Santo remedio


—Pásele, doña Cholita. Pero ¿qué anda haciendo por estos polvorientos caminos?

—Pues me enteré de la enfermedad del compadre y quise pasar a ver cómo sigue.

—Igual, comadrita, ni pa’ tras ni pa’ delante.

—Le traje un queso fresco y un cuartillo de maíz, ya sabe, comadre, pa’ que no falte el taco en estos tiempos en que el compadre no está bueno.

—Muchas gracias, Cholita. Deje y pongo esto en la mesa. Pero pase, ande, con confianza, si casi somos familia. Para acá está Gumaro, acostado. Así está todo el día, a veces se para al baño y otras…

—¡Santo Dios! ¡Está hecho un costal de huesos! Con el perdón, Dolores, pero esto no es empacho por comer tlacuache; esto es más grave.

—Sí, Cholita. Mire, con su permiso le enseño. Le cambié la camisa y me di cuenta de los moretes y de estos chipotes que le salieron en la frente.

—¡Ay, virgencita! Pero ¿dónde fue a pescar semejante mal? Ni modo que por tomar agua del río; todos tomamos de allí.

—No sé, comadre. Pasó hace casi ocho días, el domingo, cuando íbamos a entrar a la misa, me dijo que sentía harta picazón en todo el cuerpo. Nos regresamos y le di una friega de alcohol, pero no se alivió. Desde ese día se ha puesto peor.

—¿Sabe qué? Póngale manteca con alcanfor en los chipotes pa que se le bajen. Lo machaca bien en el molcajete y luego se lo unta y a’i se lo deja toda la noche y santo remedio.

—Ta bueno, comadre. Y pa los moretes no sé que ponerle.

—Hay un remedio, na’ más que hay que conseguir hojitas de mariguana.

—Pero ¡yo ni fumo, comadre, me ahogo con el humo!

—No, Dolores, hojitas verdes. Las pone en un frasco con harto alcohol y las deja ahí unos tres días que le dé el sereno. Después le da una friega en todo el cuerpo a mi compadre Gumaro.

—¿Y dónde las consigo, Cholita?

—El marido de doña Juana siembra atrás de su milpa y dicen que se la fuma. ¡Vaya usté a saber! Yo se la consigo y se la traigo ya preparada, si quiere, pues.

—Ta bueno, comadre. ¡Ay, ya se despertó!

—¿Qué tanto dice, comadre?

—¡Sepa! Parece que se le ha olvidado como hablar en cristiano, farfulla y farfulla pero no le entiendo nada.

—¡Ay, Santo Niño! ¡Qué lenguota! Comadre, mejor hay que llevarlo al pueblo.

Orita se le pasa, Cholita, na’ más le leo los evangelios y se tranquiliza.

—Hay que curarlo de susto, Dolores. Ora que le traiga el remedio, me jalo a doña Jacinta pa’ que lo cure, ya ve que es rebuena para esas cosas, alivió al chamaco de Mauricia: se le había caído la mollera.

Ta bueno, Cholita, se la trae y aquí les doy de almorzar.

—Me retiro porque ya se está levantando el sol y ’ta largo el camino.

—Llévese esta anforita con agua pa’l camino, está fresca.

—Ándele pues. La dejo pa’ que haga sus quehaceres. Córtele las uñas al compadre Gumaro, miré, tan largas que parece que no se las ha cortado en meses.

—Están reduras, Cholita, ando buscando las alicatas porque el cortaúñas na’ más no le entra.

—Ande, ande. Nos miramos luego, Dolores.

—Vaya con Dios, Cholita.

***

—A ver, viejito, que tienes, m’ijo. Te vas a poner bueno, ya verás. Le voy a pedir a Dios que te alivie. Orita te voy a rezar y luego te doy un taco de queso con salsa.

»Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre…, pérate m’ijo…, ¡Cálmate! ¡Tate sosiego! ¡Santo Dios! ¿Qué haces? ¡Ayyyy, me lastimas! ¡Gumaro! ¡Gumaro! ¡Ayyy…! ¡Aggggh…!

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