Eva


Según la creencia judeocristiana, lo primero que descubrió Eva, después de comer la manzana, fue la sensualidad. Dedujo que, si bien el templo diseñado por Dios Padre era para ella perfecto, Adán fue quien lo conoció totalmente.

La sensualidad llegó de la mano de la primera mordida al fruto prohibido, cayó como meteorito en la imaginación de Eva y le develó sus capacidades sexuales. Le hizo consciente de sus caderas, de su ombligo, de sus nalgas, de sus pechos, del largo de su cabello, de su nariz, de sus ojos y de los hoyuelos que se le formaban cada que sonreía.

Con la sensualidad, llegó el erotismo e inmediatamente después la coronación de venus.

Venus se vestía con diminutas flores, pequeñas hojas y trozos de tierra seca que, pegadas a su cuerpo, le daban una apariencia de prostituta parisina del siglo XX de nuestra era.

Adán adoraba a Eva y, por ende, Dios quedó relegado, iniciando así el culto a venus.

Según la creencia judeocristiana, Adán fue el primer hombre en desvestir a una mujer y Eva fue la primera mujer en seducir a un hombre.

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Obituario de Cecilia Romero Torres


Cecilia Romero Torres, la histriónica danzante que vivía en la colonia Santa Lucía, amaneció colgada de uno de los árboles de tamarindo del patio de su casa.

Bajo el tambaleo de su cuerpo, han sido días de mucho viento, Cecilia dejó colgando de su tobillo izquierdo una carta de despedida amarrada con un pequeño listón rosa.

La carta, sin destinatario particular, decía:

Me voy porque el mundo, ese teatro que tantos aplausos me ha negado, se ha reído de mí por última ocasión. Su broma final fue una estocada directa a mi corazón, me dañó el orgullo y todo el amor que llevaba colectando durante veintisiete años. Habiendo tanto talento, decide que la actriz principal de tan terrible acto sea, maldita sea, mi Rebeca.

Si algo ha dañado mi orgullo, ha sido la ceguera y el atontamiento del amor que no me han permitido ver a tiempo la malaventura que sus brazos me tejían.

Rebeca era todo para mí, era el único público y el único aplauso que necesitaba. Era mi sol por las mañanas, la luz de mis noches y la oscuridad de mi cama. Rebeca fue mi norte, mi tierra, el café de buenos días, el cuento de la buena noche, mi astrolabio en medio del océano: mi ruta. Mi tacto favorito.

Antes de Rebeca me consideraba una muralla impenetrable, un castillo volante, un rinoceronte blanco. Nadie había podido saltarse las paredes, descifrar el laberinto, cruzar el bosque de espinas ni tocar elegantemente la puerta como lo hizo ella.

No negaré que fui feliz. Es verdad, fui el ser humano más feliz del mundo. La mujer más mujer. Recibí los mejores besos y descubrí el calor de las puestas de sol. Y todo el amor y toda la paz y toda la vida que bienviví con ella se esfumaron en dos segundos.

La muerte, visitante indeseada de este plano, llegó por ella. Y la muy vil, caprichosa, egoísta e inhumana me dejó aquí. Sufriendo, sin vida y sin techo. Rebeca era mi casa, su corazón mi corazón y sus piernas mis cimientos.

Ayer noche fueron los cuarenta días de mi Rebeca. Podrá descansar en paz. Espero mi familia me perdone.

Cecilia.

Cecilia R. T. no será velada. Su madre cree que su suicidio fue otro acto de rebeldía y odio hacía la fe cristiana. Nunca le perdonó su orientación sexual y ahora no podrá perdonarle su muerte.

Por mi parte y desde el fondo de mi corazón, deseo que Dios, en su infinita sabiduría y amor, le permita a Cecilia, para toda la eternidad, los brazos de Rebeca.