No voy a olvidar que…


Para mi hermosa Mirosh.

No voy a olvidar que estás impregnada
en mis olores y sabores.
No voy a olvidar que estás en cada flor amarilla
que aplasto en la calle, nuestra calle.
No voy a olvidar que estás en cada atardecer
y en el sonido bravío frente al mar, nuestro mar.
No voy a olvidar que estás en cada minuto
que respiro amor y alegría en mi vida, tu vida…
No voy a olvidar que estás ahí, en ese espacio sigiloso
y esquizofrénico, entre las sábanas y el colchón, en ese mágico,
chocante y delirante espacio que añora constantemente
nuestros combates de piel con piel y pura miel.

No voy a olvidar que estás en mis sensatos destellos de luz
y de rebeldía. Tu loca, exquisita e insolente rebeldía acariciando
e incitando siempre a la mía, nuestra rebeldía.
No voy a olvidar que estás en este espacio vital, gravitante,
acompañándome, consintiéndome, animándome, añorándome
y desde luego requiriéndome y deliciosamente amándome.
No voy a olvidar que estás en mi mente y no sé cómo,
pero atestando delirantemente con amor, pasión, lujuria y ternura,
cada momento de mi vida, de nuestras vidas y nuestro amor.

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Pasta Alegori


La receta. Infalible listín de procesos que fundamentan el diseño del sabor. Con los materiales más deliciosos, podemos dar forma a la octava maravilla culinaria. Y a su vez, con dichos conjuntos anónimos construimos un lienzo blanco que aspira a convertirse en obra.

Durante cada paso en la producción gastronómica se abre una ventana a la especialización, la técnica, el estilo y la sazón. Un mundo dentro de otro, y así el universo de las ideas se expande. Concebido por la curiosidad y el hambre. La vida culinaria me absorbe y me hace parte de ella.

Entre un bosque de especias me pierdo, ¡alegre!, aunque aveces soy guiado por proteínas tradicionales, salsas empalagosas y un sinfín de comensales tediosos… siempre encuentro la luz al caer en una olla con agua hirviendo, y un paquete de pasta linguini a la mano.

Sin nada que hacer a media noche, acechado por un apetito desgarrador, contenedores vacíos, alacenas rebosantes de polvo y sabores enlatados que no complacen ni a una rata, te encuentras con una alternativa que el humano común desatiende a lo largo del camino, evade comerla siempre con la excusa de “su típica y fácil preparación”. Pero se equivocan, no tienen ni idea de lo aquello que tienen al frente, la vida hecha masa. Y la masa, hecha pasta.

Me brindas lo que necesito, haces armonía con todo aquello que en la naturaleza nace y en la cocina siempre me dejas pintar obras de arte contigo.

Gracias, en nombre de todo aquello que es delicioso.