Historia de un concierto fallido de cumpleaños


A quienes están

Y llegó el día.

Durante la semana se habían alineado

todos los planetas. El universo escribió

en el horizonte más cercano, con tinta

índigo. El día olía a tierra y agua.

El petricor caló las ropas y el cuerpo.

Era el momento de engrasar las botas,

vestir el cuero y saltar hasta la mañana.

Era el momento de la cerveza sobre la ropa

y la batería marcando el eco. Era el momento

de celebrar la música y que bailaran todas

las estrellas de la galaxia.

Pero ni su voz marcó el compás,

ni la niebla empañó el día de pizza italiana

con trufa y brindis de las copas de vino.

720


Foto de Benjamin Ellis, «Ambulance in Motion». (CC By 2.0)

El ulular de la sirena penetraba el viento, la velocidad del vehículo de terapia intensiva pulverizaba las frías gotas de lluvia que azotaban contra la recién encerada pintura blanca.

La escena era típica de una ciudad que poco a poco iba tomando un ritmo de vida acelerado; el tipo cayó al intentar abordar el bus en marcha y fue arrollado por un automóvil que rebasaba por la derecha. Cuando los paramédicos llegaron al lugar, la sangre derramada se diluía con el agua de lluvia que lavaba el asfalto y hacía un río de color tinto hasta perderse en la rejilla de la alcantarilla.

El sujeto se encontraba muy mal, ambos paramédicos se echaron una mirada que lo decía todo: «no lo logrará». Aun así, procedieron a hacer su rutina de primeros auxilios, notaron que difícilmente podía respirar debido a que las costillas rotas habían perforado los pulmones; lo movieron a la camilla. Antes de subir, preguntaron a la muchedumbre, que permanecía en corro alrededor de la escena del accidente, si había algún familiar o alguien que le conociese, pero nadie dijo nada, solo se escuchaban murmullos apagados por el chubasco que arreciaba.

El agua de lluvia le picaba los ojos, hacía un esfuerzo por fijar su vista, pero todo le daba vueltas como en un juego mecánico del parque de diversiones, intentó mover la mano derecha e inmediatamente sintió un aguijón en su costado. Por alguna extraña razón pensamientos referentes a las líneas del tiempo llegaron a su cabeza. Aunque estaba aturdido quiso pensar con claridad acerca de ello.

—Quédate quieto, empeorarás las cosas, no te muevas o dañarás más tus pulmones —le decía el paramédico.

Trató de entender aquellos sonidos, pero por algo que no sabía, escuchaba la voz como un disco en un tornamesa antiguo al que se le ha puesto una velocidad diferente a la indicada.  Advirtió que traía una mascarilla de oxígeno y de golpe recordó. No encontraba un taxi libre para trasladarse al auditorio en donde lo esperaban. Iba a participar en una conferencia acerca del tiempo-espacio.

Su teoría versaba acerca de las cuadrículas del tiempo, sí, era eso. De cómo el número de intersecciones de esas cuadrículas estaba determinado por el tiempo de vida: eran tantos cruces como personas, lugares y situaciones se presentaban a lo largo de la existencia. Entonces, cuando se evitaba un cruce, se desdibujaba todo el esquema de las cuadrículas provocando incidentes como el que ahora estaba viviendo.

En 720 universos, en donde el tiempo tenía el mismo número de denominaciones, estaban ocurriendo eventos muy parecidos.

En uno de los universos había un hombre que amaba a una hermosa mujer; a la que le procuraba amor, a la que entendía en todo momento, a quien comprendía en sus días de luz y aguardaba sereno en las noches de oscuridad.

En aquel otro universo habitaba un hombre que siempre fue paciente con su mujer; que no hablaba de más; que solo decía lo que tenía que decir cuando era prudente; era el niño que jugueteaba con sus manos; que besaba sus dedos siempre que podía; era aquel que masajeaba sus pies en una tarde de sábado sentados en el sofá; era quien le hacía reír con sus disparates hasta en el momento más romántico. Era quien le dejaba ser quien verdaderamente era, sin poses, sin modelos. Era aquel hombre que no cerraba los ojos durante la noche solo para verla dormir.

En otro universo era un hombre que disfrutaba pasar horas enteras sin hacer nada, solo conversando o tomando un café en algún establecimiento de la ciudad; quien siempre llevaba un libro en la mano y sentía que el mundo era pequeño a cada vuelta de página.

En este universo era quien en esa tarde lluviosa se había perdido en el laberinto de unos ojos claros, como un presagio, como un presentimiento de no volverlos a ver. Era, a final de cuentas, todo lo que ella había querido, todo lo que ella había imaginado, todo aquello por lo que lo había amado.

Estos hombres eran tan parecidos, pero cada uno existía en un universo y en una cuadrícula de tiempo diferentes.

Y todos se estaban muriendo.

—Apaga la sirena. Declarado muerto a las 19:41. No hay pulso. Dejó de respirar —dijo el paramédico las palabras como la línea de un guion.

Los organizadores del evento, cuando vieron que el conferencista no llegaba, hicieron ajustes para que se cubrieran los tiempos.

Aquel hombre, juntos con otros 719, en breves instantes se convirtieron en ausencia de vida, en relleno para una fosa común.

La ambulancia disminuyó la velocidad, la lluvia no dejaba de caer, era una tarde triste, con un tiempo demasiado triste para morir.

Divagaciones de una estrella


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Foto autorizada por Pixabay 10/9/2016

Nunca pensé tener el valor de tirarme al vacío desde tan alto. Era eso o morir quemado. Justo antes de tocar el suelo, un ángel tomó mi mano. Me cargó hasta el cielo. Confieso, no sentí dolor, solo paz. Aunque sí, estuve triste por separarme de mis seres queridos. Sé que nos volveremos a encontrar. Ahora soy una estrella en este hermoso e infinito universo. Ya no le temo a nada. Nunca he dejado de brillar desde ese inolvidable suceso del 11 de septiembre de 2001.

 

Amor borgiano


sam_s_celestial_universe___free_high_res_premade_by_somadjinn-d7aznk7Soy… tu dardo,
atípico,
cristal líquido poroso,
que se empapa de ti, de tu sudor,
prefiriendo saborear tus colindantes zonas,
antes de tirar al blanco.

Y tú… mi Aleph, indudablemente
el centro de mi universo.

Imagen sacada de Devian Art en http://somadjinn.deviantart.com/art/Sam-s-Celestial-Universe-Free-High-Res-Premade-441722887

La Concha del Nautilus


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Soy…
génesis
matemática
belleza logarítmica
de formas geométricas perfectas
represento el equilibrio entre los mares de números
sazonados por los misterios de la ciencia
del tiempo, y aunque no puedo
escribir este poema con
números, las palabras
son el instrumento
para honrar la
perfección de
la naturaleza
de la concha
más hermosa
del universo,
única,
como
tú y
yo

DouglasTe invito a entrar a este fabuloso blog de Douglas Moore http://moorezart.wordpress.com/  La imagen tiene todos los derechos reservados por el autor. El uso de esta pintura ha sido autorizado por el artista.

Copyright © 2014. Douglas MooreZart a.k.a. Moore. All Rights Reserved.

Entra a este breve video (solamente 6 minutos) y podrás descubrir la perfección de la Concha del Nautilus http://www.youtube.com/watch?v=foBuoZwa9Xs

Río de día, espacio de noche…


En el abrigo del día las palabras se van dejando solas en su abismo de silencio, se van uniendo y disipando. Sentado entre las ramas del desconcierto. Error siniestro el pensar en el paso del tiempo que se ha quedado atrás. Nada de lo que ya fue, es ni será, Nada es nuestro ser en completa exactitud, precisión universal. La palabra es guía y muro. Máscara de sabores extraños que no se detienen en su curso. ¿Completo o incompleto? Inacabado, imperfecto, casi maldito y condenado. Despierto aún en mi alma. No he estado sino abriéndome al universo que con su desgarradora injusticia ha mermado el espíritu del hombre. Ilusión de movimiento y perpetuidad de lo estático, de lo inamovible, inexpresable; manto que cubre nuestra soledad y nos dibuja una libertad inocua una posesión del mundo inexistente. Se nos escurren las palabras por las manos y el cuerpo se va quedando en su cadáver, esperando su muerte su tiempo, su último dolor y aliento, el último empuje de sabor amargo, necesario e inevitable. En el día el camino se disipa entre las ondas de calor que borran el camino todo se hace mente y, entonces, el alma se hace sombra y, la realidad, es nada menos que un significado inalcanzable.
El accidente se hace materia y tus labios son mi beso; beso de muerte en una fiesta de alegrías, beso de identidad de inevitabilidad, beso ahogado en millones de gritos históricos y la suavidad de las ruinas de aquel tiempo me roza la boca como lo hace el viento. La sangre se empuja por sí sola, el río no necesita más que de sí mismo para fluir perpetuo, inacabado, imperfecto, insaciable y desembocar en el mar, en otro estado, en otro ser. Somos pues, durante el día eternos andantes de pies descalzos, enlodados, mojados. La sombra se oscurece por las noches pero esa brillante opacidad descarna el ser, permite su dislocación, su viaje estelar; su revelación efímera. La noche disuelve todo en su furor intermitente, muestra el paso del tiempo desapareciendo algunas estrellas y creando otras nuevas. Supernovas continuas, ruptura del devenir pendular que oscila entre el ser y la nada. Umbral del salto, sueño posible del ser. La noche ilumina tan sólo lo necesario y el alma, entonces, distingue su brillo con el alma doble, con el alma oscura.