Fallo ejemplar


Mil años antes de la era de Cristo vivió un rey que impartía justicia inspirado en la ley de su Dios.

Precedidos de voces y clamores, dos vecinos ingresan a la Corte. Cesan su griterío con la llegada del Rey. Su presencia impone silencio. Empujados por los guardias, saludan postrándose.

Salomón pide le presenten el caso. Hablan los hombres:

—Soy Josué y tengo por toda fortuna tres carneros. Éste de aquí es mi vecino Arón. Él tiene dos ovejas.

—Sus carneros preñan mis ovejas y él reclama los frutos de sus vientres. Sin dudas, Salomón, me pertenecen.

El Rey ordena silencio. Tras unos momentos de reflexión indica:

—Arón, entregarás una oveja preñada a Josué. La oveja, su cría y un carnero serán la base de su rebaño. —Y agregó— Josué, entregarás uno de los carneros a Arón para el comienzo de su propia manada. Sacrificarás el tercer animal en un altar para gloria de Dios. Celebrarás un banquete con tu vecino.

Satisfechos, los litigantes se postran en señal de respeto y admiración. Darán testimonio de este fallo.

Bajo el azur infinito


¿Irán los peces al cielo? ¿Habrá un sitio allí para el loto azul? Mi mente es un cielo nublado, jamás habitó la posibilidad de no hallar espacio para un azur infinito sin nubes de algodón y sal.

Jamás se me ocurrió pensar que el agua del río se llevara consigo todo lo digno que viste mi piel. No me sumergiré en él. No. ¿Qué pasaría si mi piel mudara? Quedaría desnuda en lo ruin, desprovista de escamas, ¿descubriría que soy pez? ¿Qué pasaría si me quedara sobre la superficie? Quedaría cargando las grandes verdades del universo, ¿descubría que soy loto azul?

El amanecer surge del mar. Los peces irán al cielo y habrá sitio para el loto azul, pero aquí, bajo el azur infinito, la vida para la mujer sigue siendo difícil.

Nanocuento: EL GATO SABIO


gato juicioso¿Por qué insiste en mecerse en el columpio para alcanzar las nubes, si él tiene dos alas maravillosas para volar hasta el firmamento?, piensa el gato callejero mientras se disfruta la música de este niño virtuoso.

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Introspección


Foto: J.R. Gómez Díaz-Rullo

Foto: J.R. Gómez Díaz-Rullo

Cuando preguntaste por las cosas,
por ésas que ves y que tocas,
por aquéllas lejanas e inenarrables,
mas por todas las que supiste de este mundo,
entonces fuiste tú: uno, el importante, el único desde
el que el cosmos se puede ver.
Cuando preguntaste por las cosas,
hace ya muchos años,
tu sonrisa era fácil, porosa, penetrable el viento
en tu boca y la amistad a tiro fácil.
Cuando preguntaste por las cosas,
entonces con el que late pujante, con la fuerza
de las ancas traseras de un saltamontes,
a ti mismo te llamabas niño que juega y que ríe siempre.
Después, cuando las cosas de este mundo no te dieron respuesta,
o quizás una débil o pasmosa,
tu sonrisa blanca se cerró como una puerta afectada de peste,
y entonces, como los misterios flotantes,
comenzó la parte de ti que no está clara. Sigue leyendo