Momentos de desesperación…


Por ahora no necesito que me recuerdes que estoy vencido,
que la alegría se me va como agua entre los dedos.
Hoy no necesito que me digas que me extrañas
porque yo mismo me siento extraño.
Hoy no necesito que preguntes si estoy bien
o si aún sigo mal, solo requiero de tu ayuda.
Hoy requiero de tu esencia, de un te quiero de la nada,
uno así de puro y lisonjero.

Hoy requiero que no calmes mi llanto, sino que llores conmigo,
que enjagüemos juntos los tormentos, que en este trance,
son triste y únicamente míos.
Hoy requiero que tus palabras azoten mi amargura con serenidad
y no se resquebrajen con verdades de medio talle.
Hoy requiero que tus palabras acechen con imprudencia tal,
que espanten cínica e infaliblemente mi depresión y desesperación,
que el monstruo se vaya y me deje tranquilo.

Hoy necesito que tu incondicionalidad no la pongas en tela de juicio,
sino que, así, sin más ni menos me digas ¡aquí estoy!
Hoy requiero que tus manos no solo no me dejen caer,
sino que me salven y le hagan contrapeso a este mal,
a esta execrable y pedante depresión.
Hoy requiero que tus brazos de forma insolente
arrecien conmigo, me levanten y no me dejen morir.

Hoy necesito de tu esencia, de tus destellos de alegría,
de tus inquebrantables ganas de vivir.
Hoy, solo por hoy, no reclames nada de mí,
solo soy yo y esta estúpida tristeza,
solo soy yo y esta matutina desolación que me corroe.

¡Lo siento mucho! Sé que añoras todo de mí:
mis risas, mis alocuciones disparatadas, mis alegrías y mi discreta locura.
Y de sobra sé que cuento contigo, pero ya no solo quiero contarte,
quiero convertirte en mi amparo, en el augurio sagital para salvar mi vida
de esta feroz desolación y de esta atroz depresión que aniquila mi ser.

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Besos y caricias imborrables


La Habana, octubre 12 de 2017

Pensé que solo vos me extrañarías.
Pensé que solo vos me recordarías,
pero un apabullante y exasperante cúmulo de sensaciones,
placeres y recuerdos me tienen loco y añorándote.

Mi cuerpo y mi ser se abruman con tu impecable y sencilla ausencia.
En ese momento me corroe una vil y mágica sensación
que reafirma que tus besos y tus caricias son imborrables
de mi ser, de mi mente y de mi corazón.

Besos indelebles que me recuerdan que esas caricias
tan sofisticadas las creas diaria y exclusivamente para mí.
Caricias melosas y escabrosas que me reavivan la sensación
de aquellos besos extenuantes que calientan y trastocan
cada milímetro de mi piel y escandalizan a todo mi ser.

Besos y caricias imborrables que hoy
son mi único antídoto para aplacar la tristeza
de no estar junto a vos, mi hermosa mujer manabita.

Naranja Atardecr

«Atardecer en San Jacinto, Manabí (Ecuador)», fotografía por Alejandro Bolaños.

Este momento


En este momento
frágil, lento, dulce,
equilibrado, de total calma
y de máxima concentración
requiero de la tibieza de tu ser.

En este momento
pienso en vos
porque no te tengo,
pero te necesito.
Digo, lo que pasa es que
vos estás conmigo, en mi mente,
caminas conmigo, estás aquí.

En este momento
cuando la muerte puede sorprenderme,
en este momento
es cuando te quiero.

En este momento
te quiero aquí, junto a mí.
En este momento
te quiero conmigo.

El tiempo y el ser

El tiempo y el ser


Aún no es, se construye a cada instante. Todo el tiempo está siendo. Y nunca termina de ser…

Apariencias


Aunque no siempre reine

desde un trono elevado,

la apariencia y sus lacayos,

siempre han sido muy respetados

en el sistema de los tres dominios.

Una clasificación biológica

que siendo ahora la propuesta

se puede criticar, sin consenso,

con otras hipótesis no vigentes

aunque presentes y existentes.

Hacia una poesía mística


Es curioso ver cómo en nuestros días, la gente urge por demostrarse a sí misma una espiritualidad. La espiritualidad o las energías que nos rodean y nos guían…toda esta onda esotérica que nos invade. Además que nosotros como buenos occidentales consumidores, nos venden la idea de los ejercicios de meditación en grupos por diferentes horarios “-nos vemos en el Nirvana a las cinco ¿va güey?-“ Toda espiritualidad tendemos a reducirla a simple materia. Luego, cuando todo parece más banal, salen voces abismales del pasado que se presentan ante nuestros ojos y ante nuestra bendita ignorancia para abrir un tanto la claridad humana en nuestro ser individual. Estas voces abismales de José Gorostiza, Jorge Cuesta, Octavio Paz, Georges Bataille, las llamo así por sus alcances; por sus continuos ecos que a muchos de sus lectores nos pueden sacar de estados de angustias que parecen sin salida, ni explicación, aunque a veces sea tan sólo para entrar en otros terrenos laberínticos.

Desde aquella lejanía, que es la muerte, se aparecen estas voces vinculando a ésta última con el erotismo; este vínculo entre la muerte y el erotismo es de una naturaleza mística. Es el desgarramiento del ser; el abandono de uno mismo a través de la enajenación. El embeleso experimentado tanto física como espiritualmente se da en la vida interior y en la comunicación interior que hay con Dios (en el caso de Gorostiza, específicamente).

Jorge Cuesta condena esta falsa religiosidad en la que la vida interior está trastocada y sólo le interesa aparentar. Condena finalmente a todos aquellos que estancan con sus inútiles discursos el desarrollo óptimo del amor. Levanta por encima de otros a Gorostiza para dar a entender lo que de él aprendió acerca de la entrega, del arrobamiento ante lo descocido y la entrega total a la ruptura del ser. Aboga pues, por una vida interior que de un sentido a la entrega para llevar a cabo esa experiencia interior. Esta entrega es irracional. Es un paso a la muerte, un camino a lo desconocido que además es tortuoso; necesario para la purificación espiritual. Para ejemplificar esto nuestro autor, Jorge Cuesta, se ve obligado a mencionar a San Juan de la Cruz, primer místico español junto con Santa Teresa de Ávila que en sus moradas nos explica el proceso desde el abandono, el desconocimiento, la purgación, el arrobamiento y, finalmente, el triste regreso al mundo que somos; seres mundanos somos.

Nuestro espíritu busca librarse de su condición mundana y la búsqueda se lleva a cabo en la unión mística con el Ser, o Dios… El erotismo es la búsqueda de la completitud y el misticismo es un aspecto de complemento con un Todo. Así es como el autor Jorge Cuesta invita a sus lectores y a cualquiera que haya contribuido al estancamiento del amor, -aquellos a quienes él mismo llama “momias del amor”- a que hagan una relectura de Muerte sin fin de José Gorostiza y divaguen en el interior de su ser y repiensen su vida interior a fin de ponerla en práctica sin falsedades o bloqueos que la anulen. Nos exhorta a creer en las experiencias internas de la conciencia y a no dejarnos llevar por la corriente materialista. Conduce nuestra mirada hacia el interior de nuestro ser para reconocernos seres incompletos y en perpetua búsqueda.

La vida y el tiempo


“El mar se mide por olas

el cielo por alas,

nosotros por lágrimas…”[1]

El tiempo no se pierde ni se gana. No es tampoco un maestro o un curandero. No es el tiempo, no son las canas y las arrugas, no es esa larga estancia, o corta en algunos casos. No es experiencia en sí mismo. El tiempo tampoco es un regalo, ni se arrastra ni se acelera. El tiempo no es un dios devorador de otros dioses, ni tampoco esa derrota o victoria de la precisión, el tiempo no está esperando nada; el tiempo no da ni quita, ni avienta, ni arrebata, el tiempo no es culpable, ni razón que justifique las convenciones humanas. El tiempo ni se va ni viene, el tiempo no es mar ni cielo, el tiempo no se hace viejo y muere entre fuego y fiestas, ni nace otra vez con las estaciones y la lluvia. No es augurio ni presagio. No es ni rápido ni lento, no es una línea recta dividida en acuerdos realizados por distintos grupos de poder de otras épocas. El tiempo no fue ni será: el tiempo es. Se le hacen canciones y se le dedican poemas, también, loas y, en algunas ocasiones, altares y ruegos, pero olvidamos que el tiempo pertenece a la vida, no al revés. La imprecisión y la espontaneidad de la vida, no están en el tiempo. El valor de la vida no se mide en el tiempo ni en las interpretaciones que de éste se hagan en la vida: ‘todavía no era tiempo…’ ‘Se nos hace tarde…’ ‘Llegaste temprano…’ tantas y tan variadas formas de adjetivar y contextualizar al tiempo, cuando éste, solamente es; el tiempo no esconde las razones de la vida. Nosotros no somos el tiempo, somos la vida: el ser. El tiempo está sobrevalorado y la vida demeritada. Despertar no llega con el tiempo, despertar es ahora, ahora no es tiempo, es vida y, mientras haya vida, por mi que pase el tiempo; que el entendimiento está en la vida y no en el tiempo. En fin… hay más vida que tiempo.


[1] Jaime Sabines. Horal