Alma mía


Tristezas y dolores,
alegrías y desazones,
ilusiones y desesperaciones,
desahogos y angustias,
impavidez y melancolía,
bohemia y ternura,
nostalgia y dulzura,
dulce pena: alma mía.

Conmoción


Sensación insolente
de tranquilidad.
Mi alma se encuentra
estrangulada en paciencia.
Mi ser recae en prolija cautela
y mi alma se conmueve en pasión.

Extravío mi cuerpo en decente lujuria,
pero atavío mi ser en un revuelo excelso
de inescrupulosa moral, de suicida decencia
y consigo deviene una impotente conmoción.

Me ciega la tristeza
y me impacienta la alegría.
Doy un paso
al amor
y ya he vuelto dos veces
del camino del dolor.

Conmoción concreta que me increpa.
Conmoción insolente, cúmulo de tenues pasiones.
Conmoción estúpida que siento y no entiendo.

Los cables cruzaron mi calle


La eternidad condicionada de una escalera mecánica, las baldosas resbaladizas de una limpieza apresurada. El ambiente denso, húmedo. De una mañana sin nombre.

Un despertar sin café, sin desayuno. La arepa, los huevos, el jugo, y la ropa sucia, desnudo. Ausentes.

Sin ajuste, una receta para perder la razón… sin haberla tenido en primer lugar. No tengo espacio para dudas porque yo no lo habilito, solo me siento en desdén, con todo el espacio del mundo pero sin poder llenar la alacena, una caída libre que yo no elegí tener cada mañana. Impuesta.

Una mañana sin fe, me lleva a suspirar sin aliento. Y aunque muchos lo lamenten, no es tristeza de un solo momento. Me mido, me controlo… Guardo silencio, pero implosiono.

Ayer te vi


Ayer te vi en forma de poema.

Ibas con tu madre del brazo azul.

Ella frágil. Yo negro

entre los coches pasábamos

por la calle libertad.

No te quise decir nada –creo-

que por el mismo motivo que

fotografiamos flores.

La belleza y la tristeza

tienen más en común

que sus últimas letras –pensé.

Y el tiempo y la distancia es lo mismo

mientras los semáforos pasan

vosotras permanecéis

en el retrovisor  -eternas-

desapareciendo poco a poco

como estrellas al amanecer.

Elena           ,            Elena

Elena.

La cuna mágica


Mientras ella inundaba su alma en lágrimas por la muerte de su recién nacido, en lugar de imitar a Noé ante el diluvio y construir el arca, Cristina decidió imaginar una cuna para mecer y arrullar por última vez a su lastimado corazón de madre.

Querida Frida


Frida

Querida Frida.
Las mañanas son menos luces y los atardeceres más grises.
Las palabras tan secas y saber
que las golondrinas, algún día, no;
que yo algún día no.
Ahora te comprendo ¿Sabes?
Aquello del dolor que me decías
en tus letras futuras.
He despertado el domingo y seguía cayendo.
Y todo parece que Paracetamol y Diazepan y el mundo es una cama
de la que no quieres salir.
Frida.
Te extraño muchísimo. Aunque
Diego dice que acabará el fresco el día 20.
No te fíes de ese sapo.
La otra noche vi
que alguien había pintado en la pared y en el suelo
la silueta de una señal de STOP.
La única farola de la calle se enciende a las nueve ¿Sabes?
Y poco a poco
según cae la noche y los colores se apagan y solo queda
su luz naranja;
puedes ver cómo coinciden la sombra y el grafiti.
Así, quietos, durante toda la noche, como
dos amantes.

Mi alada de Coyoacán. Siempre tuyo.

Ausencia


Una vez pensé que las cosas eran simples, ahora sin embargo me tengo que alejar de tu olor y tu piel y no sé realmente por qué.

Mientras encadeno cigarrillos negros me refugio en mil versiones distintas de “Air” de Bach, recuerdo que fue la música que utilicé en mi boda, aunque no sé con quién lo hice, eso de casarme digo. Desde luego no era tu piel. A mí eso de estremecerse con el tacto no es que me pase a menudo. No eras tú.

Mi madre juega desdeñosamente al parchís con alguien que le hace compañía en la mesa de la cocina.

Los acordes y mis lágrimas caminan unidos… fragmento de pérdida. Y no es que no te quiera. Y no es que no me quieras. Tal vez solo sea que no queramos ser de esos que juegan calladamente al parchís cualquier aburrida tarde de días sin sentido.

Estoy cansado, acaso influya en mi melancolía, seguramente sea así. Y la tristeza tiene belleza. Pero el aire que inhalo ya no es tuyo y esa constante situación ahoga mi cuerpo. Pongo la música más alta, pero mi mente está gritando y no escucho sino tu ausencia. Sé que la nostalgia puede ser bella o acaso tan solo un poco autocomplaciente. Hace calor y sudo sin ti. Antes pensaba que la vida era sencilla.