Libido


La pasión hace que nuestras almas salgan de su escondite
y se arrullen con desmesuradas caricias.
Que tu cuerpo no descanse sino sobre el mío,
que mi amor y mi lujuria se abrumen
y se apacigüen cuando estoy junto a ti.

Sensaciones inescrupulosas que trastocan uno a uno
los espacios mínimos de nuestra piel,
cada vez que la intransigente libido nos desequilibra de forma descarada.

En ese momento, cuando las miradas se vuelven infalibles e incitantes,
ahí se completa nuestro mapa de caricias
que, sin estrecheces,
da inicio a mil combates de piel con piel y pura miel…

people-2589817_960_720Imagen: Pixabay (CC0).

Aquel Año


Aún se me sigue olvidando cómo nos conocimos,
como las coincidencias se encargaron de juntar los labios
y de robarnos la vida regalándonos caricias,
que rápido se pasan los días, que rápido dejó de existir aquel año.

Aún me dan risa las crónicas que se niegan a caducar,
aquellos incidentes de nuestros sueños truncados
por la incapacidad de perdonar, sí, de perdonarnos
poniendo en contra a la casualidad, condenándonos a ser un par de extraños.

Aún me tiembla la voz al pronunciar mal tu nombre,
los diminutivos que aborrecíamos y que su eco nos retumba
y si hablo en términos de ambos es por la certeza misma
que me da tu mirada desviada, contándome que para vos tampoco fue algo en vano.

Aún me dan ganas de sujetarte y reclamar las sensaciones,
el elixir que una vez cosechamos para ser eternos
y que secó dejándonos a nosotros también huecos
Hasta que la inocencia ocupó de nuevo su lugar de observador aquel año.

Aún sé que recuerdas lo mismo que recuerdo yo,
los cuerpos sin ropa y las mentes sin lógica
las huidas de martes, el vino barato y mi cena mal hecha
el libro que te regalé en el primer mes, cuando aún no sabíamos hacernos daño.

Aún se abren los pulmones para respirar tu aroma
Se reconoce bien la esencia, la piel tiene memoria
como también la tienen las heridas que dejé abiertas
y que no supe sanar cuando tuve tiempo, cuando fuimos plurales, aquel año.