Momentos de desesperación…


Por ahora no necesito que me recuerdes que estoy vencido,
que la alegría se me va como agua entre los dedos.
Hoy no necesito que me digas que me extrañas
porque yo mismo me siento extraño.
Hoy no necesito que preguntes si estoy bien
o si aún sigo mal, solo requiero de tu ayuda.
Hoy requiero de tu esencia, de un te quiero de la nada,
uno así de puro y lisonjero.

Hoy requiero que no calmes mi llanto, sino que llores conmigo,
que enjagüemos juntos los tormentos, que en este trance,
son triste y únicamente míos.
Hoy requiero que tus palabras azoten mi amargura con serenidad
y no se resquebrajen con verdades de medio talle.
Hoy requiero que tus palabras acechen con imprudencia tal,
que espanten cínica e infaliblemente mi depresión y desesperación,
que el monstruo se vaya y me deje tranquilo.

Hoy necesito que tu incondicionalidad no la pongas en tela de juicio,
sino que, así, sin más ni menos me digas ¡aquí estoy!
Hoy requiero que tus manos no solo no me dejen caer,
sino que me salven y le hagan contrapeso a este mal,
a esta execrable y pedante depresión.
Hoy requiero que tus brazos de forma insolente
arrecien conmigo, me levanten y no me dejen morir.

Hoy necesito de tu esencia, de tus destellos de alegría,
de tus inquebrantables ganas de vivir.
Hoy, solo por hoy, no reclames nada de mí,
solo soy yo y esta estúpida tristeza,
solo soy yo y esta matutina desolación que me corroe.

¡Lo siento mucho! Sé que añoras todo de mí:
mis risas, mis alocuciones disparatadas, mis alegrías y mi discreta locura.
Y de sobra sé que cuento contigo, pero ya no solo quiero contarte,
quiero convertirte en mi amparo, en el augurio sagital para salvar mi vida
de esta feroz desolación y de esta atroz depresión que aniquila mi ser.

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Somos… ¿quiénes somos?


Somos una búsqueda. Una exploración creativa. Somos eclécticos y cuidadosos. Somos filósofos y somos cuenteros, ensayistas. Somos un momento del tiempo de caóticas convergencias; somos los ‘sin salida’, los del rostro claro y engañoso. Somos falsos profetas y somos la verdad al desnudo. Somos quienes están en el camino de lo absurdo como parámetro ideal de la existencia. Somos la burla de nosotros y la risa de los otros. Somos el espejo de un mundo desordenado con el ánima del descubrimiento. Somos los que develan de un solo tajo lo irreconocible. Somos algunos que han ocurrido, sucedáneos. Somos los de la voz del silencio, somos el grito que calla o murmura y se acorta o se expande. Creadores. Somos creadores. Universos de letras esperando ser contados, objetos de estudio esperando su análisis, ensayos fenoménicos, historias que cuentan disparates y disparates que cuentan historias, historias de seres que se mezclan entre este y otros mundos. Somos historias. Somos pensamiento. Somos caos. Somos un salto al reverso. Somos una exploración sin método, atrincherados en una de las grietas del mundo construido por las palabras. Somos la mandíbula de leviatán y somos el náufrago Crousseu; somos Moll Flanders escapando de Inglaterra, somos desde Petrarca hasta las vanguardias y las pos-vanguardias y las posteriores modernidades hechas añicos; somos ficción y minificción. Somos la filosofía contemporánea y somos la crítica musical. Somos inventores de un mundo roto, reconstructores de lo jamás hallado. Somos la imaginación divagante de un grupo heteróclito que se expresa sin miramientos, ni posiciones banales; somos un grupo de creadores a quienes el mundo y sus rigurosos aspectos académicos, editoriales y políticos, nos han quedado pequeños. Somos la pregunta de la oruga: ¿quién eres tú?