Hay días…


Imagen: I.am_hah

Hay días en los que el alma pesa, la vida duele y los pies no avanzan.

Esos días en los que, queriendo, se corta el aire, se alarga la sombra, el grito se ahoga.

Hay días en que se espera la noche como el desenfreno del mar golpeando las rocas.

Días en los que te amo y no te tengo, madrugadas que hielan un deseo sin cuerpo.

Hay días donde las nubes se ocultan, el sol es etéreo y la lluvia no moja.

Esos días llenos deshojando las horas contigo pero sin ti, a destiempo…

Lánguidas, indomables, rotas.

Hay muchos de esos días, tantos como heridas.

Resurrección


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©Merche García

La vida continúa…


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Dedicada a un gran ser humano, un grandioso hombre, mi padre, el señor Roberto Cabral Miranda (Q.E.P.D.) 1940-2020.

El último día con sol


No todo se alivia con llanto.

Me voy quedando solo

como una palabra en desuso

que nadie recuerda.

No me sorprende

que me haya convertido

en cronista de mi derrota,

arrepentido hasta de pensar.

En el espejo veo a otro:

a un extraño que no usa más su sonrisa

 y para quien el silencio

es su nueva manera de hablar.

He dejado un montón de cosas en el camino

que con tu ausencia pierden su valor.

Es curioso, hay más cosas que quiero olvidar

que las que deseo recordar.

No quedan más asuntos que resolver.

Me voy quedando solo;

el tiempo se diluye

y estoy tan cansado.

Hoy es el último día con sol.

Gravedad


La abadía y su reinado me dejan la conciencia de toque;

hasta la novena jugada cuando por fin inicia el trote,

cada paso dado, construyen un estado consciente.

Alerta.

Despierta.

¡Respira!

No se detiene.

Justo en el sueño es cuando aún más ruido ejecuta,

máquina del futuro que parece de carne componerse.

 

Entrañas vivas,

células muertas.

Que áspera se siente la cabeza.

 

Bidones vacíos, personas desnudas,

una cáscara llena de inconformidades atómicas.

¡Estallido!

Soles fríos.

Espacio caliente.

Estrellas que cantan.

 

El silencio es tan profundo

que a los planetas escuchas hablar.

No quieren callar.

Susurran en zumbidos

y hacen que los cuerpos vibren.

Diéresis


Se mojan las palabras bajo la lluvia.

La intención de sus trazos persiste impermeable,

y el papel se desentiende de la humedad evidente e imparable.

Como cáscaras de avellanas, portas un aroma poderoso,

tal cual las fragancias que se tornan deidades en madera,

así mismo procede la esencia que crece en tus profundidades.

Dicen que las mejores azúcares son aquellas que bailan con el paladar,

las que logran acariciarte la lengua y besarte justo en el centro del gusto;

yo me declaro culpable de soñar con el arrebato sorpresa de tu vino,

el degustar lentamente las confituras de tus labios,

y escuchar con intensa atención a tu mente pensar en voz alta.

El papel de las notas que dejo en tu casillero

está hecho de las flores que brotan del cactus trepador;

haciendo eco a su gran nombre,

mi ser decide marchar con sigilo por los corredores de primavera

que me llevarán a verte,

escuchar tu dulce voz,

y sentir que la lluvia soy yo;

y tus ojos, el sol.

 

Cadenas y suspiro


Amanece y el rostro incoloro

se cubre de dudas por este nuevo día;

desteñida la tez

y la piel destruida,

buscan abrigo en la oscuridad hambrienta.

 

La vida que acontece en castigo

sin piedad le mantiene en una ruina,

la luz solar no le alcanza

apenas la carne acaricia,

y la mantiene en supervivencia errante.

 

Cómo se prolonga el sufrimiento

la voz derrapa en los ecos del sonido,

el cansancio ya no tiene algún concepto;

el mismo hombre sabe que no hay remedio.

 

Panacea universal

auxilia una vida para que pueda brillar;

el futuro perverso se apodera

de un cuerpo humano que no ríe;

no siente,

no goza,

no llora.

 

En l’interieur yace la lúgubre verdad de un vacío,

un clavado embocado no es el ideal destino.