Sin señal


Un silencio de trueno
invade la casa.
El rugido sacude los cimientos.
Donde hubo fuego
el viento dispersa las cenizas.
Más acá
la muerte
sucede.

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Echo de menos


Benjamín Recacha García

Foto: Benjamín Recacha García

Saciado de vacío.

A veces es como me siento.

Y entonces lo que más echo de menos

son las caricias y los besos.

Y las risas;

cómo echo de menos las risas.

Y los silencios compartidos.

Porque el estruendo del silencio en soledad

me perfora el alma.

La soledad del escritor


Se nota en las ojeras,

en el rostro pálido

rozando cetrino;

en el andar encorvado

con los omóplatos saliendo

como crestas

de alas cortadas.

Se nota en las manchas de la cara

porque piensas

que el sol no te toca;

en la mariposa que nace en tu frente

con más apariencia de polilla.

Se nota en las uñas

blandas,

amarillas,

gastadas

de fumar un cigarro tras otro

alternando sorbos de café

descafeinado.

Se nota en el callo del dedo

corazón

cuando explota

y se asoma la carne roja

confundiéndose con la tinta de tu pluma

—demasiados errores—.

Se nota en el pecho que,

no late,

galopa

y en la mente

que intentando huir,

ausente,

no ceja en el empeño de exigir su dosis diaria

de expresión,

ya que no hablas.

Azul soledad


El poeta…


Para el poeta, expresar y escribir sus líneas
es una tristeza, un sufrimiento. Pues, esa triste alegría
y ese dulce sufrimiento, lo goza, lo vive, lo siente
y lo enfrenta en la vida y en el amor, sin poses, tal cual.

Sin miedo a sentirse más solo que el mundo,
con una alegría entre pecho y espalda, algo que asfixia,
algo reprime, algo como una alegría muerta más o menos.

El poeta vive la vida y la muere al instante,
se levanta nostálgico y se acuesta alegre.
Revisa páginas y recuerdos en los que transcurre su vida.

Escribe diáfanas sentencias de amor, versos de rabia,
líneas de dolor y formas escabrosas de maleable pasión.
Conjeturas locas que le da por escribir,
para encomiar y evocar su existencia y la vida misma.

Nacimiento de la diosa Soledad


Condenada al desconsuelo

se esconde en la oscuridad.

Sin proporcionalidad

amó y tanto retó al cielo,

y tanto, tanto amó al fuego

—guardó luz en su interior.

Ardiendo desde su flor

germinó el desasosiego.

Remembrando y recabando


Cuando tu amor y mi dolor se juntan y luego se despiden.
Cuando tu placer y mi decepción se apasionan y luego desaparecen.
Cuando tu cuerpo y mi alma se unen y luego despegan.
Cuando tus labios y mi boca se aman y luego se atosigan.
Cuando tu piel y mi cuerpo se entrelazan y luego se agobian.
Cuando tus caricias y mis manos se seducen y luego se odian.
Cuando tu ternura y mi dulzura se amalgaman y luego se deslucen.

Voy remembrando y no mucho después
voy recabando mi soledad, tu amor y mi dolor.

Rememorando que la vida de mi vida fuiste vos,
y recabando que en algún momento hasta mi vida daba por vos.
Recordando y recabando, querida, mis llagas invisibles y tus cínicos temores.
Recabando y evocando mi fidelidad y tu traición.

Remembrando y recabando,
recabando y recordando,
recordando y olvidando
tu amor y mi dolor.