No quiero rendirme fácilmente


No quiero saber nada por ello

de lo inmediato, lo fácil, el paso suave,

y la acumulación.

El pelo mojado quiero,

la carrera loca que trunca el aliento

y te acerca al abismo.

Llevarme los árboles caídos sin pudor.

No me importa ser rechazado

y pringarme con la risa adherida

de perseguir un imposible salobre.

Necesitaba que existiera en algún banco sentada,

saberlo aunque reme en galeras,

dentro de su estela iría la nave capitana,

mientras gano la espalda al futuro,

sin ensuciar un hálito de la llamada felicidad,

y por tanto venciendo al tiempo la partida.