«Te amo»


En el último momento del día,
en el postrer esfuerzo
que me demandas.

Derrotada. En el piso
por enésima vez
en la jornada,
a punto de perder
la batalla.

Pero me abrazas.
Algo se enciende
en tu mente
y te me abalanzas,
haciendo el sonido
de siempre:
—Uhhhh, mama.

—Sí, te amo
—digo, como siempre,
conquistada.

—… a-mo.

(¿¡!?)
Las campanas de la vida
suenan en cascada.

—Te amo.
—A-mo.

Tu carita de triunfo
ante la nueva palabra.

Yo, a punto de estallar
en lágrimas.

—Te amo.
Te… a-mo.

Ponerle un vocablo
al sentimiento
transmitido,
percibido
desde el vientre,
desde mi alma
hasta tu alma.

Tu cabezota
adorada
que se recarga
en mi hombro,
abandonada.

Tu voz diminuta
en mi oído
diciendo esas palabras.

—Te amo.

Victoria personal,
transmisión de amor
y enseñanza;
hay personas
que jamás aprenden
a decir esas palabras.

Te amo


Te amo.

Pero no de la clase de «te amo, quiero estar contigo» sino de ese «te amo, y estoy bien así». Tampoco es el «te amo» de antes, es uno nuevo. Uno que no te busca, ni pretende encontrarte.

Un «te amo» tímido y sin pasión pero lleno de compasión. Quizás sea un «te amo» incompleto. Sin sabor pero condimentado de recuerdos.

Tal vez sea un «te amo» mentiroso porque el verbo amar debe estar acompañado de una acción.

Sin nostalgia ni tristezas, podría ser un «te amo» casi como un «te quiero», casi como un «te aprecio», casi como un «te cuido», casi como un «no te amo, solo que no te olvido».

O probablemente sea un «te amé».