Hace días


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Foto: ahuanda

Hace días que la lluvia

me trae el olor del cielo

el pueblo es como una casa de techo bajo

que me deja tocar las estrellas.

A menudo

—muy a menudo—

alguien surca el cielo

sembrándolo de nubes

que se comen el brillo de la luna.

Hace días

que un manto de aquellas nubes

grises y negras

escupe lluvia sin cesar

y truenos y relámpagos.

Hace días que la lluvia

me trae el olor del cielo

porque aquí donde yo estoy

el techo es un mar de luces

artificiales y cegadoras

casi eternas

sin olor y sin música de estrellas

y sin mueca de luna.

Hace días que huelo a cielo

a través de la lluvia.

La regla de Patricia


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por Reynaldo R. Alegría

Patricia tiene reglas.

Anoche fui al cine con Patricia y vimos unas de esas películas cómicas con enseñanza.  Entre copitas plásticas de vino y las carcajadas mías que no puedo manejar, por las cuales en ocasiones me regañan mis hijos cuando vamos juntos al cine, ella me comunicó algunas de sus reglas.

Y aunque cuando nos comimos algo de pie en la cocina de la casa me comunicó su fundamental regla de los dos minutos (si un alimento se te cae de las manos y está menos de dos minutos en el piso te lo puedes comer y no te hará daño), la más interesante de todas fue la regla de la primera cita y la mirada al techo.

Al despedirse de su primera cita con un fascinante hombre de muy baja estatura la deliciosa argentina de la película entraba a su habitación… entonces Patricia me dijo con gran autoridad: si se acuesta en la cama mirando el techo fue que le gustó.  Ya he dicho que Patricia tiene reglas.  Y esta es una.  Si después de tu primera cita te acuestas en tu cama mirando al techo y meditas con la vista fija puesta sobre él, es que ese hombre te gustó.

De más está decir que en segundos, la argentina se recostó boca arriba en su cama y una amplia sonrisa se le dibujó en el rostro a ella… y a Patricia.

— ¡Le gustó!

Bien mirado, y a partir de aquí ya todo es mi interpretación, esta regla resuelve uno de los más grandes enigmas de las relaciones interpersonales.  De ser cierto, y al menos para Patricia lo es, la historia nunca está escrita.  Ese gesto de mirar al cielo raso, liso como la seda, libre de estorbos, es el que brinda la oportunidad de escribir una nueva historia.  Como cada domingo cuando me siento a escribir estas notas en un papel limpio y sin manchas.

Cuando Patricia mira al techo está en busca de la construcción de una historia.  Le pide al papel limpio que le cuente un cuento.  Y entonces cierra los ojos.  Y eso es bueno.  Como bueno es haber encontrado el corcho de la botella del albariño que nos tomamos anoche.  Otra regla de Patricia, el primer corcho siempre se guarda.

Mientras tanto me pregunto si anoche ella se habrá quedado mirando al techo.

Foto: Sleeping Woman by P.A. Renoir [Public domain], via Wikimedia Commons