El reencuentro con Ricardo Molina (Reseña por Gema Albornoz)


Nota del editor: Gema Albornoz, autora de Salto al reverso, comparte en este espacio su experiencia como asistente y entrevistadora en el V ENCUENTRO DE POESÍA, MÚSICA Y PLÁSTICA, en Puente Genil, Córdoba, España, en el que se rindió homenaje al poeta Ricardo Molina. 

«El arte es una pausa, un encuentro de sensibilidades», afirmaba el escritor mexicano Doménico Cieri Estrada. Coincidir en el tiempo, y en el espacio, para ser testigo de ellas es tener la posibilidad de ampliar el mundo, el que nos rodea y el que se inicia en nosotros mismos. Durante los días 31 de mayo, 1, 2 y 3 de junio tuvo lugar una interrupción espaciotemporal en Puente Genil, Córdoba, España. Allí se marcó un paréntesis en el homenaje al poeta pontanés, Ricardo Molina, uno de los promotores de Cántico, el grupo poético cordobés en la posguerra española. La convergencia de artistas, flamencos, cineastas, de exposiciones biográficas y fotográficas, de investigadores y sobre todo, poetas y amigos, haciéndose eco en un nombre: Ricardo Molina. (Fig. 1)

Fig. 1: Cartel del V ENCUENTRO en Puente Genil, Córdoba. Diseñado por Adriana Manuela Ruiz Gómez.

 

Antonio Sánchez Molina (Fig. 2) cedió todo un conjunto de objetos personales de su tío abuelo, Ricardo Molina, entre lo que pudimos deleitarnos con el legado epistolario del autor, plumas, tinteros y su colección de revistas Cántico. Coincidir con él allí, en la presentación, donde dibujó un perfil de su tío abuelo desde la perspectiva más íntima, «hablando de su vida con rumor fugitivo»[1] fue poseer una acreditación de testigos únicos del momento.

Fig. 2: De izquierda a derecha: Antonio Roa, organizador del V ENCUENTRO, Antonio Sánchez Molina, sobrino nieto de Ricardo Molina y Esteban Morales, alcalde de Puente Genil. Cedida por: Antonio Sánchez Molina.

Aprovecho, ahora, para compartir mi entrevista con él.

¿Qué magnitud tiene que en este V ENCUENTRO DE POESÍA, MÚSICA Y PLÁSTICA se homenajee a su tío abuelo, Ricardo Molina?

Todos los homenajes son bienvenidos y, en el marco de este año tan especial en el que se celebra el centenario de su nacimiento, es el momento ideal, más aun viniendo de un colectivo de aficionados de la poesía como la Asociación Cultural Poética, lo hace aun más interesante. He asistido a algunos homenajes a mi tío abuelo, desde el que se le hizo en 2007 en Córdoba hasta el organizado en febrero por el ayuntamiento de Puente Genil. Quizá de carácter más académico, así como el que su instituto, el Séneca, le brindó a primeros de año, también muy emotivo por la presencia de profesores y alumnos del lugar donde pasó sus últimos años de docencia. Pero este encuentro lo ha tenido todo… poesía, aspectos académicos, música, baile, cine, exposición… y emoción a raudales. No tengo más que palabras de agradecimiento para todos vosotros, porque se nota que habéis puesto el alma para que todo saliera como ha salido finalmente. Y en especial, agradecimiento infinito a Antonio Roa, por su contagioso entusiasmo sin el cual estoy seguro de que nada de esto hubiera sido posible.

 ¿Considera necesaria la reivindicación de la figura de Ricardo Molina como poeta y flamencólogo en su pueblo natal?

Por supuesto. Aunque me dé vergüenza admitirlo, ya que hice la carrera de Medicina en Córdoba, yo no conocía Puente Genil hasta que fui invitado en febrero por el Ayuntamiento al I Centenario Natalicio, y me llamó poderosamente la atención la cantidad de menciones a mi tío abuelo en su pueblo… una calle, una plaza, un parking, una asociación de vecinos, la plaza Cántico con su árbol, y por supuesto, la biblioteca municipal. No se puede decir que no sea profeta en su tierra. Así que, ¿cómo no va a ser necesaria la reivindicación del poeta Ricardo Molina y del flamencólogo Molina en la tierra del insigne Fosforito? La muerte prematura de tito Lito (que es como le conocíamos en nuestra familia) hace necesarios actos y homenajes para difundir más su obra y hacer «justicia literaria». Espero que éste sea el inicio de una nueva etapa entre Puente Genil y Ricardo Molina. Lo corrobora el hecho de que el Ayuntamiento se haya interesado en la adquisición de su biblioteca personal. Pude visitar, de la mano del Concejal de Cultura, D. Pablo Alfaro, el lugar donde quedaría alojada en las instalaciones de la biblioteca, y no puede haber sitio mejor. Ricardo estaría muy orgulloso.

¿Qué criterio ha seguido para seleccionar los objetos personales para esta muestra expositiva «Ricardo Molina: objetos de la memoria»?

Me asesoré con Olga Rendón en los aspectos más literarios, haciendo ella la selección de las cartas y manuscritos. Los objetos personales los elegí yo mismo. En principio, fui un poco más restrictivo, pero a medida que iba catalogando iba aumentando el contenido, de tal manera que al final ha quedado la exposición más extensa que nunca se ha realizado. La selección de cartas y documentación relativa al flamenco me la recomendó Juan Domínguez Tocino, primo de mi mujer, que ha realizado un gran trabajo de catalogación, e incluso digitalización, de todo lo relativo a sus estudios flamencológicos. Aprovecho la ocasión para agradecerles públicamente su desinteresada ayuda. De todas maneras, lo expuesto es un botón de muestra del extenso archivo personal de Ricardo Molina porque era una persona que lo guardaba todo.

Haciendo un recorrido por la obra de Ricardo Molina, ¿cuál es su poemario favorito?

Sin duda, las Elegías de Sandua. Aunque soy más de ciencias que de letras, y nunca he sido un gran lector de poesía, he de confesar que cada vez que las leo, me enganchan más y más.

En su opinión, ¿qué elementos poseía la obra de Ricardo Molina para seguir en la memoria a pesar del «olvido»?

Una pregunta difícil de responder para mí, profano en la materia, pero cuando he escuchado a eruditos de la literatura y a poetas y lo comparan y ponen a la altura de grandes de la literatura como San Juan de la Cruz o Bécquer, creo que ahí tienes la respuesta. Escuchar estas comparaciones dan un poco de vértigo, y engrandecen la sombra de la injusticia literaria que cierne sobre vuestro ilustre paisano.

Sigue leyendo

Transmutación


Concierto para piano nº 2 en Do menor de Rachmaninov. Vinilo en perfecto estado. La piel erizada y mi cuerpo transpirando. Una obra sublime y trágica. Se funde el dolor orquestal con el vodka helado. Apago la penumbra al descorrer las cortinas. Ana.

Reencuentro con las tardes de verano en el pueblo. Con las miradas calladas de azul líquido que nunca supe leer. Con mi miedo. Me sirvo un tercer vodka, lo puedo tolerar. Me fascina su densidad de cristal entrando en la copa. Relajo el espíritu. Dentro de dos horas he de recogerla en “Puerta de Atocha”.

La ducha helada como el vodka, quema los fantasmas. Hoy no quiero ser Matías. No deseo borrar sus ocelos. Anhelo descubrir el secreto de sus ojos. Inventar una historia que nunca existió, cambiar mi pasado acaso por una noche.

Sé que nunca dejaré de ser Matías… pero Ana me espera y esta noche cruzaré el espejo e inyectaré de humanidad mi sangre. Las mariposas permanecen ocultas.