El sarcófago de los reyes I


«Brown wooden ankh on brown surface», CC0

El Alquimista del mar siguió cargando la piedra de su padre hasta que, luego de casi un año, esta pudo finalizar las reparaciones de emergencia que le permitieron al Alquimista marino sobrevivir en el exterior sin respirador y sin el soporte médico de la piedra filosofal incompleta conocida como La concha marina.

El proceso de cargar la piedra era bastante exigente para el cuerpo del Alquimista del mar, que pudo mantenerse sano gracias a su entrenamiento y a que siempre tenía ánima de reserva acumulada en su piedra filosofal incompleta conocida como La perla negra. Pese a esto, para él fue un gran alivio detener el proceso de carga.

Luego de que La concha marina enviara una instrucción clara al Alquimista de mar, este detuvo el proceso de carga y, horas más tarde, el Alquimista marino volvió al exterior. El Alquimista del mar quedó en shock al ver el estado en el que se encontraba su padre. Pero, inmediatamente, se preocupó al comprender lo realmente importante.

—¿Quién te hizo esto, viejo? —preguntó su hijo, sin preocuparse por el protocolo.

El Alquimista marino, ciego de un ojo, en silla de ruedas, con quemaduras internas y una cicatriz que indicaba la pérdida de su pulmón derecho, respondió sin titubear.

—Una practicante de vudú conocida como Jorōgumo. Me paralizó con una técnica y me apuñaló con cuatro cuchillas que no alcancé a ver. Eran invisibles de alguna manera.

—¿Invisibles? ¿Pero no las pudiste sentir? —preguntó con asombro el Alquimista del mar.

—No, solo pude sentir la sed de sangre impregnada en algo que no podía verse. Pero estas son heridas de katana, estoy seguro —respondió el Alquimista marino.

Al Alquimista del mar le costaba creer que existiera un practicante de vudú lo suficientemente hábil como para dejar a su padre en ese estado. Se había topado con algunos a lo largo de su vida, pero nunca sintió que representaran un riesgo tan grande.

—¿Cómo era ella? —preguntó intrigado.

—Ya habíamos peleado antes, la derroté y la mutilé con una de mis técnicas de espada hace algunos años. Pero volvió con una extraña apariencia. Tenía un brazo de araña en lugar del que le corté y un parche con una piedra negra.

—¿Algo así como una piedra filosofal que amplifica la sed de sangre?

—Su funcionamiento no se parece en lo absoluto, intenté robarle una de esas piedras negras en nuestra primera pelea pero logró escapar con ella. Cuando volvió, ya tenía cinco en su poder. Una en su ojo y dos en cada costado. Pero, en esencia, es como dices, de alguna manera su sed de sangre aumenta mucho por cada una de ellas.

Ambos alquimistas callaron por un instante. Pero el Alquimista marino rompió el hielo diciéndole a su hijo que si deseaba ver todo con detalle, podría acceder a las grabaciones de vigilancia de La concha marina. El Alquimista del mar prefirió tomarle la palabra antes que continuar con aquel silencio incómodo. Luego de ver las grabaciones de las peleas de su padre contra Jorōgumo, entendió por qué terminó en esas condiciones y tuvo miedo de que alguien tan peligroso como ella estuviera suelta.

***

Cada noche, el Alquimista del mar realizaba sesiones de curación utilizando la energía que estaba estudiando y que almacenaba en su piedra filosofal.

—¿Qué es ese Splendor solis que usas? —preguntó el Alquimista marino.

—Es la energía más pura que puede tomarse del sol, el Ignis-Aqua del que hablan las leyendas. Es la energía solar que puede acumularse en agua de mar previamente infundida con ánima, para luego ser acumulada dentro de La perla negra.

—Brillante, has hecho una buena investigación, muchacho —dijo el Alquimista marino, sin percatarse de que era el primer cumplido que le daba a su hijo.

—¡Me llamo Thomas! —gritó el Alquimista del mar, fingiendo enfado para esconder la conflictiva alegría que despertó la primera señal de aprobación paterna que recibía en su vida.

***

El Alquimista marino conocía técnicas de sanación por medio de la canalización de ánima mundi a través de su cuerpo. Pero, debido al difícil manejo de dicha energía, la sanación de su cuerpo tomó mucho tiempo.

Pasó un año en silla de ruedas, tiempo que aprovechó para entrenar a su hijo para una posible pelea contra algún practicante de vudú que usara esas extrañas piedras negras. Entre dichas enseñanzas estaba una mejor percepción de la sed de sangre, información sobre el funcionamiento del vudú y datos valiosos que le permitieron mejorar la Perla negra.

Además, recibió un entrenamiento especial con el que el Alquimista marino le enseñó a incorporar el Splendor Solis en su estilo de combate por medio de dividir La perla negra en cuatro tatuajes, uno para cada mano y pie. Los tatuajes podían formar runas que cambiaban a voluntad y permitieron al Alquimista del mar perfeccionar su estilo de pelea para infundir hielo y fuego en sus puños y patadas.

Las runas en sus pies también le permitían canalizar su aura y el Splendor solis en sus piernas para moverse a grandes velocidades y saltar en el aire como si fuera capaz de patearlo para darse impulso adicional.

***

Luego de aquel año de entrenamiento, el Alquimista marino completó su proceso de reparación corporal y quedó en el mejor estado físico que le permitió su técnica de sanación. Fue capaz de ponerse de pie con ayuda de muletas, aún sentía dolor por las heridas internas y no logró reparar su ojo. Pese a ello, aún podía manejar la alquimia para potenciar su cuerpo y se concentró en incorporar más técnicas de emanación de energía al que sería su nuevo estilo de combate adaptado a sus limitaciones.

Incluso con sus secuelas, el Alquimista marino seguía siendo más hábil y experimentado que su hijo, por lo que siguió entrenando las habilidades de lucha del Alquimista del mar mientras usaba esos combates como rehabilitación para su cuerpo y manejo del aura. Le tomó otro año al Alquimista Marino recuperar suficiente salud como para dejar las muletas.

Cuando alcanzó una condición física aceptable, decidió que era tiempo de emprender su siguiente viaje. El Alquimista marino sacó un extraño objeto que estaba dentro de su piedra filosofal y le empezó a contar a su hijo la historia de un lugar conocido como La aldea de los exiliados.

#ReversoDelTiempo: Resultados de la convocatoria


En días pasados realizamos una convocatoria en Twitter, Facebook e Instagram con el tema especial de la revista: «Tiempo», con el hasthag #ReversoDelTiempo. A través de las redes, recibimos 28 obras de relato, poesía y artes plásticas con este hashtag … Sigue leyendo

Psicoscopía


Cierto día, un hombre se encontró un extraño objeto mientras volvía del trabajo. Al acercarse a él, se percató de tres cosas: que era un reloj, que en él se reflejaba el cielo y que no tenía manecillas. Esto extrañó mucho al hombre que, pese al mal presentimiento que tenía, se acercó a recoger el reloj. En cuanto lo tocó, sintió que una fuerte corriente eléctrica lo recorría. A la dolorosa sensación le acompañaban fuertes visiones de muchas personas con el mismo reloj en sus manos, en diferentes lugares y épocas diciendo todos la misma frase: «dentro de cada objeto se oculta el #ReversoDelTiempo». Luego de aquella intensa experiencia se desmayó y fue encontrado por sus familiares a unas cuantas calles de su casa.

Tres días después, despertó. Se dio cuenta que, al tocar la cama con sus manos, venían visiones a su mente de todas las personas que habían estado en contacto con ella. Descubrió allí que su esposa lo engañaba con el profesor de música de su hija. Consternado, fue a la habitación de su hija y tocó su mochila. Las visiones provenientes de la mochila le permitieron saber que ella planeaba suicidarse lanzándose de un risco ese mismo día. Preocupado, y sin decirle nada a nadie, se dirigió hacia el risco para buscar a su hija. No conocía el lugar exacto, pero cada cierto tiempo se agachaba para tocar el suelo y así saber, gracias a las visiones, quién había caminado por ese sendero. Finalmente, perdió el rastro de su hija.

Entre la maleza encontró la colilla de un cigarrillo y la tocó. Su hija, antes de lanzarse, se fumó ese cigarrillo y pensó en todo aquello que la atormentaba; por lo que dichos pensamientos quedaron impregnados en él. Cuando el hombre terminó de examinar el cigarrillo, comprendió los motivos de su hija y se lanzó del risco también. La familia reportó ambas desapariciones la misma semana, pero no encontraron los cuerpos sino hasta después de seis meses.

Nefasto


Dejé de fumar cuando me casé. Cada cigarro, un martirio: siempre la primera chispa del encendedor las traía de vuelta y, siempre, el vacío de sus ojos me decía «muérete». Era horrible. Me casé para ser feliz. Por eso ya no fumo, por eso ya no mato. El #ReversoDelTiempo es nefasto.

Reverso del tiempo



En el #ReversoDelTiempo, el viento empujaba las nubes sobre las montañas. Las cascadas rugían salvajes y los bosques cubrían las laderas. La lluvia calmaba la sed. Las flores pintaban los valles, e insectos y aves cantaban. En el reverso del tiempo, la vida.

El eterno retorno


«La Historia no tiene final»
(Ilya Prigogine).

El profesor Juan Machín salió pensativo del armatoste humeante, tomó un libro de cuentos y se arrellanó en su sillón, mientras lo hojeaba. Machín reflexionaba acerca del tiempo, preguntándose como san Agustín, «¿Qué es el tiempo? ¿Quién puede explicarlo fácil y brevemente?».

El problema del tiempo siempre había preocupado e intrigado al profesor Juan. En su niñez, por ejemplo, quedó profundamente impresionado con la novela The time machine, de Wells. De adolescente se la pasaba estudiando la teoría de la relatividad y a Samuel Alexander; leyendo a Kant y admirando a Borges. Estudió la carrera de físico y su tesis versó ineluctablemente sobre el tiempo. Escribió un libro que alcanzó fama mundial: Prolegómenos del estudio analítico del tiempo. Después, se dedicó por completo a la construcción de una máquina para viajar en el tiempo. El profesor Machín había leído un cuento El eterno retorno (precisamente en el libro El Amor, la Muerte y el Caos. Ecuaciones de lo imposible que estaba hojeando en ese momento) que le hizo caer en la cuenta de que el núcleo del problema residía en la existencia de una, por así decirlo, flecha temporal. En otras palabras, en el hecho empírico de que el tiempo sólo parece seguir una dirección: del pasado hacia el futuro; es irreversible y no existe simetría entre el ayer, el hoy y el mañana, entre lo que es, lo que fue y lo que será, como tampoco hay simetría entre derecha e izquierda (a fin de cuentas tenía razón Kant, según demostró el experimento de Chen Ning Yang) y como probablemente no existe simetría, según postuló Alfvén, entre materia y antimateria.  Las simetrías son marcos de referencia que la mente le impone a la realidad, por ello le son tan queridas al ser humano (por eso también, unos ojos simétricos como los de Cristina son tan bellos) y las busca por doquier. Sin embargo, el universo no se somete a los marcos caprichosos que el hombre intenta ajustarle y siempre los supera y los hace añicos. Ya Bergson, había demostrado que la mente es incapaz de entender a la vida, y, por lo tanto, al tiempo. En el cuento El eterno retorno, el profesor Juan había encontrado, no obstante, la posibilidad de que, a fin de cuentas, si existiera simetría temporal; pues en el cuento se argüía que el tiempo no puede dar marcha atrás debido a ciertas características de las ecuaciones de transformación que Einstein aplicó en su teoría especial de la relatividad. Esas características contradicen nuestra lógica si consideramos la posibilidad de invertir el curso del río de Heráclito. Pero, razonó el profesor Machín, toda la teoría de la relatividad (y la Mecánica Cuántica) contradice nuestra lógica. Por eso, el profesor construyó un aparato, no para viajar al futuro (según la relatividad especial, el único viaje posible), sino al pasado. Tardó cuarenta años en concluir su obra, a pesar de que la idea era simple: con espejos y antimateria lograr una violación del teorema CTP y con la ruptura consiguiente de simetría entre el pretérito y el porvenir, buscar en los procesos bioquímicos una alteración de la entropía del sistema, haciéndola negativa. Estaba seguro de que funcionaría, decidió probarla al fin. Dejó el libro a un lado y programó la máquina para viajar a unos diez minutos atrás (la máquina necesitaba grandes cantidades de energía y por ello debía probar con un lapso muy pequeño), y se acomodó en el interior del artefacto. Dio vuelta a la perilla de encendido y los reactores comenzaron a funcionar, se produjo la antimateria necesaria. La violación de la segunda ley de la termodinámica se logró perfectamente. El profesor Juan Machín salió pensativo del armatoste humeante, tomó un libro de cuentos y se arrellanó en su sillón mientras lo hojeaba. Machín reflexionaba acerca del tiempo, preguntándose como san Agustín, «¿Qué es el tiempo? ¿Quién puede explicarlo fácil y brevemente?».

Guayacancito: carta al futuro (monólogo)


Por: Nevel Marcano

En el #ReversoDelTiempo, frente a un estado pandémico de prolongada existencia, en mis desvelos por el bienestar de hombres y mujeres de mar que siempre van conmigo, confluyen narrativas, anécdotas, de relevante preocupación hacia la interioridad del sentir, del ser y la continuidad de su existencia. Historias que describen, definen y cuestionan vidas, seres y sentires, a través de las cuales cada uno, en absoluta, diáfana expresión de libertad, quiere ser oído, tomado en cuenta y mostrar su razón.

Desde la lejanía en tiempo y espacio, con los pies sobre la tierra, temeroso del infortunio y naufragio en la inmensidad y soledad del mar, no puedo más que expresar mi gran preocupación, mis angustias ante la adversidad y la visión intuitiva de un mundo futuro, caótico, donde la desesperanza y el malestar social son la peor amenaza, el enemigo a vencer, detonantes y definitorios de un mundo con estados e institucionalidades inexistentes.

Ante la calamidad miles de razones incuestionables se pueden esgrimir, se pueden tener, que ofuscan la visión del mundo en gestación. Mundo, que la experiencia científica, el devenir histórico y la intuición, poco escuchada, menos entendida, silenciada o desechada por mezquinos e indignos intereses, describen y definen como caótico, de proyección y pronósticos devastadores para toda la humanidad.

En la inocencia e ingenuidad de la vida, de conocimiento del mundo y las relaciones de interés y dominios estratégicos, hegemónicos, la humildad en hombres y mujeres de mar, a lo largo de nuestra historia, siempre ha sido su mayor fortaleza, su mayor riqueza, el ostentar fortunas inexplicables su peor debilidad. De pesadumbre y gran tristeza, como derrota personal, la observancia de un extendido analfabetismo funcional, inducido, que conduce a la ignorancia e ineludiblemente al fracaso de la humanidad, del conocimiento científico y cultural. ¡Vacúnate!