Caos nuestro


En medio del caos
el silencio abraza primero.

Entender el desorden
es tirar de un tendón
y adivinar el paso,
como marioneta
en tus propios dedos.

Comprenderlo sería
suspirar nubes multiformes
y que en la expiración
procesionen hasta la boca,
de nuevo.

Entonces,
si llega,
llámame.

Dime caos
y abrázame.

Seamos marionetas
escupiendo masas de aire
sobre nuestras cabezas.

Encontrarán el camino a casa:
caos nuestro completo de silencio.

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Tiempo bueno…


Tiempo de caricias tácitas,
de alegrías puras,
de tristezas elocuentes.
Tiempo de calma: conjuro supremo de exquisitas pasiones.

Tiempo solo, tiempo de amor, tiempo de alegría.
Tiempo tuyo y mío, tiempo de nuestro amor.
Tiempo en el que nuestras vidas se congregan
y despejan el misterio diario del amor.

Tiempo en el que nuestros cuerpos se congregan
e incesantes sucumben beligerantes y desliados
en la pasión y la lujuria.

Tiempo único, paso ligero y fantástico de nuestras vidas.
Tiempo mismo, el tuyo, el mío.
Tiempo bueno, el de este exquisito amor.

Todavía no


Se cansa de vivir. Apaga el reloj despertador que en los últimos diez años ha sido su única compañía. Se acuesta en la cama. Cabecea. Divaga. Duerme. Llega la muerte. Lo contempla. Acaricia su cuerpo. Reconecta la alarma y desaparece.

Temporal adentro


A veces,
pasan los años
y no nos damos cuenta
de cuántos días hemos contado
pasando,
mientras tanto.
Vino la lluvia
y aún me sentía
de la misma forma.
Vino la lluvia
como siempre viene.
Hay personas,
años y lluvias
destinadas a provocarte
el mismo sentimiento.
La lluvia de aquel día,
los años que pasaron
y tú,
siempre venís a mi encuentro:
temporal adentro.

Ante su calidez


Me abraza el frío
y el gris extendido
en el día de hoy.
Unos golpes continuos
en el techo, me avisan
de que el piso de arriba
ha despertado.
Se cuela por mi ventana
el olor a café y a tostadas.
Maldigo al fuego
que las quemó, abrasándolas.
Dibujo una línea única
que me une al día de ayer
y a la mezcla de aromas que poseen
las sensaciones infantiles de mi nariz.
Cuando otras manos
hacían alquimia conmigo,
al conseguir la combinación exacta.
La que esclaviza mi suspiro.
La que libera al sol,
de algunas nubes,
para que pueda salir.
Y me abrace
poniéndome en libertad
ante su calidez.

Pentágono


Suenan las campanas del receso. Los adultos salen a jugar a que no son de carne y hueso, haciendo malabares se dedican al consumo de los males cotidianos mientras charlan sobre el sube y baja de las bondades que desean perseguir. Mientras las oficinas se vacían, los cafés y restaurantes se llenan de “buena vida”, esa en la que llueven hojas verdes y artificiales. Los hombres aspiran deseos carnales por expectativas audiovisuales de mentira y las mujeres suspiran por caballeros de sangre colorada, pieles plateadas y valores de fantasía.

Luces de neón en pleno día, brillando sobre los trabajadores que no están acostumbrados a la luz en el cielo, son unos topos que trabajan de sol a sol pero nunca bajo la iluminación del mismo. El techo les mantiene el pensamiento “raso” y sencillo,  están condicionados a mente cerrada y no ven más allá de lo literal y uniforme. Una sociedad de individuos conformes que marchan cada día con el clandestino propósito de repetir la misma historia del ayer. Caminando de frente sin ver a los lados ni ser errantes; los nuevos que fallan se van al matadero o mínimo se llevan un castigo severo. Nos equivocamos para aprender – La nueva crítica no lo procesa, si una vida se equivoca el mundo la rechaza.

Juegan a las apuestas, ¿qué carrera en el mundo académico es más complicada?¿acaso los retos del conocimiento están sujetos a una sola forma de entendimiento? Estallan conflictos, las inteligencias variadas que representan no quieren coexistir en un mismo punto; colisionan. No se cansan de jugar a las disputas de poder. Forman entre todos un pentágono, cubriendo una estrella de David que simboliza el hechizo que divide a los adultos de los niños, haciéndolos creer que son una conciencia separada, evolucionada.

Todos los días durante 9 horas precisas los adultos salen de casa y se ponen sus trajes de hojalata, pretender ser máquinas sin sentimientos, robots sin inteligencia artificial condicionados a canjear dinero por talento. Y al final del día vuelven a su estado natural, pero están tan alterados que ya no saben a qué mundo pertenecen. ¿Son robots o seres de carne y hueso?

Ayer te vi


Ayer te vi en forma de poema.

Ibas con tu madre del brazo azul.

Ella frágil. Yo negro

entre los coches pasábamos

por la calle libertad.

No te quise decir nada –creo-

que por el mismo motivo que

fotografiamos flores.

La belleza y la tristeza

tienen más en común

que sus últimas letras –pensé.

Y el tiempo y la distancia es lo mismo

mientras los semáforos pasan

vosotras permanecéis

en el retrovisor  -eternas-

desapareciendo poco a poco

como estrellas al amanecer.

Elena           ,            Elena

Elena.