Cuando ya no estás


Cae la tarde y el cielo pinta mis ojos de nostalgia. Perdí el rumbo buscando entre unas cajas aquellas fotos vacías de memoria donde encontré unas alas, están rotas. Quizá el colibrí que a veces golpea mi ventana se haya atrevido a mirar, quizá sepa qué hacer con ellas. En aquella sonrisa congelada he tratado de buscarte, de recordar, de imaginar lo que fuimos sin besarnos, ni una vez.

¿Cómo pudimos tocarnos con solo mirar? ¿Cómo fue que hablamos a través de aquella remota melodía? ¿Cómo nos volvimos cómplices de una vida tan huérfana? Tan lejos el uno del otro.

Seremos todo lo que decimos a través de este silencio que alimenta las ganas de tenernos sin hacer ruido, en un lugar sin espacios ni tiempo. Allá, en ese mundo inventado por los dos, donde mueren los disimulos, los “me duele”, los “te extraño”, donde tantas veces tatuamos un “te quiero” en la pared.

La sombra del baile de los árboles se dibuja en la persiana, es una bandera a media asta. Atravieso mi dolor sin respirar, como los sueños que mueren en mis ojos cuando ya no estás… Ya no estás.

Esta noche vendrá a cubrirme de lluvia y yo, yo apagaré las estrellas. No quiero regalar la mirada mojada a esa luna que se esconde de ti, no pisaré la arena que te amó, donde alguna vez lloré tu nombre. Escaparé del viento, no quiero que regrese la frescura que sentí, que me robaste.

En esta habitación, la esperanza duerme agarrada a una almohada tejida de historias sin risas ni final. Es un pequeño rincón donde el alma es el refugio falso, la prisión.

No sé si podré pensarte de nuevo, hay cartas sin tinta volando hacia la nada, olvidamos escribir al corazón, lo dejamos en blanco, y casi lo matamos. Y ahora, ¿qué? Ahora me toca imaginarte a través de una ventana que amenaza con romperse sobre mí, para dejarme ciega de paisaje y muerta de frío, mientras dejo que me recorra esta brisa que me duele, esa caricia tuya que solo existe en el invierno.

Nocturno de escritora


Escribo.

En esta noche cerrada a las musas, la locura me protege, es mi fiel compañera, la soberana. La tinta sangra para que no se detengan las palabras; el alma se envenena cuando no se derrama.

Escribo.

No enmudezco esta voz, escapo de una muerte lenta y agónica que se bebe mi sed. Mi espíritu es una pluma al vuelo, que me desafía, me delata. Hoy escupe lo que soy y me ama mañana.

Escribo.

La luna inventa otra luz en este cielo mío, teñido de letras y escarcha sin flor. Yo, sin mí, estallo sobre esta hoja en blanco ansiosa de vida, de muerte y de dolor. Y en la negrura de este aire que me habita sacudo la alegría, la tristeza y el placer.

Escribo.

En medio de este silencio que lo llena todo, yo, me vacío, me entrego, me arranco esta piel y hiervo en el fuego eterno de la palabra, llama viva que alumbra y apaga un corazón abierto. Se quemará el papel, no el sueño.

Escribo.

Soy un animal escondido en la sombra que baila en la pared. Respiro su poder, lamo mis heridas y las abro otra vez. Es tiempo de vivir para escribir, de rendirse al poema o de morir.

En la sombra, puñales


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©Merche García

Sombra

Sombra


¿Y esa luz? Es tu sombra. Dulce María Loynaz

El regreso


El día nos llevó el cabello
los dientes
y los huesos
enmudecieron las caracolas

Esta tierra de copal
con los nombres que amamos
la sombra que sueña con besar el sol
al fin el perdón de la memoria

El cielo se ha roto
sobre las manos silenciadas
flores en las cuencas de los ojos
aves que migraron hasta nuestras tumbas.

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Te extraño


La noche sin luna llegó cantando su himno de guerra, la víspera de una confrontación entre la luz y la oscuridad. Ella y yo estábamos en medio de su zona de batalla. Solos. Nos habíamos recostado juntos en un campo cubierto por una suave y verde hierba. Nos rodeaban pequeños cabos de flores, dispersos entre sí, pero anclados maravillosamente en puntos innecesariamente perfectos. Éramos como los personajes de una pintura que fueron colocados desinteresadamente en un punto cualquiera del cuadro, pero que a otra escala estaban simétricamente ordenados con todo su entorno. No puedo decir que no era una tarde espectacular: una suave brisa fresca que jugaba con un sol maduro.

Éramos cómplices en todas nuestras aventuras. Nos reíamos juntos por cada locura en la que pensábamos y llorábamos reclinados el uno sobre el otro cuando la tristeza nos abrazaba. Éramos todo.

Esa tarde ella y yo conversábamos de todo un poco, de esto y de aquello. Recordábamos los mejores momentos del día y los clasificábamos por niveles de diversión. Teníamos nuestra propia métrica para hacerlo. Sí, también se podría decir que éramos un par de raras criaturas pero, ¿qué más da? Realmente lo disfrutábamos. Sin embargo, tanto lo disfrutábamos que perdíamos la noción del tiempo, así como esa tarde la perdimos del todo. Para cuando nos enteramos de la hora que era, ya era tarde. La noche comenzaba a cruzar el cielo rápidamente y nosotros estábamos muy lejos de nuestra morada. Corrimos. Nunca nos separamos mientras corrimos por el campo. Era una carrera por no separarnos. Y así lo hicimos, pero no fue suficiente. La noche oscurecía todo a nuestro alrededor, no era justo, se la llevaba mientras nos rodeaba. Grité improperios, le reté a pelear, pero nada funcionó, simplemente la noche no me escuchó. Allí, bajo su inmensa capa de pequeñas estrellas, yo era una pequeña cosa más en su gran pintura negra. Para cuando me di cuenta, ella desapareció.

Llegué a mi morada esa noche, pero solo. Levanté la crujiente y delgada tela de cartón para recostarme y tratar de dormirme. Odiaba las noches sin luna, noches injustas que pasaban a robar lo único que realmente me hacía feliz. Ni siquiera hambre tenía. Oportuna ausencia de hambre pues no había logrado conseguir nada para comer esa noche. Mi única felicidad era gracias a ella. Mi felicidad era ella. Ella era lo único que realmente tenía para mí solo.

Esta noche he perdido, pero mañana será un nuevo día. Mañana volveremos a caminar juntos de nuevo. Por ahora sólo dormiré. Quisiera que estuvieses aquí, sombra.

Imagine - Jakez Daniel

Imagine – Jakez Daniel

Morgana


Una sombra me habita en los rincones de la desesperanza.
Hace una madeja de mi mal de amores.
Ronronea las dudas del alma para hacer dormir a la luna.
¡Terrible sombra!
Tímido maullido de una historia inacabada.

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