Echo de menos


Benjamín Recacha García

Foto: Benjamín Recacha García

Saciado de vacío.

A veces es como me siento.

Y entonces lo que más echo de menos

son las caricias y los besos.

Y las risas;

cómo echo de menos las risas.

Y los silencios compartidos.

Porque el estruendo del silencio en soledad

me perfora el alma.

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A una persona


Nos conocimos un verano,
hace más de tres años
y uno desde que te has matado.
Era una tarde larga y tenaz, de esas
que convierten en cazador al Mediterráneo.
Apenas eras un familiar lejano. Te sudaba la mano
que me estrechaste y tartamudeabas en el sofá.
Parecías memo, un cateto. Ya ves,
no hay encuentro sin condena.

Un día me dijeron que habías muerto.
No había vuelto a pensar en ti
y fueron necesarias algunas preguntas
para asegurarme
que fueras tú, el finado.
Dijeron que te dejaste morir solo en el campo,
en una casa lejos del mar
y que del cuello te colgaban los zapatos.

No se explican qué pasó por tu cabeza
antes de ponerte la cazadora y despedirte de tu mujer,
conducir veinte kilómetros y aparcar bajo el madroño
para después entrar en la cabaña y encender el televisor.
Por las arrugas que dejaste en el sillón,
tuvo que pasar un rato antes de que hicieras café
—dejaste el vaso a medias en la cocina—
pasaras la cuerda por la viga y te subieras a la banqueta
para que el frío acudiera a tus pies.

Y solo eres real desde entonces, como si la longitud
de tus años anteriores no superase tu cuerpo alargado.
Y pienso ahora en nuestro apretón de manos,
en tu sudor recorriéndolas,
y cómo el vacío era más importante
que el aire que llevabas dentro.

Miembro fantasma


dicen los soldados

que han perdido un brazo o una pierna

que todavía pasados muchos años

les duele

les pica

incluso sienten cómo se mueven

sus dedos

o los rayos del sol

en la piel

hasta hay veces que notan

cómo se posa alguna mosca molesta

en ese yo ausente

así, de esta manera, es cierto

que pueden vivir

sin él o sin ella

pero también es cierto

que no hay día, hora, minuto que no se acuerden

de ellos

—aunque sea de una manera inconsciente—

siempre

imagino que a esta altura de poema

ya sabrás

que no te estoy hablando de soldados

Ante el vacío


Abandoned Architecture Old Empty Wall Building

Fuente: Max Pixel

Se aproxima el instante,
se acerca el momento.
Que no es precipicio,
tampoco es tormento.

Buscando el silencio
se encuentra ese muro,
derribarlo ya quiere,
un deseo tan puro.

Tras esa pared
el vacío amenaza,
agujero inminente,
el hueco atenaza.

El miedo a la nada
impugna el sentir,
el pavor al vacío
le impide insistir.


© Fabio Descalzi, 2017.

Lo abandonó en el mes del amor…


A pesar de estar perdido por largas noches en el desierto aún respiraba. Marcos nunca encontró el oasis. Lucía delgado, harapiento, desconsolado. Sus labios en carne viva por saciar su hambre sangraban bajo la imponente superluna. Vagaba aturdido entre las noches sin horizonte. Estaba tan vacío que solo las migajas de su silencio lograron llenarlo.

Naoko


El despertar es la hora más dura del día. No me gusta despertar, prefiero quedarme sumido en un plácido sueño. Son las 6 de la mañana y en esta época del año la oscuridad es total y la rutina agobiante. Dos tostadas, zumo, metro, oficina, comer cualquier cosa, más oficina, metro, cenar y acostarme. Desvivo en Nagoya, una ciudad triste todo el año, la nube de smog y el ruido son continuos y muchas veces siento que me pierdo en esa neblina sonora, que soy un autómata en medio de la bruma.

Sueño con Naoko. No la conozco, pero todas mis noches paseamos juntos por jardines de cerezos, casi siempre en silencio y alguna vez nos cogemos tímidamente de la mano. Naoko dice que está doblada y que le ayudo a ponerse recta, por lo menos en sueños hago algo útil. Tal vez sea un motivo por lo que me cuesta despertar… no sé.

Este sábado he ido a la piscina del barrio. Me gusta nadar, en el agua se aligera el peso de vacío que me oprime. Me ha resultado extraño, pero todas las muchachas tenían la mirada melancólica de Naoko. Me he atrevido a hablar con una de ellas, se llama Midori y trabaja en el centro comercial de Kamimaezu. Es bonita y me cuenta que le gusta oír a los Beatles mientras camina por la playa, es solo un detalle, la chica es muy expresiva. Yo le he dejado hablar, soy muy aburrido y no quiero que lo sepa. Todavía no me explico cómo hemos quedado la próxima semana para tomar un café. Supongo que habrá sido ella y yo, sencillamente, habré asentido.

Ha llegado el día y tengo el pulso un tanto acelerado. La espero dando vueltas a ideas desordenadas, verla entrar con sonrisa desenfadada en la cafetería me tranquiliza. Midori, cree que soy interesante porque callo y escucho. La realidad es que tengo poco que decir. Me ha propuesto que nos volvamos a ver. Tendré que improvisar algunas palabras, tiempo atrás fui un conversador aceptable y la mudez es una trampa que se descubre.

Esta noche Naoko me ha sonreído dulcemente y me ha dicho que se tiene que ir… quizá intuya que tengo una amiga despierto.

Untitled No. 21


Siento la necesidad de correrme

sobre la poesía de tu cuerpo,

tus labios (vaginales) que me cuentan de Safo

y el gastado camino de tu cintura,

tus tetas como montañas, montañas de miel, y

yo soy un colonizador,

voy a sumergirme en el mar de tus fluidos púrpuras

 

Sos mía esta noche, las estrellas te miran y te envidian

porque sos mía

esta noche

todo es posible

esta noche

somos etéreos

nuestros corazones bombean sangre + adrenalina

 

Un círculo de saliva nos rodea

y en el medio de la noche

te nombro

Reina, Diosa

de la naturaleza

 

No voy a recordarte mañana

pero esta noche

somos uno, un cuerpo, un alma,

pagana comunión del espíritu

 

Pero para cuando el sol salga

vas a ser otro vacío recuerdo

en la nostalgia de la nada