¡Conseguí empleo!


Entra al cuarto. Observa con deseo mi virginidad. Soy el manjar más apetitoso para la duquesa. Sin terminar de quitarme la ropa empieza a chuparme. Se desespera. Pretende arrancarme las entrañas. Intento gritar. El mar de saliva me ahoga. Sudo. Succiona tan fuerte que se atraganta con mi jugosa pulpa. Escupe el líquido viscoso con rabia. Sobrevivo satisfecho. Apruebo mi examen de ingreso. ¡Eureka! Ya soy empleado del prostíbulo más famoso de la comarca.

El sádico


Al verte desnuda,
esbelta,
fría y pálida
me enloqueces.

Es increíble que al tocarte
con mi flama,
enciendas tu piel
y vibres.

Esquivas mis ojos
cuando me deleito
con tu figura.

No entiendo por qué
tus hirvientes lágrimas
se escurren a toda prisa
moldeando tu vientre.

Sé que esperaste con paciencia,
derrites tu carnosa virginidad
ante mi virilidad implacable.

No quiero que este momento se acabe,
que desaparezcas como las otras,
estoy harto de tantas mujeres-velas,
prefiero interrumpir por hoy esta venganza.

Es mejor apagarte
y me dures al menos otro día.

Feliz cumpleaños abuela Katty


0008244201K-1280x1920Katty perdió su virginidad a los quince años. Aunque era lo que ella había soñado desde que conoció a su príncipe, no dejaba de llorar. Había extraviado una de las zapatillas doradas de ballet en el apartamento de Reynaldo. Estas zapatillas fueron un regalo de su madrasta. No eran mágicas, pero fueron las que utilizó en su debut como bailarina hace un año en el musical Cinderella. Jamás este joven de veintisiete años, candidato a doctor en sicología, le devolvió la zapatilla.

Sus lágrimas fueron más de quince. Y dejaron en Katty, un sabor a veneno. Todavía busca el antídoto.

La imagen está debidamente registrada y autorizada por Photl.com.

Normando es virgen


Gutenberg_Bible

por Reynaldo R. Alegría

Normando nació raro.  Entre el alcoholismo de su padre y la idiotez de su madre, nunca tuvo una alternativa humana a quien admirar hasta que llegó a la universidad.  Criado en la Iglesia Bautista de su barrio, entre el dogma intenso que se autoimponía y que operaba como muro de contención y la práctica de la percusión en el famoso coro de la iglesia, pues no se le dio ningún otro talento de cuerdas o vientos, se crió raro.

Era inteligente, pero inculto.  Adolecía de modales en la mesa y en la polémica.  En una casa donde nadie se hablaba, se acostumbró a vivir solo.  En su habitación.  Condenando su hermano como pecador, porque salía con amigos y al cine y porque tomaba alcohol y porque tenía una novia que se ponía faldas cortas.  Se dedicó a estudiar la Biblia.  En la Escuela Bíblica de la iglesia.  Y en su casa.  Considerándose a sí mismo maestro de la hermenéutica y la inerrancia, nunca le dio a ningún texto ninguna interpretación que no fuera la más clara, la más obvia y la más natural que pudiera surgir de la sola lectura de las palabras.

Desde joven comenzó una práctica recomendada por un pastor, de marcar en los textos aquellas palabras que no entendía y correr a un diccionario en busca de la definición.  Entonces, anotaba en una libreta la palabra y su definición y buscaba la manera de incorporarla a su hablar diario y corriente.

—La dipsomanía de mi padre, la intríngulis de esta sociedad y su ludibrio plantean un calígino panorama de carpanta.  Anatema de esta inmarcesible conspiración de la idiotez —decía Normando.

— Es tan inteligente ese muchacho, que no se le entiende lo que dice, solía decir su mamá.

En la Universidad, Normando fue discípulo del ya viejo Profesor Don Pablo Viscasillas, quien había tenido el honor, como decía todos los días, de ser estudiante del famoso profesor Louis Althusser.  Allí, se aprendió de memoria dos cosas: la historia de cómo Althusser estranguló a su esposa Hélène y fue declarado inocente por inimputable, y la primera línea del Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte:

Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. 

Aunque nunca le prestó mucha atención a la segunda línea escrita por Marx:

Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa. 

Se casó con la hermosa, sandunguera, deliciosa y apetitosa hija del pastor mulato de la iglesia.  Una mujer blanca, de ojos verdes, pelo duro –muy duro– y cuerpo voluptuoso.  Y vivieron juntos algún tiempo.  Y ella lo acompañó a sus misiones y viajes de estudios, mientras aspiraba a convertirse y trataba de repetirse en el viejo Profesor Viscasillas.  Un día, diez años después de casados y tras soñar por tres noches consecutivas que la había estrangulado, optó por el divorcio.

A los tres meses se casó con su secretaria.

No supe de él por muchos años hasta que me encontré con su primera esposa.

—Nunca me tocó.

—¿Pero… cómo?

—Y lo intenté todo.  Pero decía que, conforme ordena la Biblia, el sexo era para reproducirse y él que no quería tener hijos.

—¿Y entonces?

—Entonces nos divorciamos… y se casó con su secretaria.  Y seguimos siendo amigas.

—¿Y entonces?

—Pues… es virgen, sigue siendo virgen.

Foto: A vellum copy of the Gutenberg Bible owned by the U.S. Library of Congress

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Confesiones de un Hombre-Candado


1292_wpm_hiresOtras intentaron entrar
y no lo lograron,
Sabes, te crees la elegida
Pobres de las engreídas,
de ellas será el reino de la soledad

Me coqueteas
en espera que ceda
a tu metálica sonrisa,
casi vampiresa

Te confieso que
tiemblo al verte brillar
y soltar los destellos
de tu seductora mueca

Debo ser fuerte,
no puedo consentir
¿Por qué aceptar que
eres la única para
abrir el portal de mis sentimientos?

Eres tan fría, indiferente,
artificial, insolente,
me lastimas hasta con tu mudez

Temo que me desnudes
y luego
te jactes de tu conquista

¿Qué debo hacer?
¿El destino podrá más
qué el saber que nunca
seré feliz contigo?

Ya estás demasiado cerca
de mis secretos,
y el hueco sigue abierto
en espera que lo habites,
sin esperanzas de evitar
la embestida

Grito,
pero nadie me escucha,
¡Hasta Dios se ha quedado sordo!
irrumpes en mi espacio
más íntimo descaradamente
y rompes
todos los pliegues vírgenes
de mi orgullo

Ya parece demasiado tarde
para pedir que salgas,
el placer ha podido más
que mi dignidad.

Imagen debidamente autorizada y registrada, obtenida de Free Stock Photos.b,2