Gerente


Apenas llevo un mes como gerente de un Starbucks, y ya voy encontrando tres recién nacidos en la puerta. Ahora entiendo por qué no dura nada el personal aquí. La carga emocional es sumamente pesada. Y, además, ¿por qué aquí?, ¿quién creería que los hipsters estarían dispuestos a dejar su estilo de vida para cuidar bebés ajenos?

Al parecer, recién me entero, esto de dejar bebés aquí en la cafetería no es algo nuevo. Desde que se abrió la sucursal, los han abandonado en los baños, en los cajones del estacionamiento, en los botes de basura, en las jardineras y hasta debajo de la ventanilla del Drive Thru. ¿Será la sirena verde de su logo la culpable?, ¿dará confort a las madres con sus aletas en forma de regazo?, ¿o es la falsa imagen de seguridad financiera de sus clientes la que alienta a las madres a dejar a sus crías a la suerte de hombres y mujeres con sus sombreros sobre sus cabezas y sus computadoras portátiles bajo sus brazos?

Así que aquí estoy, con más de treinta días en este puesto y dos niños colocados en albergues, más uno que en ningún lugar me lo aceptan, que porque está muy feo y muy desgreñado.
Ahora tengo una sucursal a mi cargo y un niño feo. Y realmente no sé qué hacer.

¿Cuánto cuesta un litro de leche?, ¿qué tipo de lácteo debo comprar?, ¿qué voy a hacer con este chamaco?

Porque siendo sincera, no creo que yo deba dejar de salir en mis días libres, o dejar a un lado mis gustitos, que ya son caros para una persona, para comenzar a gastar en pediatras y pañales, para un infante al que nada le debo y que, seguramente, me va a frenar en mi vida.

Ya lo pensé bien. Y creo que mis pensamientos han sido demasiado crueles y egoístas. El niño no tiene la culpa, por más feo que este. Así que mañana muy temprano, antes de abrir la sucursal, lo dejaré bajo el letrero del Dunkin’ Donuts…, ellos sí sabrán qué hacer.

¿Quién se queda el Starbucks?


Quédate el gato, que nunca lo quise,

me llevo a mis tías que no te quisieron,

toma las copas de nuestro quinto aniversario,

yo me quedaré la almohada que dice «Tquiero».

Quédate con la misa de domingos,

yo iré por las tardes de los sábados.

Para ti, los cines en miércoles,

para mí, los bares de lunes.

Aprópiate las noches de juegos de jueves,

y haz lo que quieras los martes y viernes.

Ve a misa los sábados o bebe los lunes,

pero no te presentes en Starbucks jamás.

Toma en tus manos la ciudad,

quédate todos los cuartos de hotel,

rompe el cronograma,

mata la rutina que nos mató,

quédate todo lo que vos querás.

pero deja para mí el Starbucks por favor.

No te acerques nunca jamás,

es mío, por Dios, solo mío ese lugar.

no llegues a pedir ni para llevar,

que Starbucks es mío por derecho de antiguedad.