Cautiverio


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«Pavo real», por Ignacio Sanz (CC BY-ND 2.0)

El animal encerrado pierde la noción del tiempo.

Frustrado, con el cuerpo en alerta y la mente afligida,

da vueltas en su jaula sin saber qué hacer.

 

El animal encerrado se irrita, pierde la noción del amor.

Confundido, con las lágrimas trabadas en sus ojos,

da vueltas en su jaula sin saber qué hacer.

 

El animal encerrado llora, pierde la noción de la libertad.

Despierta presa del insomnio y, cansado,

da vueltas en su jaula sin saber qué hacer.

 

El animal encerrado no quiere morir, solo quiere descansar.

Presa del delirio del encierro se autolesiona y, anestesiado,

da vueltas en su jaula sin saber qué hacer.

 

El animal encerrado, añorando, ve la luz de afuera.

Desea, por un instante, ya no dar más vueltas en la jaula.

El animal encerrado fantasea con poder correr rápido hacia ella,

poder correr sobre la luz y consumirse….

… en miles de brillantes

… e irreconocibles…

pedazos

… de sí mismo

.

.

.

Pero sigue opaco, reconocible, entero.

Sigue encerrado, el pobre animal muerto.

Un cadáver con apariencia de estar vivo.

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La piedra roja


The Searchlight

«The searchlight, rhodochrosite crystal», por Eric Hunt (CC-BY 2.5).

«Existe una piedra que no es tal piedra.

Un objeto precioso que carece de valor.

Un ente multiforme que no tiene forma.

Una cosa desconocida que todos conocemos».

Zósimo de Panópolis

 

La muerte llegó.

La sangre fluía y mi vista se nublaba.

Era cierto. Era mi fin.

 

Un fantasma blanco apareció.

Se veía como yo y me tomó la mano.

El fantasma me dijo que era mi alma.

 

Y mi alma, el fantasma, me preguntó:

«¿Quién eres y qué necesitas?».

Y no supe responderle quién soy.

 

Él me envolvió en una bola de neblina plateada.

Y durante un período sin tiempo

se dedicó a sanarme.

 

Salí de aquel capullo etéreo

y vi con nuevos ojos el mundo.

Y al fin estaba listo para responder.

 

Le respondí:

«No recuerdo quien soy.

Pero sé lo que necesito».

 

El fantasma dejó de ser una bola de niebla

y me preguntó:

«¿Qué necesitas?».

 

Le dije con urgencia:

«Una ventaja, un arma, algo con que ganar.

Un talento, un poder, algo con que proteger

todo aquello que amé».

 

Mi alma me tomó de las manos

y empezó a llorar sangre sobre ellas.

El fantasma se desvanecía conforme lloraba.

 

La sangre no podía derramarse de mis manos.

La sangre se convirtió en una piedra roja.

El fantasma se convirtió en una piedra roja.

 

Y dijo sus palabras finales, antes de irse por completo:

«Yo soy tu alma, tu ventaja, con lo que vas a ganar.

Soy tu talento, tu poder, con el que protegerás

todo aquello que amé».

 

Y lloré, y entendí. En practicante me convertí.

Ese día volví a nacer. Ese día volví a ver.

Y solo vi dos palabras: Opus Magnum.

Frascos


«Mar azul», por Crissanta.

 

Azul y frío,
así es ese recuerdo:
un mar delicado
surcado por hielo

que no responde al grito
o a los ruegos
bello y mudo,
atesorado.

Junto con el resto,
lo guardo en un frasco
de vidrio templado,
de cristales de llanto.

He coleccionado
cada triunfo sobre el daño.
He ordenado
el caos en frascos:

Allí está ella,
la que apenas despierta,
que se retuerce en miedo
y en alerta.

Está la que miraba a la ventana…
y sus trazos en escarlata.

Está la huida desastrosa.

El levantamiento de falsos,
el juicio y el fallo,
la cruel sentencia.

El vestido blanco.

Están, en los frascos,
gritos acallados
de terror paralizado
y el silencio forzado.

Los llené de lágrimas
y revelaciones,
de temblores
incontrolados.

Grité en su boca
maldiciones,
aullidos animales,
murmullos indescifrables,
lamentos de tristeza
y arranques de demencia

durante muchos años.

Y los frascos se llenaron.
Y las memorias se curaron.

Yo guardo los recuerdos
como triunfos
sobre el caos.

 

«Frasco», por Crissanta.

Terror


Hay un ruego ahí,
una petición
desesperada,
pero imperiosa.

«Por favor, no».
Y no hay forma
de cambiar de opinión.
«No me lleves ahí».

Las manos que se estrujan,
la mirada que se desvía
hacia el terror.

«¿Dónde allí, corazón?».
Afuera…
afuera de aquí,
afuera de mí.

Y de golpe
ya no sé
si ella teme más
salir
o yo aborrezco más
entrar allí.

Flor amarilla


«Yellow flower in the dark», por Larm Rmah (CC0).

 

Yo nací solitaria,
nací del mar,
como una planta que crece
desde la sal.

Una flor amarilla
en medio del mar.

Soy el océano encerrado
en una habitación.
Yo aprendí del oleaje
azotador.

Soy olas que golpean
contra las ventanas.
Soy vida que combate
la puerta cerrada.

Yo nací solitaria,
nací del mar:
una flor asustada
en medio de la nada.

Raíces marchitas
a causa de la sal.
Una flor amarilla
en medio del mar.