Eva


Según la creencia judeocristiana, lo primero que descubrió Eva, después de comer la manzana, fue la sensualidad. Dedujo que, si bien el templo diseñado por Dios Padre era para ella perfecto, Adán fue quien lo conoció totalmente.

La sensualidad llegó de la mano de la primera mordida al fruto prohibido, cayó como meteorito en la imaginación de Eva y le develó sus capacidades sexuales. Le hizo consciente de sus caderas, de su ombligo, de sus nalgas, de sus pechos, del largo de su cabello, de su nariz, de sus ojos y de los hoyuelos que se le formaban cada que sonreía.

Con la sensualidad, llegó el erotismo e inmediatamente después la coronación de venus.

Venus se vestía con diminutas flores, pequeñas hojas y trozos de tierra seca que, pegadas a su cuerpo, le daban una apariencia de prostituta parisina del siglo XX de nuestra era.

Adán adoraba a Eva y, por ende, Dios quedó relegado, iniciando así el culto a venus.

Según la creencia judeocristiana, Adán fue el primer hombre en desvestir a una mujer y Eva fue la primera mujer en seducir a un hombre.

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¡Exquisita sensualidad!


Apetitosa presencia de sensible pudor,
apetitosas curvas de belleza animal.
Deliciosa conjetura carnal,
deliciosa y exquisita sensualidad.

Suculento amor que me desquicia;
suculento perfume de exótico aroma.
Voluble cuerpo de exquisita sensualidad,
voluble cuerpo de sofisticada innovación.

Impactante presencia que me desnuda;
impactante presencia que me enloquece.
Apetitosa y maleable consistencia carnal,
apetitosa y escabrosa lujuria que me atrapa.

Frenética presencia, cuerpo emblemático,
curvas afinadamente moldeables,
conjetura carnal medianamente asimilable,
contundente y exquisita sensualidad.

Sensualidad que a cada momento derrocha lujuria
¡Deliciosa mujer! Por qué llevas otro nombre
si por derecho más que por razón
deberías llamarte: ¡exquisita sensualidad!