugar de gente, había espíritus. No eran personas de carne y hueso. Había seres que eran muerte y uno de ellos me hablaba directamente. Su rostro tomó la forma de una calavera, para que yo pudiera reconocer quién era.

No pronunció palabra pero me dejó en claro lo que vendría, lo que sería, lo que ya es… en los distintos planos del tiempo que no corre lineal sino que existe siempre a la vez: absoluto. Y aquello que pasaría era la muerte de todos, la muerte de todos mis hijos, de todo lo que alguna vez amé. Y el dolor. Y el sufrimiento.

Me pareció una amenaza de muerte, aunque no lo era. Ahora veo que simplemente era la confirmación de un hecho que será, más bien, que ya es: la muerte de toda mi familia, de toda mi descendencia. Y comencé a gritarle. «No, no». «I hate you». No creo haber gritado más fuerte en un sueño. Desperté aún con los gritos (mudos) en mi garganta.

Sin embargo, pese a todos mis gritos, todo eso sucederá.

(Y esto me recuerda a aquel cuento que leía tanto de niña, el de la pequeña alma en una planta de azafrán…)

Tras conciliar de nuevo el sueño, experimenté algo para lo que no tengo palabras exactas, pero que intentaré describir. Era un estatus distinto, un plano distinto de la existencia. Era como estar muerta.

Todo brillaba en amarillos. Yo era, pero no tenía mi cuerpo ni era mi mismo ‘yo’. No tenía cuerpo en absoluto y estaba dentro de una consciencia colectiva que me lo comunicaba todo. Lo sabía todo, sin necesidad de palabras, letras, mensajes. 

Pero, «¿y si yo quiero decirle algo a alguien?», pregunté al ser superior invisible. «¿Mandarle algún mensaje? I mean, comunicación uno a uno». Trataron de explicarme que no era necesario nada más que expresarlo, pero no pude creer.

Ya he experimentado lo que es comunicarme con alguien sin palabras y sin presencia física de por medio ; y mis manos y mi boca han servido para transmitir mensajes que no provienen de mí.  Pero esto era distinto: era estar inmersa de lleno en la experiencia.  Así que no creí, y seguí pidiendo un medio.

Por tanto, ellos me dieron un trozo de vidrio transparente para que lo usara como ‘medio’ de comunicación. Si quería creer que eso era necesario, dijeron, podía sostenerlo frente a mí y utilizarlo como canal para hablar con alguien.  

Y entonces descubrí que el artefacto era inútil, inservible, una patraña. Como todo lo que sucede aquí, como todos nuestros medios terrenales.

Hay una línea directa entre almas.

La vi.

Carla ∞

Imagen: SXC

Imagen: SXC