Espeto


Alguien lanzó un arpón en el río. En ese preciso momento, yo me encontraba nadando por allí, de manera que una sardina y yo, quedamos ensartados en el acto. Aprovechando la ocasión para hacer amistades nuevas, yo estaba muy parlanchín, ella en cambio, estaba demasiado inquieta. No dejaba de darme coletazos en la barriga, aunque después se tranquilizó. Que quede claro que en ningún momento lo tomé como una señal de flirteo. Simplemente, no sabía cómo ayudarla. Los psicólogos afirman que, en situaciones de estrés, es importante sentarse a reflexionar, antes de perder los estribos. Pero no lo teníamos fácil para sentarnos. A decir verdad, yo no quería sentarme, es más, no quería separarme de su lado. Para mí, ella era la sardina más encantadora de mundo. Admito que fue amor a primera vista. Literalmente, como dicen ustedes, fue un flechazo el que nos unió para siempre en un delicioso espeto.

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Imagina que soy otro


palagrafia otro

Imagina que soy otro

que espera su turno como

el perro su comida;

que se desdobla

y sube araña para miraros

hacer el amor. Y llamas por teléfono mientras

hablando con tu madre y entonces

y entonces imagina. Imagina que

yo soy él

que te posee

mientras observa

y nos toca. Un extraño un violador

un asesino que me mata. El objeto

del cajón. El vecino del cuarto

 y  el ascensor parado.

Aquel que te rozó en el metro.

Imagina

que no soy yo. No.

Y me deseas como antes.