Caos nuestro


En medio del caos
el silencio abraza primero.

Entender el desorden
es tirar de un tendón
y adivinar el paso,
como marioneta
en tus propios dedos.

Comprenderlo sería
suspirar nubes multiformes
y que en la expiración
procesionen hasta la boca,
de nuevo.

Entonces,
si llega,
llámame.

Dime caos
y abrázame.

Seamos marionetas
escupiendo masas de aire
sobre nuestras cabezas.

Encontrarán el camino a casa:
caos nuestro completo de silencio.

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Día siguiente


Mañana
es el lazo
que hoy atas a tu pie derecho.
Con él
quieres anudar
los ciento volando
y cualquier escalada
a esta parte del plano terrenal
inclinado,
apuntando al infinito.

Mañana
vive con la esperanza
de la armonía armada,
de la felicidad cosechada,
de la tormenta perfecta,
de la explosión solar.

Mañana,
día siguiente,
de un hoy urdidor.

Y si el alba raya


Salva tu impulso.
El viento natural sopla.
Te ayudará al atardecer.
Levanta tus fuerzas.
El fuerte oleaje choca,
la gaviota atraviesa la luna.
Te empujarán ambos al anochecer.
Enciende tu llama.
El resplandor y el alba rayan.
Línea continua infinita.
Rompe el día.
No se apaga,
pues te salvas
y te levantas.
Hasta que el alba
raye tu llama.

Me toco los ojos


Me toco los ojos.
Ellos son conscientes de mí,
pero no de lo que ven,
ni de la fuerza empleada
por ese sentimiento purpúreo
al salir,
a través,
de ellos.
Me toco los ojos.
Mis dedos le contagian
una palpitación abismal.
Provocando un compás
diferente a mi corazón.
Estoy escuchando
cómo calla la madrugada
y cómo ese silencio es sábana
de estos dos faros míos.
Ambos están lejos
del mar
—y de la tierra.
Me toco los ojos
y el sueño
vuelve
a mí.

Mi torre de piedras


He montado mi torre,
de piedras diferentes,
con las doctrinas
que vinieron curiosas
hasta mis preguntas.
Vértigo tiene lo verdadero
cuando resuenan agudos
los problemas.
Y varias preguntas
actúan de paracaídas
ante el salto.
Al que se unen
partes escépticas,
partes empíricas,
partes racionalistas,
partes realistas,
y partes idealistas.
Se niegan a ser
elementos sin experimentar
esa sensación, allí mismo.
Dejándose engañar por ella.
Se niegan a ser
pedazos de asimilaciones
individuales
que sólo yo conozco.
Y saltan.
Saltan antes
de que pueda colocar
otro elemento.
Antes de que se complementen
en cada hueco.
Provocan el temblor
y se descompone mi torreón
al siguiente movimiento.
Antes de que escoja
la siguiente piedra.

En la puerta o en el portal


Perseguí cada una

de las pistas

que dejamos

en tinta invisible

en cada lugar visitado.

Todas me conducían

a un abismo.

Lleno de curvas

tentadoras.

A mi izquierda,

Paolo y Francesca,

daban la bienvenida.

Miraba el jardín

repleto de flores

del mal.

Todas a punto

de germinar

y aumentar

el goce visual.

¿Seduce el deleite

de la vida

cuando se abre la puerta

y se presenta así

la bestialidad?

Me quedaré en el portal.